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Somos estúpidos

miércoles 11 de diciembre de 2019, 04:00h

Así nos considera, por extensión, el actor Bardem a todos aquellos que no rodeamos su yacusi, para aplaudir sus peroratas desde el púlpito de la progresía que tanto adora. Para Stalin, uno de los aparentes mentores de los Bardem, la estupidez era un vicio, no un defecto, a semejanza de la debilidad o la pereza. Parece ser que ese «vicio» se ha extendido como una plaga egipcia entre quienes no comulgamos con las ideas del actor y del resto de su familia. Para ellos, los progresistas de toda la vida, alcanzar el poder es una mera anécdota; lo trascendente ― siguiendo a otro mentor apreciado, aunque no leído, es decir, Maquiavelo ― es mantener el poder a cualquier precio. Y no abandonarlo, cueste lo que cueste. Y esta es la escena que estamos presenciando, ya no con sorpresa, sino con estupor.

Su alusión, supuestamente arrepentido, a que un insulto «ilegitimiza» conversación o discurso, es todo un símbolo de que, ellos, los progres están autorizados no solamente a incurrir en «vicio», sino a destrozar el lenguaje. Como lo están los señores diputados, con la presidente al estilo Menina, soltando una perogrullada antes de, presuntamente, asumir el cargo de diputado de un país al cual odian, cuando no desprecian. Y ello, empero no ser el suyo, sino el de acogida y a cuya ubre salarial se agarran con toda ansia. Si no chupan de ella, no tienen donde caerse muertos. Es realmente kafkiano que debamos soportar como la presidenta Menina no tiene inconveniente en aceptar que se asume la Constitución recordando a las 13 rosas, rojas, chequistas, por más señas. Y es que eso es lo que está en el ADN de esos nuestros ínclitos representantes; el Guerra civilista más radical. Por descontado que, sea Abascal quién le llame la atención a la Menina no solamente produce sonrisas sarcásticas sino caídas en «vicios» estridentes. También estamos ya acostumbrados a tales esperpentos; aquel que no está conmigo es un puto franquista, sin derecho alguno ni a respirar.

Los que sí tienen derecho a respirar y hasta a imponer un impuesto a todo aquel que se atreva a hacerlo, son los santos varones y «varonas» poseedores de la gran verdad, aunque esté sustentada en el mayor de los fraudes. Y ahora contemplaremos como un mangante con rostro de cemento, asumirá el compromiso real de acudir a una investidura, con la compañía, presumida, de unos votos que están hartos de decir que no son españoles, que no son respetuosos de la Constitución, que exigen que sus «presos políticos» y su libertad se incluyan en el pacto de investidura, que aquellas Vascongadas, también contengan Navarra, que el catalán sea de obligatorio uso en todo el territorio ibérico. Y, para cerrar la operación, que Valencia y Baleares figuren en algún punto del acuerdo como objetivo permitido del Anschluss catalanista. Eso y mucho más que no flota en la superficie, pero que se intuye; desmembración del poder judicial, de la caja de la seguridad social, de la política penitenciaria, del mercado, de la administración de justicia, de la seguridad pública, de la política emigratoria, o sea, un sinfín de requerimientos que deben concluir con una referéndum vinculante y separatista de Cataluña, al cual se añadirá el País Vasco y, posiblemente, esas nueve naciones que el impresentable Iceta ha dicho que ha contabilizado.

Tal teatro lo debemos aderezar con el cansino feminismo, ecologismo, anti machismo, globalización, destrucción del planeta, insultos al Rey, conferencias de asesinos etarras, violencia de género, xenofobia y otro montón de directrices emanadas de un poder superior, desconocido, escondido, que propicia que dirigentes políticos tan mediocres y analfabetos como Lastra o Rufián, se suban al carro del poder y, adquirido, lo conserven con uñas y dientes convirtiendo la ideología en una simple pancarta que se arroja al cubo de basura más próximo a Ferraz, la misma noche electoral. Entretanto, Greta se atemoriza ante los excesos que encantan a ese ser superior que está imponiendo un Nuevo Orden Mundial, en el cual no tienen cabida ni Clara de Asís, ni Teresa de Ávila, ni Brígida de Suecia, o el primer animalista Francisco de Asís, todo ellos serían absolutamente vetados en caso de solicitar exponer sus ideas ante algún COP o la Asamblea de Naciones Unidas, animosa solamente ante Gretas o Alices o las 13 rosas chequistas.

Y es que, ninguno de los rechazados es feligrés de la gran religión que se está imponiendo a la humanidad; Feminismo, Ecologismo, globalización, progresismo, relativismo, anticristianismo, anti-historicismo, anti-patriarcado y vegano, mucho vegano. Lo cual incluye el que se oculte la financiación ilegal de Podemos, sus sobresueldos, el cobro de comisiones ilegales y, una novedad desconocida hasta ahora, la denuncia laboral de una escolta. Todo ello, más cuanto nos pueda contar el abogado Calvete, ex podemita. «Se fuerte, Pablo».

Lo dicho, mientras el Rey debe actuar en el marco de la Constitución, asumiendo que Sánchez cuenta con los votos de los antimonárquicos, anti españolistas, anti constitucionalistas, los «estúpidos» españoles debemos asumir, pacientes, que este país se va al garete por culpa de un mentiroso ególatra y de un manso cobardón. Es el nuevo formato del marxismo del tercer grado, adorado por Stalin y aplicado al amanecer en la casa Ipátiev en Ekaterimburgo.

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