Permítanme escribir un artículo un poco más largo de lo habitual. Les pido disculpas por ello. El motivo es que, imitando muy modestamente a algunos de los primeros economistas que fueron también médicos (Petty, Mandeville, Quesnay, etc.) cuya primera labor consistió en una descripción anatómica del “cuerpo social”, pretendo la realización de una radiografía de la sociedad mallorquina.
Una radiografía que no pretende ser una descripción exacta de la sociedad, sino más bien una simplificación para facilitar su comprensión. A veces se puede ganar conocimiento desechando información excesivamente detallada. Su objetivo, por tanto, no es establecer categorías rígidas, sino identificar un punto de partida y algunas tendencias de largo recorrido.
La primera observación a la “placa” parece mostrar una transformación consistente en la reconfiguración de la sociedad y, simultáneamente, en el debilitamiento progresivo de los mecanismos tradicionales de movilidad social.
En la cúspide encontramos a quienes ocupan posiciones sólidas dentro de la administración pública, de la sanidad, la educación, las instituciones, las empresas consolidadas y otros ámbitos de elevada estabilidad. No constituyen una élite cerrada, pero sí un grupo que dispone de importantes ventajas acumuladas, tales como patrimonio, elevada formación, redes sociales y arraigo territorial. En muchos casos son la segunda o tercera generación que acumula activos inmobiliarios, empresariales o financieros, de modo que sus ingresos no proceden únicamente del trabajo sino también de las rentas generadas por dicho patrimonio.
Suelen desenvolverse con naturalidad en mallorquín, tanto sí es su lengua materna como si la han incorporado posteriormente, y participan de amplias redes relacionales. Para esto último acuden a los múltiples eventos que se organizan desde medios de comunicación, estamentos públicos, privados, etc. Más ocasionalmente lo hacen a través de clubes, círculos, asociaciones, etc. Ocupan puestos de trabajo bien retribuidos para los que se requieren titulaciones académicas. Suelen ser ocupaciones que se realizan en entornos climatizados. Se preocupan de su imagen casi tanto como de su reputación y gozan de capacidad de influencia tanto discursiva como normativa.
La combinación de estabilidad laboral y patrimonio acumulado les proporciona una posición lo suficientemente ventajosa como para considerar el statu quo como uno de los elementos prioritarios a preservar (restricciones, limitaciones, regulaciones, etc.). Se trata de un segmento que experimentó un fuerte crecimiento con el desarrollo de las instituciones autonómicas durante los años del liderazgo económico insular. Ahora su expansión es considerablemente más lenta.
Por debajo se sitúa una amplia base trabajadora compuesta por autónomos y empleados de la restauración, el comercio, la construcción, el transporte, la hostelería, los cuidados personales, la construcción, las reparaciones y otros muchos sectores imprescindibles para el funcionamiento del día a día de la isla. Dicho en otras palabras, realizan los trabajos más duros, con horarios menos benignos y en ocasiones más expuestos al clima. Con frecuencia conducen pequeñas furgonetas industriales. Este grupo se caracteriza por una gran diversidad de procedencias (incluida la balear), utilizando el español como lengua franca, aunque también puede ser su lengua propia. Su crecimiento se alimenta tanto de la dinámica económica como de la continua incorporación de nuevos efectivos atraídos por unas oportunidades laborales que, no obstante, no atraen a los más arraigados.
Entre ambos, tradicionalmente existía un espacio intermedio ocupado por pequeños empresarios, profesionales liberales independientes, comerciantes, y trabajadores cualificados que podían construir un proyecto vital propio, al margen del estado y de las grandes corporaciones, mediante el trabajo, el ahorro y la acumulación gradual de ahorros. Este espacio antaño actuaba como puente entre los distintos estratos y constituía una de las principales escaleras sociales de la isla. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, se está estrechando tanto que corre el riesgo de desaparecer.
Las razones de tal disminución son múltiples. Destacando, la creciente complejidad normativa, la fuerte presión fiscal, la necesidad de disponer de capital previo y la importancia fundamental que adquieren de las redes y contactos sociales informales. De esta forma, cada vez resulta más difícil la consolidación de una posición autónoma basada exclusivamente en el esfuerzo individual. Este segmento, integrado mayoritariamente por gentes urbanas con muchos apellidos mallorquines ha sido el más bilingüe.
Cuando leemos en prensa que una empresa familiar se vende a un grupo internacional de mayor tamaño; o se cierra una tienda que fue emblemática por falta de relevo generacional; o se pone fin a la consulta de un médico individual por jubilación de su titular; o lo mismo ocurre con un bar o un restaurante tradicional, constatamos la disminución de este otrora musculoso sector.
En el suelo social aparece un estrato de vulnerabilidad permanente. También con diversas procedencias geográficas. Son quienes viven de pequeñas rentas y subsidios, ayudas públicas o trabajos eventuales. Su principal preocupación consiste en asegurar la subsistencia cotidiana. No necesariamente han renunciado a progresar, pero sí perciben que existe una relación extremadamente débil entre el esfuerzo realizado y la posibilidad real de mejorar su situación. Este es el segmento con menos interacciones sociales y por tanto el de mayor fidelidad a sus lenguas maternas respectivas.
Como consecuencia, la sociedad mallorquina parece que tiende a estructurarse principalmente en torno a tres grandes grupos. Una “cúspide" que se mantiene mediante la transmisión de posiciones, patrimonio, educación y el arraigo cultural. Una “base” que lo hace mediante el trabajo y la incorporación continua de nueva población. Y el estrato más vulnerable o “suelo” que se perpetúa a través de la precariedad y la dependencia. Entre ellos, el espacio de la “autonomía individual” pierde peso de forma paulatina.
Esta transformación también posee una dimensión cultural y lingüística. El mallorquín deja de ser únicamente una lengua para convertirse en un indicador de arraigo y de integración en determinadas redes, mientras que el español se consolida como la lengua de relación entre grupos dinámicos y trabajadores de procedencias diversas. Ambas realidades conviven, pero sus espacios de socialización tienden a no tener puntos de contacto.
La demografía añade un nuevo factor de cambio. Los estratos superiores y los sectores más vulnerables tienen pocos hijos, mientras que la base trabajadora mantiene una vitalidad demográfica relativamente mayor, reforzada además por la incorporación continua de nuevos residentes.
Es cierto que no he mencionado que por encima de la “cúspide" existe un reducido grupo formado por personas vinculadas a negocios y actividades internacionales. Su presencia en la isla es creciente, aunque su actividad económica, cultural y social se desarrolla simultáneamente en múltiples lugares del mundo. Residen en las mejores propiedades isleñas manteniendo relaciones que trascienden el ámbito insular. Sin embargo, a diferencia de otros, apenas participan de forma significativa en sus mecanismos sociales locales.
En cualquier caso, la consecuencia final de lo descrito es una sociedad con tendencia a una mayor estratificación y, sobre todo, sensiblemente menos permeable. Las antiguas escaleras sociales no desaparecen, pero pierden continuidad y eficacia. Ascender sigue siendo posible, aunque cada vez resulta más difícil hacerlo de forma gradual únicamente en base al propio trabajo, el ahorro y la perseverancia.
La Mallorca del siglo XXI no es una sociedad inmóvil, aunque lógicamente el sector de la cúspide, –que es el que concentra una mayor capacidad de influencia en la elaboración de leyes y reglamentos–, muestra una cierta tendencia al blindaje. Es de esta forma como, guiada por sus élites, Mallorca ha comenzado a priorizar la conservación sobre la expansión; dejando de ser dejando, poco a poco, la sociedad de ascenso que la caracterizó desde la década de los sesenta hasta bien entrado el cambio de siglo.
Amable y paciente lector, antes de finalizar le reitero mis disculpas por la extensión, procuraré que no vuelva a ocurrir.


