A quien no le aburra solemnemente la política autonómica -lo cual tiene mérito- seguro que se le puede preguntar qué es lo que va a hacer la izquierda balear en los próximos meses de cara a los comicios de 2027. Es un clásico y, de hecho, ya ha comenzado el espectáculo.
Un año antes de la fecha prevista para las elecciones, el PSIB y sus cautivos socios, carentes del más mínimo discurso propio, comienzan a agitar el avispero. El pretexto es completamente indiferente.
Hace trece años, aprovechando la hiperbólica torpeza autoritaria de José Ramón Bauzá, consiguieron engañar a miles de ciudadanos en un movimiento en supuesta defensa de la lengua propia que, en realidad, no tenía otro objeto que calentar la calle en contra del PP. Luego, una vez alcanzado el poder, de todo aquello que supuestamente iban a llevar a cabo con diálogo permanente y bla, bla, bla, nada de nada. Se trataba de colocarse y aguantar el máximo tiempo posible. Francina Armengol fue una fiel discípula de la doctrina Sánchez antes incluso de que éste asaltara La Moncloa.
Ocho años tardaron los isleños en darse cuenta de la estafa armengoliana, aunque ella tuvo la habilidad de sustraerse a su fracaso político colocándose en un puesto que le aseguraba unas altas cotas de inmunidad, pese a todas las tropelías cometidas para beneficiar a los principales actores de la cloaca socialista. Obviamente, no va a ponerse a trabajar a los 55 años, después de toda una vida sin dar un palo al agua en nada productivo.
Perdido el poder, y sin expectativa alguna de recuperarlo, ni a corto, ni a medio plazo, la izquierda balear sigue empeñada en sus viejas estrategias, aunque el resultado previsible sea muy distinto al de 2013.
Si entonces la excusa fue el modelo trilingüe que Bauzá pretendía imponer manu militari en los centros educativos -asunto que consiguió sacar a la calle a 100.000 ciudadanos, muchos de ellos votantes del PP-, ahora parece que el leitmotiv es la situación de las educadoras de las escoletas.
Lo que sucede es que, en este caso, la mentira no ha colado. Sacar dos centenares de activistas a la calle ataviadas con camisetas amarillas, la mayor parte de ellas seducidas con embustes, para tratar de arañar una docena de votos a Marga Prohens, contrasta con la masiva movilización anti-Bauzá. CCOO -comandada por una militante del PSIB-, UGT y el STEI se han doblegado, como fieles gudaris progresistas, a cuanto les ha pedido la socialista Amanda Fernández, ciertamente mucho más ambiciosa que intelectualmente dotada, pero incapaz de reunir siquiera a mil personas.
Otros sectores saldrán próximamente a la calle, aunque GOB y OCB, dos de los pilares de esta estrategia en épocas pasadas, han dado un paso atrás -a nadie le gusta apostar a caballo perdedor- y parecen querer recuperar el espacio que les es propio en defensa del medio ambiente y de la lengua y la cultura. La defenestración de Margalida Ramis y de todo su equipo de militantes agitadores de la izquierda ha sido una gran noticia para la supervivencia del grupo ecologista, que se había convertido bajo su mandato en un mero instrumento político del PSIB y sus mariachis.
Ahora, la progresía local habrá de conformarse con agitar sindicatos y organizaciones alternativas -Ben Amics, etc.- en las que todavía tiene colocados a centenares de estómagos agradecidos, pero su actual capacidad de movilización resulta deprimente, como el propio estado de la izquierda de las islas.





