Desde el salón de casa, que es desde donde se pontifica con más placer, solemos concluir que Japón es un país civilizado porque allí los terremotos apenas causan problemas, mientras que algunos países de Centroamérica o del Norte de África son unas calamidades porque con seísmos la mitad de potentes tienen decenas de veces más afectados. Para situarnos: el terremoto seguido de un tsunami, que hace algo más de un año provocó 500 muertos en Chile, era de 8.8 en la escala Richter. El que en enero de 2010 causó más de 200 mil muertos en Haití era de escala 7.3. La tragedia japonesa la causó un terremoto de 8.9 grados, que en sí causó pocos daños pero que fue seguido de un devastador tsunami. Pero España vivió ayer un terremoto de escala 4.4, que es propiamente un seísmo pero que, según los expertos, jamás debió causar ni un muerto, ni una caída de un edificio. Sin embargo, las imágenes que llegan desde Lorca son perfectamente comparables con el país más bananero. En medio de la tragedia, nos queda la pregunta de para qué tenemos tantos servicios públicos, tantos estudios de impacto ambiental, tantos departamentos que avalan las calidades de las obras, si no somos capaces de controlar que no pase algo tan tremendo como lo de ayer.





