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Un ambiente político irrespirable

jueves 28 de mayo de 2020, 16:08h

Qué pronto hemos olvidado las apelaciones a la unidad, a la solidaridad, al esfuerzo colectivo, a la concordia, derivadas de la calamidad pública que nuestro país y también Balears ha padecido desde el 15 de marzo. La magnitud de la tragedia, con más de 27.000 fallecidos (224 en nuestra comunidad autónoma) y 237.000 infectados por el Covid-19, sugería que la ciudadanía y sus representantes políticos debían permanecer cohesionados, aparcando sus diferencias en pos del bien común.

El desastre económico que se nos viene encima en forma de recesión, cierre de empresas y aumento del desempleo favorecía el empeño manifestado por algunos líderes políticos para alcanzar acuerdos transversales (algunos los denominaron los nuevos pactos de La Moncloa) que permitiesen minimizar el daño y acelerar la reconstrucción. Pero desde el minuto uno algunos partidos se han esforzado en dinamitar el diálogo, en especial Vox y Podemos, que con su comportamiento radical y populista escoran a PSOE y PP hacia posiciones extremas que como formaciones de gobierno, en general les son ajenas.

El odio que derecha e izquierda se profesan no les permite aparcar sus diferencias y rehuir el politiqueo más mezquino y tabernario, además de estéril. Ni siquiera han sido capaces de acordar un “alto el fuego” durante los diez días de luto nacional decretado por el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, que con tanta insistencia —y ahora se ve que con tanta sobreactuación— venían reclamando PP, Vox y Ciudadanos.

Fruto de esa calculada estrategia de incremento de la tensión política, el clima es ya irrespirable. La polarización es máxima y está en peligro la convivencia y la paz social. Llevar al país a este nivel de tensión, con la olla a punto de estallar, es de una irresponsabilidad tremenda.

Afortunadamente en Balears las cosas están algo más calmadas porque el Govern y los partidos con representación parlamentaria son conscientes de que con una temporada turística echada a perder, ahora hay que dedicar todos los esfuerzos a intentar salvar los meses de julio, agosto y septiembre. La recesión económica y la pérdida de puestos de trabajo será aquí más acusada que en el resto del país. No estamos para bromas.

Corresponde, por tanto, hacer un llamamiento al sosiego, a la responsabilidad y a la unión ante la adversidad. Las elecciones están lejos y mejor que sea así porque es dudoso que solucionasen algo. De modo que, señores políticos, hagan el favor de serenarse, de evitar meter más fuego a la olla —ya de por sí bien caliente— y traten de trabajar constructivamente y en positivo para minimizar el desastre que se avecina.


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