Dígannos qué está pasando ya. Explíquense, esto tiene qué ser una broma. Está el presidente del gobierno insuflando aires de España. Ahora nos recuerda que cualquier tema que afecte a España se decide entre todos los españoles. Lo que de verdad nos afecta a todos es la vacuidad de su trabajo. Mientras muere una familia en Sevilla por vivir de alimentos caducados, se gastan miles de millones para construir kilómetros de vías de tren de alta velocidad. Esto es sólo la punta del iceberg de la realidad de este país. No nos engañen más. España es un país pobre. Digan la verdad, sin miedo. Poner los temas sobre la mesa con valentía no es señal de debilidad ni mermará su autoridad. Así que sin miedo, deberían dejar al govern de la Generalitat preguntar a sus ciudadanos cómo quieren que sea su país. Sólo preguntar ya les da miedo. Por eso desempolvan sus rancias identidades. Es una pregunta. No saben la respuesta. Y ya temen por una unidad que no nos ha llevado muy lejos. La Constitución, tan útil en su momento, ha envejecido. No rige a los ciudadanos en la misma coyuntura. Necesita un cambio. Punto. El que teme a la libertad del prójimo vive temeroso de si mismo. No defiende nada que sea suyo porqué la libertad es de cada uno de nosotros. Del pueblo en general. Sean valientes. Cuándo algo dejó de servir, hay que cambiarlo. Tiene derecho el ciudadano a ser preguntado y debe tener la libertad de responder. La reacción de un gobierno ante la necesidad de cambio no puede ser permitir al vigilante de seguridad que nos detenga. Esto sí tiene que ser un mal chiste. Demasiado miedo en las altas esferas para sacarse esta estrategia bananera de gobierno. Cuando las comunidades exigen el dinero que les toca en los presupuestos, están haciendo España. Nos quedamos igual, pero nos hablan de solidaridad. Suena todo ya a extraño país represor. Piénsenlo. Lo que no podemos ser es pobres, asustados y sin voz. Esto debe ser una pesadilla y despertaremos. Ya!.





