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Resistir sin que se les vaya la olla

lunes 25 de enero de 2021, 08:37h

La Resistencia Balear pierde fuelle conforme más se acerca o más se la identifica con Vox. La gente sensata rehuye de los extremismos y del populismo, sobre todo cuando estos lo único que hacen es soplar la llama del descontento para avivar el incendio. Y si se descontrola mucho mejor, que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Las razones para salir a la calle a protestar las entiende todo el mundo y es imposible no empatizar con aquellos empresarios y trabajadores afectados por la prohibición de abrir sus negocios y llevar a cabo su actividad ordinaria, ya sean bares, discotecas o gimnasios. Lo que ya no es tan fácil de comprender, por mucha desesperación que se tenga, es ese tono chulesco y perdonavidas de quien va vetando a medios de comunicación (curiosamente los que usan comúnmente el catalán, ¡mira por dónde!), promoviendo boicots a los demás medios que no les bailan el agua con el nivel de entrega que ellos exigen, desafiando las prohibiciones de la Delegación del Gobierno con consciente desprecio a la Ley y por último, lanzando ultimatums al Govern imposibles de cumplir porque en las actuales circunstancias de descontrol de la pandemia y con el sistema sanitario al borde del colapso, permitir que se abran al público los establecimientos parece suicida.

Tras este desquiciado comportamiento parece estar la mano de Vox, que pretende sacar tajada política de la dramática y ruinosa situación por la que atraviesa el sector de la hostelería y la restauración. La propuesta-trampa lanzada por Jorge Campos al PP de Biel Company para presentar una moción de censura sin la menor posibilidad de éxito, lo dice todo. Aún más cuando dicha celada surge tras la protesta del pasado viernes, a la que el líder de Actua-Vox en Balears asistió con toda su cohorte, señal inequívoca de que tiene simpatía con los organizadores, por más que su causa le importe poco o solo coyunturalmente mientras le sirva para sus objetivos políticos.

Del mismo modo que Unidas Podemos pretendía —y logró, hay que reconocerlo— capitalizar el descontento por la crisis económica sufrida entre 2008 y 2014, ahora Vox intenta hacer lo mismo. En verdad lo intentan todos los partidos de la oposición, pero los populistas de la derecha radical que capitanea Santiago Abascal, están mimetizados con aquel Podemos asilvestrado que disfrutaba sacando a los descontentos a la calle y azuzando su desesperación sin proponer ninguna medida realista y factible pues con la demagogia y el populismo les bastaba. Por poner sólo un ejemplo, citaremos el caso del aumento del recibo de la luz, denunciado sonoramente cuando gobernaba Mariano Rajoy y sobre el que no hay soluciones ni respuestas cuando quienes gobiernan son ellos.

La situación es grave y compleja, no solamente en España sino en toda Europa. La gestión que se está haciendo de la crisis es, para muchos ciudadanos, errática y perturbadora. Y en este clima de desánimo colectivo, la derecha radical populista que encarna Vox, arrima el ascua a su sardina sin importarle nada más que acrecentar el pesimismo y desgastar aún más al Gobierno central y también al Govern balear. Pero La Resistencia, que se arroga una representatividad que no acredita, incluso por encima de las patronales que integran la Mesa de Diálogo Social, no debería prestarse a hacerle el caldo gordo a Vox, sino que debiera centrarse en buscar soluciones a sus problemas: más ayudas para los negocios cerrados por culpa del Covid-19.

Esta nueva plataforma que agrupa a empresarios de la restauración de Palma, comenzaron con un amplio respaldo social a sus comprensibles demandas, pero el éxito en las dos movilizaciones convocadas parece estar haciéndoles perder el norte y con él, el apoyo de la ciudadanía. Justo lo que quería el Govern. Conviene que no se les vaya la olla.

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