Hace una década subí al castillo de Santueri, en Felanitx y, para mi horror, me encontré con un lugar en ruinas, lleno de suciedad, descuidado y abandonado, por el que cobraban una entrada exorbitada. Exactamente lo que provocaría la indignación de cualquier persona de bien. Han pasado gobiernos de todos los colores sin que se haga nada. Y hoy, cuando quedan exactamente tres días para las elecciones, después de que el tema haya sido objeto de comentarios en Felanitx, aparece en la prensa el titular “El Consell expropia el castell de Santueri”. Ustedes verán: a mí me surgen mil preguntas, de las que destaco entre ellas ¿cómo es posible que una decisión así se adopte el último día? ¿Cómo es posible que ahora vayamos a pagar a este propietario de bien que estuvo exprimiendo las posibilidades del castillo hasta su última gota, sin dar nada a la sociedad? ¿Cómo podemos encima premiar este tipo de conductas? A mí me da que todo esto es inadmisible, que es puro oportunismo y que nunca resolvemos los problemas como toca.





