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Semana Santa

miércoles 08 de abril de 2020, 04:00h

El pasado domingo, día 5 de abril del 2020, la Iglesia Católica celebró la festividad del Domingo de Ramos, puerta de entrada a la denominada Semana Santa, fecha clave dentro del calendario ritual establecido por la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana con sede en la ciudad del Vaticano, pequeño estado ubicado en la conurbación romana. La liturgia -como pieza fundamental del engranaje eclesiástico, así como sucede en el resto de las religiones habidas y por haber- ejerce de palo de pajar de la solemnidad ceremonial. A beneficio de inventario les comento y confieso que a mi, personalmente, siempre me ha complacido observar los actos litúrgicos, sean los del credo que sean. Soy un acérrimo defensor de lo ceremonial hasta el punto que, en determinadas celebraciones, me resulta difícil no soltar algún que otro sollozo de emoción poco contenida. La liturgia, eso sí, se sostiene sobre actos concretos, narrados o inventados -vaya usted a saber- y basados en escrituras ancestrales. Aún en el caso de que los textos fueran idealizados también tendrían su mérito, sobre todo desde el punta de vista histórico o, si me apuran, arqueológico.

En el caso que nos ocupa, cuentan los Evangelios del Nuevo Testamento que Jesús de Nazaret -montado en un borrico- realizó su entrada triunfal en Jerusalén mientras que la gente, enfervorizada, alfombraba su camino con pequeñas palmas y ramos de olivo. Si non é vero é ben trobatto... De ahí a la tradición sólo hay un paso; el valor de la bonita usanza consiste en haber sabido mantenerla durante algo más de un par de milenios, que pronto está dicho. Por las mismas circunstancias que me siento atraído por la liturgia, también soy partidario de mantener las tradiciones, vengan de donde vengan. Lo que, en todo caso me irrita enormemente es el traslado invasor de las tradiciones, con trasfondo religioso o laico, fundamentalmente, aquellas que provienen de territorios dominantes o -dicho de otra manera- directamente imperialistas. En ello son básicamente especialistas los yanquis, gente mayoritariamente tendenciosos a exportar (con agresividad comercial y grandes dosis de control y falsa globalización) sus “tradiciones” de última hora. Puedo llegar a admirar sus costumbres; lo que me pone de los nervios es que sus leyendas -por un consumismo atroz y asaltante- nos sean impuestas al resto del planeta uniformizando, así, de este modo, un mundo en el que su diversidad deviene su riqueza más brillante. Oséase que, conmigo que no cuenten con arbolitos de Navidad, renos con trineos, Halloween's de pacotilla o viernes negros. A mi, señores, sigan dándome belenes, camellos, castañas o pequeños comercios.

Dicho lo dicho, están en su derecho de bautizarme, a lo gordo, como conservador; me da lo mismo que lo mismo me da. Por lo tanto, mi fe esté crecidita o sea casi nula, trato de festejar las fechas que marca mi historia personal y procuro disfrutarlas plenamente. Las religiosas también; claro está.

Todo esto viene a cuento por las curiosas y lamentables circunstancias, este año 2020, con las que atravesamos la Semana Santa. Sin vacaciones (para algunos, éste es el único sentido que tiene esta festividad), sin fieles en las iglesias, sin la belleza de las palmas y el repique de los palmones rebotados sobre el suelo, sin estrenar las ropas más elegantes... sin nada de nada. Calles desiertas en contraste con hospitales a rebosar de personal infectado por este maligno virus, muchos de ellos falleciendo sin sus seres queridos a su alrededor. Ninguna despedida de familiares y amigos en el doloroso trance del paso a la otra vida. Desolador.

Dedico una sentidas lagrimas a todos los que están sufriendo inmisericordiosamente; un máximo respeto a aquellos que nos han dejado; un abrazo amoroso a los que libran batalla cruda y diaria en hospitales y centros sanitarios; y a los que, con su esfuerzo constante nos cuidan y abastecen.

¡Por todos ellos!

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    196429 | Saz - 08/04/2020 @ 05:29:18 (GMT+1)
    Lei hace unas semanas otro artículo más sobre la pandemia que se titulaba "apología del miedo", y que decía... "Aterrorizados, somos pasto de ser personas individualistas, manejables, fáciles de convencer. Los impulsos que actúan en un ser humano como mecanismos de defensa parte de la necesidad de proteger un bien personal (...) El miedo se inculca, a través de nuestra cultura, como reflejo de nuestras imposibilidades o nuestras debilidades (...) nómbrame tus miedos y sabremos cómo vivirás (...) Siguen esa construcción social cultural intencionada, a los que han sido invitados a experimentar, para señalaros en su momento debido y después fabricar su antídoto: el caos o nosotros. El Big Data, las redes sociales y los medios de comunicación son la herramienta perfecta para disuadir o seducir al ciudadano (...) Nuestra cultura occidental nos ha enseñado a ser egoístas..." puede que algunos hayan pensado en el capitalismo moderno o en las sociedades libres y democráticas, al referirse a "cultura occidental", pero no es así., es algo mucho más anterior., el "bien personal" que proteger, es el Alma, y el "antidoto", el Cristianismo naciente poco antes de sumergirnos en la Edad Oscura. No obstante, nada se dice en los Evangelios de que lo más importante sea salvar casa cual su Alma, ni se pone precio a la indulgencia que denunció Lutero en siglo XVI. Y porque el Cristianismo va de otra cosa es por lo que el representante de Dios en la Tierra improvisó una "homilia-encíclica" este Lunes Santo en la que decía a sus fieles.. "La primera pregunta que nos hará Jesús en el juicio será: ¿Cómo te ha ido con los pobres?¿Les ha dado de comer?¿Les has visitado en la cárcel?¿Les has visto en el hospital?¿Has asistido a la viuda y al huérfano?Porque allí estaba yo (...) Defender a los pobres no es ser comunista, es el centro del Evangelio, hasta tal punto, que nosotros seremos juzgados sobre ello (...) No seremos juzgados por los viajes que hacemos o por nuestra relevancia social, sino por nuestra relación con los pobres... (No tiene desperdicio) Adiós y que les vaya bien el día del "juicio"

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