Plaza Mayor

Artesanas de Mallorca: tradición, barro y Navidad en el corazón de Palma

Figuras de artesanos en un mercado navideño con productos típicos.
Figuritas de la artesana Antònia Campaner. | Autor: J. Fernández Ortega.

Cuando Palma enciende sus luces navideñas a finales de noviembre, la ciudad se transforma por completo. Entre calles engalanadas y el constante ir y venir de familias, la Plaza Mayor se convierte en un pequeño universo propio: un lugar donde el bullicio se mezcla con el aroma a azúcar tostado y donde las casetas de madera resguardan un oficio que desafía el paso del tiempo.

Del 23 de noviembre al 7 de enero, los mercados navideños se instalan en los puntos más emblemáticos de la capital balear, ofreciendo un escaparate para la artesanía local. Entre siurells, partorets y belenes, destacan tres mujeres cuya vida y oficio están estrechamente ligados a la identidad cultural de la isla: Maria Amengual, Carme García y Antònia Campaner. Desde sus puestos de artesanas, mantienen viva una tradición con siglos de historia, y según explican a mallorcadiario.com, esta edición llega con más visitantes y un interés creciente por las piezas artesanales, fruto de horas de dedicación y creatividad que dan sentido a su labor.

Personas observando artesanías en un mercado navideño.
Visitantes observan el puesto navideño de la artesana Carme Garcia en la Plaza Mayor. | Autor: J. Fernández Ortega.

MARIA AMENGUAL: EL SILENCIO CREATIVO DEL SIUREL

En uno de los laterales de la Plaza Mayor, vemos una parada con multitud de figuras de barro blanco con pinceladas verdes y rojas. Allí están los siurells: figuras mallorquinas de barro, de formas humanas o animales, cada una con un pequeño silbato integrado. Detrás del mostrador está Maria Amengual, artesana de Sa Cabaneta (Marratxí), cuarta generación de una familia de ceramistas. Su mirada es serena, sus movimientos tranquilos, como si cada gesto ya estuviera memorizado por décadas de práctica.

Mujer sonriente mostrando artesanías navideñas en un mercado.
La artesana Maria Amengual. | Autor: J. Fernández Ortega.

La verdad es que el siurell forma parte de mí”, dice Maria mientras repasa con una brocha ligera el vestido de una figura. “No lo hago porque sea moda, ni porque sea Navidad. Lo hago porque forma parte de nuestra tradición, de lo que somos”. Mientras habla, su mano dibuja líneas sobre la arcilla, como si cada palabra fuera un trazo más en la figura. Es un oficio de paciencia, de escucha, de sensibilidad.

"El barro responde de maneras sutiles: a veces se quiebra, a veces se estira, a veces se revela lento". asevera Maria. Su taller, Can Bernadinau, en la calle Jaume I de Sa Cabaneta, es un lugar que invita a quedarse: estanterías repletas de piezas en distintos estados de cocción, herramientas dispuestas con cuidado, polvo de barro que parece cielo minúsculo sobre las superficies. Allí, Maria trabaja durante todo el año, dando forma al barro, modelando, corrigiendo, inventando.

Decoraciones navideñas artesanales en una plaza con árbol y figuras.
Siurells elaborados por Maria Amengual. | Autor: J. Fernández Ortega.

Pero durante los días del mercado, su actividad cambia de tono. Aquí no moldea; aquí termina, pinta, remata, conversa con quienes se acercan, cuenta historias detrás de cada figura. “Antes, el siurell tenía una función utilitaria: era ornamento, sí, pero también tenía un silbato que los niños usaban, que se integraba en juegos y celebraciones. Ahora la gente lo ve como símbolo, como recuerdo, como parte de nuestra cultura. Eso también es importante”, explica.

Figuras artesanales navideñas en la plaza mayor
Siurells de Maria Amengual. | Autor: J. Fernández Ortega.

CARME GARCÍA: PASIÓN ENTRE PASTORETS

Si el trabajo de Maria evoca la calma de un ritual antiguo, el de Carme García es celebración y entrega, como un canto prolongado. Carme, de Alcúdia, lleva 34 años dedicándose a las figuras de pastorets y belenes, y 33 años viniendo al mercado navideño de la Plaça Major de Palma. Su puesto es un estallido de color y formas: escenas de la natividad, pastores, animales, familias completas.

Mujer sonriendo entre artesanías navideñas en un mercado.
Carme Garcia. | Autor: J. Fernández Ortega.

Carme recibe a quien se acerca con la familiaridad de quien ha vivido décadas de Navidad entre manos y pintura. Su voz es directa, franca, cargada de experiencias que la han llevado de un primer intento fallido a una maestría reconocida. “Empecé casi por casualidad”, recuerda con una sonrisa. “Participé en un concurso de belenes y, aunque mis primeras figuras fueron horribles, recibí el tercer premio. Eso me picó. Empecé a practicar, a probar, y al final esto se convirtió en mi vida”.

Aprendió sola, sin maestro, guiada por la práctica constante y un amor innegable por el oficio. “Lo hice porque me gustó, y porque me obsesioné con hacerlo bien”, dice. Y esa obsesión, lejos de arrebatarle placer, se ha convertido en la fuente más profunda de su satisfacción. Carme trabaja largas jornadas, sin sábados ni domingos libres, sin pausas entre octubre y enero. Modelar, secar, pintar: cada nacimiento exige horas de dedicación, a veces más de dos por pieza, sin contar la preparación previa ni el cuidado posterior.

Artesanías navideñas en una exposición en la plaza mayor
Molins elaborados por Carme Garcia. Autor: J. Fernández Ortega.

Un nacimiento puede tardar dos horas y media si lo haces con práctica. Si lo intenta alguien sin experiencia, quizá una semana… y aún así no quedará igual”, comenta con una risa suave, orgullosa de su oficio. Y la demanda, asegura, no ha dejado de crecer. Hace quince años, admite, la artesanía vivió momentos complicados, con demasiados productos de plástico y poco interés por lo hecho a mano.

Ahora, sin embargo, la situación ha cambiado. “La gente joven compra belenes no porque sea tradición familiar estricta, sino porque siente que aporta algo especial a sus hogares, a su decoración, a su Navidad”.

Mujer señalando artesanías en un mercado navideño
Zaida Campomar (hija de Carme) atendiendo a visitantes. | Autor: J. Fernández Ortega.

ANTÒNIA CAMPANER: OFICIO FAMILIAR

A pocos pasos, entre la multitud que se detiene a contemplar figuras nacidas de manos humanas, está Antònia Campaner, que lleva 31 años dedicándose a las figuras navideñas. Como las otras dos artesanas, Antònia ha hecho de su trabajo una forma de entender la vida: ceremonia, ritmo y sensibilidad.

Su puesto sorprende por su coherencia: cada pieza parece haberse decidido con calma, con un porqué interno que solo la experiencia puede dictar. Pastorets, escenas completas, personajes que parecen mirarte con expresión propia.

Mujer mostrando una figura artesanal en una feria navideña.
Antònia Campaner. | Autor: J. Fernández Ortega.

Antònia también trabaja con su familia: su marido y otros parientes la acompañan en las tareas que van desde la preparación hasta la organización del taller. Es una labor que se aprende en casa, entre conversaciones y manos compartidas, un testimonio de cómo la artesanía sigue siendo un vínculo generacional.

“La tradición, para mí, no es solo repetir formas antiguas. Es aprender el valor de lo que hacemos, el significado que cada figura tiene para quien la recibe”, dice. “No es solo barro y pintura. Es memoria, es algo que se queda con la gente”.

Mujer pintando figuras artesanales en un mercado navideño
Antònia Campaner pintando una figurita del Rey. | Autor: J. Fernández Ortega.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PUNTO DE ENCUENTRO

Las tres coinciden en algo fundamental: lo artesanal no tiene sustituto. Maria lo expresa sin rodeos: “La inteligencia artificial puede hacer muchas cosas, pero no puede sentir. Y las figuras necesitan sentimiento”. Carme añade: “Cuando tú haces veinte figuras en una impresora 3D, salen todas iguales. Lo nuestro no. Lo nuestro tiene alma”. Antònia completa la idea: “La gente lo nota. Lo valora. Y por eso seguimos aquí”.

Figuritas de artesanos en un mercado navideño con productos típicos.
Figuritas de Antònia Campaner. | Autor: J. Fernández Ortega.

Por otro lado, el mercado navideño no es solo un espacio de venta: es un lugar donde se cruzan generaciones, donde se transmite tradición, donde se conversa. Donde estas tres artesanas no solo ofrecen su trabajo, sino una parte de su vida. La experiencia del visitante también se transforma: quien compra una figura hecha a mano está adquiriendo historia, tiempo, dedicación, una pieza que probablemente pasará de mano en mano durante años.

Y esa es, para ellas, la mejor recompensa. Al final de la conversación, las tres coinciden en un mensaje común: “En Navidad —y durante todo el año— regalad artesanía.” No solo un objeto, dicen. Sino el amor, el tiempo, el esfuerzo y la tradición que lleva dentro. En un mundo cada vez más rápido, más digital y más homogéneo, figuras como las suyas recuerdan algo esencial: lo hecho a mano sigue teniendo un valor insustituible. Y mientras haya artesanas como Maria, Carme y Antònia, la Navidad en Palma seguirá teniendo alma.

Figura artesanal navideña decorativa en la plaza mayor
Autor: J. Fernández Ortega.
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