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SOS Restauración

lunes 30 de marzo de 2020, 04:00h

Lo más importante de esta crisis son las vidas humanas, y el objetivo de todos es reducir al máximo el número de víctimas y garantizar lo mejor posible la atención sanitaria a los que estén afectados por el maldito virus. Los restauradores, que aquí represento, hemos insistido, desde el primer momento, en la necesidad de quedarse en casa como la mejor manera de hacer frente a esta epidemia y nuestra colaboración y disciplina en el ordenamiento gubernamental ha sido inmediato y con espíritu colaborador.

No es este el momento, ni mucho menos de hacer reproches o críticas a la Administración con quien empatizamos y en general, compadecemos por la ingente responsabilidad y ardua labor que tienen por delante. De nuestra parte ponemos comprensión y nos ofrecemos a colaborar en lo necesario.

Es más, podríamos decir que, sorprendentemente, en esta ocasión, en especial el Gobierno de España y el de Baleares han sido capaces de reaccionar con celeridad en la búsqueda de soluciones rápidas para paliar la evidente hemorragia económica que estamos sufriendo y que podría desangran definitivamente a miles y miles de personas y por extensión a otros tantos trabajadores y familias.

De ahí nuestra responsabilidad ahora para empujar a la Administración a hacer el ajuste fino y completar las medidas de trazo grueso que inmediatamente se aprobaron. Porque de nada servirán las grandes apuestas gubernamentales si después no se baja al detalle especialmente en Baleares donde la economía se basa en un sector de servicios tremendamente estacional.

Sobre todo, las medidas sociales tienen que ampliarse y hacerse efectivas a una buena parte de la sociedad que parece haberse quedado en el fondo del saco y supone el mayor tejido emprendedor con el que habrá que contar en la salida del túnel de esta crisis. Me refiero a los autónomos y pequeños empresarios que necesitan respuestas rápidas a sus problemas inminentes con el pago de impuestos, especialmente municipales, a los que el Ayuntamiento de Palma, por ejemplo, no ha puesto remedio todavía.

Y por último, debemos de invitar a la clase política y funcionarial, en toda su extensión, a hacer un gran ejercicio de solidaridad con el resto de los miles y miles de ciudadanos que se van a tener que apretar el cinturón tanto que les va a costar respirar. La administración también tiene que estar sujeta a los Ertes, ya sea general o parcialmente, como ha propuesto el alcalde de Sóller, porque a nadie se le escapa que la situación actual de confinamiento y las órdenes dadas por el Gobierno han dejado a miles de funcionarios y políticos sin nada o poco que hacer, en el mejor de los casos. Seamos realistas y responsables todos. Desde los ayuntamientos más pequeños hasta la misma Corona, que no pasa tampoco por su mejor momento.

Nuestras propuestas tienen la intención de ayudar a los responsables políticos en la toma de decisiones para que esta crisis sanitaria, y las tomadas para evitar su propagación, sean lo más llevaderas posible por las empresas del sector de la restauración que se ha visto directamente afectado en un entorno básicamente estacional. Damos por sentado, en base al devenir de los acontecimientos, que la temporada está prácticamente perdida.

Por ello, carece de sentido que las autoridades competentes, exijan que una vez finalizados los Ertes, no puedan realizar despidos durante los siguientes seis meses. Es una medida del todo descabellada puesto que dentro de unos meses no tendrá ningún sentido tener en invierno las plantillas que hemos contratado en primavera en previsión a los meses de verano. Carece de toda lógica. Lo más sensato seria contemplar plazos más amplios para la contratación o en todo caso facilitar la reintegración de las plantillas en base a las necesidades del negocio.

No debemos olvidar de dónde venimos. La crisis del 2008 dejó secuelas en numerosos pequeños y medianos negocios de restauración que ahora parecían ver la luz al final del túnel. Mención a parte merece la zancadilla que de manera particular ha puesto recientemente el Ajuntament de Palma, primero con los horarios restrictivos en determinadas zonas como La Lonja, y hace unas pocas semanas, de manera general, con el intento de aniquilar las terrazas de la ciudad, con medidas estrambóticas como la retirada diaria del mobiliario o la imposición de sombrillas uniformes como única, brillantes y ingeniosa solución al incumplimiento de unos pocos de los cerramientos en espacio público. En fin, que no es poco lo que ya viene sufriendo el sector.

Necesitamos pues que de inmediato se proceda a la suspensión del pago de la cuota de autónomos, incluyendo a los societarios que en nuestro sector es lo general. Deberían de facilitarse al máximo la tramitación de los Ertes. Los procesos son complejos, y lo lógico, en estas circunstancias es que fueran ágiles, simplificando al máximo la burocracia que conllevan.

Necesitamos que se suspenda el pago a la Seguridad Social a aquellas empresas que milagrosamente pueden, bajo mínimos y con un hilo de vida, mantener cierta actividad, así como bonificaciones del 50% de octubre a mayo para desestacionalizar y prolongar algo, si se puede, lo poco o nada que quede de la temporada turística.

Urge aplazar la liquidación de los impuestos de las empresas por un periodo mínimo de un mes una vez finalice el Estado de alarma, porque los equipos están mermados y las gestorías no alcanzan a poder tramitar tantos documentos en tan poco tiempo, superados por la tramitación de créditos, Ertes y demás necesidades perentorias.

Pero sobre todo, esperamos un esfuerzo por parte de los ayuntamientos, especialmente el de Palma, que ni está ni se le espera. Impuestos de basura, contribución, terrazas, etc. Es una sinrazón pagar por un servicio municipal que nadie presta porque nadie se sienta en nuestras terrazas (las que quedan) y nadie recoge la basura porque no hay basura que generar. Aquí invitamos a todos los responsables municipales a seguir el ejemplo del gobierno socialista de Calvià, cuyo alcalde, Alfonso Rodríguez, rápidamente ha tomado decisiones en este sentido y ayuda como puede a los restauradores de su municipio a superar este periodo de agonía.

Debemos de ser conscientes de cuánto van a cambiar los hábitos sociales a nivel mundial. Debemos de intuir lo mucho que nos va a costar de nuevo atraer a estas islas a los millones de turistas que nos han visitado hasta ahora cada año y la riqueza que han generado para nuestras empresas y trabajadores. Habrá que tomar medidas e iniciar nuevas y ocurrentes campañas para restablecer las costumbres y conseguir recuperar el hábito a viajar de nuevo, a perder miedos que ahora están haciendo mella.

Necesitamos que la administración ponga en marcha medidas equilibradas a la hora de facilitar con suspensiones o aplazamientos, los alquileres y créditos sobre los que se soporta nuestra actividad de la restauración. Ayudas que al mismo tiempo no pongan en peligro las necesidades de los propietarios.

Y en todo esto hay un agente muy importante que no hemos querido citar hasta el final. Me refiero a los bancos, esos gigantes todopoderosos y al mismo tiempo necesarios, que deben de jugar un papel fundamental en esta crisis. Deberían de estar a la altura del sector público. Es su momento. Una enorme oportunidad para demostrar, si quieren, que detrás de esos mostradores fríos e inhóspitos, se encuentran personas, con la capacidad de empatizar y entender que ahora pueden devolver a la sociedad todo aquello que el conjunto de la ciudadanía les dio no hace mucho. Todavía pagamos, entre todos, el rescate de la banca, puesto que nos dijeron que era importante la confianza con el sistema bancario. Y se hizo. Pues ahora es su turno, una oportunidad de oro para congraciarse con la sociedad de la que se sirven y que ahora les necesita. Es hora de que los bancos se impliquen sin nada más a cambio que la supervivencia de sus clientes. Sin dinero no hay negocio, sin negocios no hay necesidad de crédito y tampoco los bancos.

Necesitamos líneas de financiación, moratorias, suspensiones, en definitiva...ayuda. Y mucho mejor si es por compromiso y vocación que por real decreto, como hemos tenido que hacer los demás.

Lo mismo las grandes empresas que cotizan en las bolsas internacionales y cuentan por centenas los millones de euros que ganan cada año. De ellas se espera una actitud ejemplar, como algunas ya han hecho. Compañías de luz, gas, telefonía, seguros…todas. Ahora es el momento de cambiar la manera de servirnos porque el mundo ha cambiado ya.

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