Todos los gobiernos que entran suelen levantar alfombras y ver lo que han hecho sus antecesores, algo que está ocurriendo ahora mismo en Catalunya con la llegada de Artur Mas a la Generalitat. Me imagino que cuando pasen unos meses, Mas hablará más de su propia gestión que la realizada por Josep Montilla. En Baleares, en cambio, el Govern de Antich lleva toda la legislatura hablando del pasado y parece que ese será el mismo argumento que utilizará el líder socialista durante la próxima campaña electoral. Antich se queja de la herencia que ha recibido, aunque es curioso que se olvide de que la única gran obra que ha inaugurado es Son Espases, un proyecto heredado del pasado y con protestas, también curioso, de los que hoy están en el Govern. La gestión de Matas no ha sido infalible, pero está a años luz de la realizada por Antich y sus socios. La economía iba mejor, el turismo también, y se hicieron muchas infraestructuras viarias imprescindibles para el desarrollo de la Comunidad. Se construyó el metro, con goteras, y también la estación intermodal. Se comenzó Son Espases y se proyectó la Opera de Calatrava, un edificio que posiblemente hubiese sido la envidia de todo el Mediterráneo porque todo lo que hace el arquitecto valenciano es elogiado en Europa. Ahora, el balance es muy pobre. La economía va peor, vienen menos turistas y gastan menos, se hacen pocas carreteras, aunque sí un puente en Son Espases que es un auténtico despropósito. La situación política tampoco es mucho mejor y basta recordar que no han podido aprobarse ni los presupuestos. Antich prefiere hablar del pasado en lugar de explicar lo que ha hecho, una estrategia muy pobre para alguien que quiere seguir al frente de una Comunidad Autónoma.
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