Imagen de una pelea multitudinaria en 2017 en Alaró.
La violencia en el fútbol balear parece no tener fin. El pasado martes, un hombre de 46 años fue detenido por la Guardia Civil en Lloseta después de irrumpir en el Camp Municipal Es Puig durante un partidillo informal entre menores y agredir a un niño de 12 años. La víctima sufrió una conmoción craneal y tuvo que ser hospitalizada. El agresor fue interrogado esa misma tarde.
El suceso se produjo dos días antes de que la Federació de Futbol de les Illes Balears (FFIB) celebrara en Mallorca el I Congreso sobre violencia en el deporte. Un asunto que debe tratarse con urgencia para que los episodios remitan con la mayor celeridad posible.
El episodio de Lloseta se enmarca en una serie de incidentes graves que arranca, al menos en términos de repercusión mediática, en marzo de 2017. Un partido de infantiles entre la Unió Esportiva Alaró y el Collerense, con jugadores de 12 y 13 años, terminó en batalla campal entre padres. Un vídeo de menos de un minuto se viralizó en toda España: se veían puñetazos, patadas, empujones e insultos mientras los niños observaban desde el campo.
El árbitro suspendió el encuentro. Hubo varios heridos atendidos en centros médicos y al menos tres denuncias por lesiones. El Govern balear, el Consell de Mallorca y la FFIB condenaron públicamente los hechos.
La respuesta del colectivo arbitral fue inmediata: ese mismo fin de semana, 450 partidos de fútbol base y fútbol sala de Baleares se detuvieron en el minuto tres. Los árbitros desplegaron pancartas con el lema "Deixau-nos gaudir de l'esport".
La paralización simbólica de 2017 no fue suficiente para frenar los incidentes. En febrero de 2022 los colegiados de Baleares volvieron a plantearse parar la competición, esta vez ante la sucesión de agresiones e insultos que, a su juicio, no tenían respuesta proporcionada. La FFIB mantiene un archivo de incidencias que documenta desde amenazas y persecuciones en vestuarios hasta agresiones físicas con víctimas atendidas en urgencias.
La violencia contra los árbitros también ha llegado a las redes sociales. En abril de 2026 la FFIB denunció ante las fuerzas de seguridad una publicación en la que se señalaba a un árbitro cadete de Mallorca acompañada de un mensaje que incitaba directamente a agredirle. La federación se personó como acusación particular por posibles delitos de amenazas y odio. Muchos de los árbitros afectados son jóvenes en formación.
Entre los episodios documentados destaca la acumulación de incidentes protagonizados por el Unión Latina en un corto período de tiempo. En marzo de 2022, un partido de Segunda Regional Juvenil contra el Madre Alberta en Manacor acabó con nueve jugadores locales expulsados, siete de ellos por insultos y amenazas al árbitro tras el pitido final. El episodio se produjo una semana después de la jornada de parones contra la violencia.
En octubre de 2023, el partido de Segunda Regional entre el Unión Latina y el Lloret, en la Torre des Enagistes, fue suspendido por agresiones al árbitro y a un asistente, que acabó en un centro médico.
El Juez de Competición de la FFIB abrió expediente y suspendió cautelarmente al jugador señalado. Varios clubes de la categoría describían ya al Unión Latina como "el equipo más polémico de Mallorca" por la concentración de incidentes en apenas un mes.
En septiembre de 2023 el partido de Regional Preferente entre La Victoria y el Sineu, en sa Indioteria, terminó con cuatro personas en urgencias tras un conflicto en la zona de vestuarios. Dos jugadores del Sineu denunciaron al presidente y al portero de La Victoria por puñetazos y patadas. El club local también presentó partes de lesiones, lo que derivó en un cruce de denuncias.
En enero de 2023 un derbi juvenil entre el Son Caliu y el Platges de Calvià acabó con un jugador visitante con el tímpano roto tras ser agredido al finalizar el encuentro. La tensión se habría alimentado durante días en redes sociales. El Son Caliu expulsó al autor de la agresión y pidió disculpas públicas.
La lista de incidentes recoge también un jugador que pateó al padre de un rival en un partido de juveniles, un cabezazo que dejó inconsciente a un futbolista en un Artà-San Pedro, y una trifulca en el Independiente-Calvià de Preferente con un jugador hospitalizado.
La respuesta institucional se ha ido endureciendo. En enero de 2026 el Juez de Instrucción de la FFIB propuso cuatro años de suspensión para un jugador del Club Atlas Deportivo Mallorca por agredir a un asistente arbitral en Segunda Regional. La federación lo presentó como la mayor sanción de la historia del fútbol balear.
En febrero de 2026 la Conselleria de Deportes del Govern balear anunció un procedimiento sancionador contra un espectador que participó en una pelea al término de un partido de la Liga Nacional Juvenil en Alcúdia. Como medida cautelar se acordó la prohibición inmediata de acceso a cualquier instalación deportiva de las islas, amparada en la Ley 2/2023 del deporte.
La FFIB ha puesto en marcha además cámaras en campos y códigos QR para denunciar agresiones en tiempo real desde las gradas, y ha reforzado su Comité Antiviolencia personándose en causas penales por agresiones a árbitros.
El pasado viernes, apenas 48 horas después de la agresión a un niño de 12 años en Lloseta, la FFIB inauguró en Palma el I Congreso sobre Violencia en el Deporte, una cita que reunió a representantes institucionales, expertos jurídicos y figuras del deporte nacional.
El acto contó con las intervenciones del presidente de la FFIB, Jordi Horrach; el alcalde de Palma, Jaime Martínez; la vicepresidenta del Govern, María Antonia Estarellas; y el conseller de Turisme, Cultura i Esports, Jaume Bauzà. Entre los ponentes destacó la exfutbolista internacional Virginia Torrecilla, que emocionó a los asistentes con una intervención centrada en el respeto y el papel del deporte como herramienta de transformación social. También participaron Fran Soto, presidente del Comité Técnico de Árbitros de la RFEF, y Alfonso Díaz, CEO del RCD Mallorca, entre otros.
"El fútbol debe ser un espacio seguro, de valores y de convivencia. No podemos permitir que la violencia tenga cabida en aquello que debe unirnos como sociedad", afirmó Horrach, quien calificó el congreso de "punto de inflexión" en la lucha contra la violencia en el deporte balear.
El repaso de los casos permite identificar elementos comunes. Los incidentes se concentran en categorías de base, juveniles y regionales. Estallan con frecuencia tras decisiones arbitrales polémicas o al pitido final de derbis disputados. Y en varios episodios, los protagonistas no son los jugadores, sino padres y familiares desde las gradas o, directamente, dentro del campo.
Los propios árbitros han advertido en repetidas ocasiones de que las medidas adoptadas hasta ahora son insuficientes sin un cambio de actitud por parte de clubes, familias y aficionados. La cadena de incidentes —de Alaró a Lloseta, pasando por Manacor, Calvià, Alcúdia o sa Indioteria— sugiere que, pese al endurecimiento progresivo de las sanciones, el problema no está resuelto. Aún falta mucho por recorrer.
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