Tras recuperar en campañas anteriores más de 300 ánforas y documentar uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del Mediterráneo occidental, los investigadores trabajan ahora bajo el agua desmontando la estructura del barco para garantizar su conservación. Miguel Ángel Cau, investigador ICREA, catedrático de Arqueología de la Universitat de Barcelona y codirector del proyecto Arqueomallornauta, explica para mallorcadiario.com qué se está haciendo exactamente bajo el mar, qué piezas han salido ya a la superficie y por qué Ses Fontanelles sigue siendo una fuente inagotable de información sobre el Mediterráneo romano.

¿Qué trabajos se están realizando actualmente en Ses Fontanelles?
— Ahora mismo estamos inmersos en la campaña de extracción de la embarcación. Es una decisión que se tomó después de varios años de investigación. Primero se excavó y recuperó todo el cargamento, después se evaluó la arquitectura naval del barco y finalmente se celebraron reuniones con especialistas nacionales e internacionales para decidir cuál era la mejor opción para conservarlo.
La conclusión fue que había que extraerlo. El pecio está a apenas 65 metros de la costa, a unos dos metros de profundidad y en una zona muy expuesta al oleaje. Precisamente un temporal fue el que permitió descubrirlo en 2019, pero otro episodio similar podría destruir buena parte de la estructura que todavía permanece enterrada bajo la arena.
Por eso, desde marzo estamos trabajando bajo el agua desmontando la embarcación. Ya hemos recuperado elementos muy importantes de la estructura, como la sobrequilla central, la sobrequilla de proa y todas las cuadernas. En estos momentos estamos trabajando sobre las tracas, que son las tablas longitudinales que forman el casco del barco. Cada una de esas piezas se documenta cuidadosamente, se extrae y se traslada a unas piscinas especiales donde comienza el proceso de desalación y conservación.

Extraer una embarcación de más de 1.600 años de antigüedad parece una operación extremadamente compleja. ¿Cómo se realiza?
— Lo es. Estamos hablando de una estructura de madera que ha permanecido siglos bajo el mar y que requiere una manipulación extremadamente cuidadosa. Afortunadamente, la conservación de las maderas es excepcional, algo poco habitual en arqueología subacuática.
Para poder extraerlas sin deformarlas utilizamos estructuras de fibra de vidrio. Son como una especie de carcasa o funda rígida que se adapta a la forma de cada pieza. Las preparamos previamente y, una vez bajo el agua, se moldean alrededor de la madera. El material fragua allí mismo y crea una estructura resistente que mantiene la forma original de la pieza y permite manipularla con seguridad.
Gracias a este sistema podemos sacar las maderas sin que sufran daños durante la extracción. Después pasan a las piscinas de conservación, donde comienza un proceso muy largo para eliminar las sales acumuladas durante siglos y garantizar que puedan preservarse correctamente en el futuro.

Mientras desmontan el barco siguen apareciendo nuevos hallazgos. ¿Qué está saliendo ahora a la luz?
— Eso es precisamente una de las cosas más interesantes. Aunque el cargamento se excavó completamente entre 2021 y 2022, cada vez que retiramos una parte de la estructura aparecen nuevos materiales.
Recientemente hemos encontrado un ancla y no descartamos que aparezcan más, porque este tipo de embarcaciones solía llevar varias. También están apareciendo restos de cabos y otros elementos relacionados con la navegación que permanecían ocultos bajo el casco.
Además, siguen apareciendo objetos elaborados con materiales orgánicos, algo extraordinario porque normalmente no se conservan. Están saliendo cestos de esparto, restos de esteras y otros elementos relacionados con la vida a bordo. Cada nueva pieza aporta información sobre cómo funcionaba la embarcación y sobre el día a día de la tripulación.

En proyectos como Ses Fontanelles, el hallazgo es solo el principio. ¿Qué pasos se siguen a partir de ahí en el trabajo arqueológico?
— Lo que suele aparecer en los medios son las imágenes espectaculares de las excavaciones, ya sea bajo el agua o en tierra. Sin embargo, la mayor parte del trabajo llega después. Cuando aparece una pieza hay que documentarla, fotografiarla, extraerla, estabilizarla y estudiarla. En muchos casos hay que realizar radiografías o TAC para conocer su estado interno, especialmente cuando se trata de objetos que aparecen cubiertos por concreciones marinas.
Después vienen los análisis, la restauración, la conservación y la comparación con otros hallazgos conocidos. Todo eso requiere muchísimas horas de trabajo en laboratorios y centros de investigación. Es un proceso lento y complejo que rara vez se ve, pero que es fundamental para convertir un hallazgo arqueológico en conocimiento histórico. En el caso de Ses Fontanelles participan alrededor de 50 investigadores e investigadoras de distintas instituciones, así que estamos hablando de un proyecto científico de gran envergadura.

¿Qué convierte a Ses Fontanelles en un hallazgo tan excepcional dentro de la arqueología mediterránea?
— Son varias cosas. En primer lugar, la extraordinaria conservación de la embarcación y de su cargamento. Pero también la información que nos está proporcionando sobre el comercio marítimo romano. Durante las campañas de excavación recuperamos unas 320 ánforas, muchas de ellas completas e incluso selladas todavía con sus tapones originales. Sabemos que transportaban principalmente aceite, vino y salazones de pescado, entre ellas un producto de gran valor en época romana llamado liquaminis flos, considerado una salsa de máxima calidad.
Además, muchas de esas ánforas conservan inscripciones pintadas, los llamados tituli picti. Ses Fontanelles es actualmente el pecio del Mediterráneo con más inscripciones pintadas conocido. Tenemos cerca de un centenar de ejemplos. Gracias a ellas conocemos nombres de comerciantes o productores, como Alunnus y Ausonius, y también sabemos con precisión qué contenían algunas ánforas porque aparece escrito el propio producto. Es algo excepcional porque estamos viendo las etiquetas comerciales originales conservadas durante más de 1.600 años.

El barco también ha cambiado lo que se sabía sobre la producción y el comercio en la Hispania romana.
— Sí. Hemos podido determinar que procedía de la zona de Cartagena y en el sudeste peninsular. Eso ya es muy importante porque conocemos muy pocos barcos de esta época y este es el único que hemos podido relacionar con Cartagena de una manera tan clara. Pero además ha aportado información completamente nueva. Hemos identificado cinco tipos de ánforas que eran desconocidos hasta ahora y que hemos denominado Ses Fontanelles I, II, III, IV y V.
Más allá de la clasificación arqueológica, lo realmente importante es lo que eso significa. Nos indica que en torno a Cartagena existía en el siglo IV una producción importante de vino, aceite y productos derivados del pescado destinados a la exportación. Ahora el reto será localizar en tierra las villas romanas y centros de producción que abastecían ese comercio. Por eso siempre digo que Ses Fontanelles no es un hallazgo que haya terminado de aportar información. Sigue haciéndolo constantemente.

Uno de los aspectos que más llama la atención es el extraordinario estado de conservación de los materiales. ¿Qué os habéis encontrado?
— La conservación es realmente excepcional. Todo apunta a que el barco quedó enterrado muy rápidamente bajo la arena y permaneció durante siglos en un entorno sin oxígeno. Esas condiciones anaeróbicas permitieron conservar materiales que normalmente desaparecen. No solo se ha preservado gran parte del casco. También han aparecido objetos relacionados con la vida de la tripulación. Hemos encontrado zapatos, esteras, cestos de esparto, cuerdas y herramientas.
Entre las piezas más sorprendentes destaca un taladro de arco perfectamente conservado. Es una herramienta utilizada para perforar madera y prácticamente podríamos considerarla parte de la caja de herramientas del barco. También apareció una lucerna decorada con una representación de Diana Lucífera. Son objetos que nos permiten acercarnos a la vida cotidiana de las personas que navegaban en esa embarcación hace más de 1.600 años.

También ha habido recientemente algunas informaciones imprecisas sobre el trabajo de la Armada. Tres buceadores de la Armada colaboraron con nosotros durante las tareas de extracción y su ayuda fue fantástica. Sin embargo, algunos medios publicaron que «la Armada había recuperado la quilla del barco», y eso no es correcto.
Lo que se ha recuperado es la sobrequilla y la sobrequilla de proa, que son elementos internos de la estructura. La quilla es una pieza distinta, situada en la parte inferior exterior de la embarcación, y hasta el momento no ha aparecido. Puede que se desplazara durante el naufragio, pero en su posición original no está.

¿Qué queda todavía por descubrir en Ses Fontanelles?
— Muchísimo. Lo primero es terminar la extracción de toda la estructura conservada y completar los trabajos de conservación de las maderas. Pero paralelamente queda una enorme cantidad de materiales por estudiar. Cada pieza recuperada genera nuevos análisis y nuevas preguntas. Y lo que estamos viendo es que el pecio sigue proporcionando información cada vez que avanzamos un poco más en la excavación.
Estamos ante uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del Mediterráneo occidental y todavía tiene mucho que contarnos sobre la navegación, el comercio y la vida cotidiana en época romana. El trabajo que queda por delante es enorme, pero precisamente eso es lo apasionante de Ses Fontanelles.





