Las empresas y equipos profesionales interesados disponen de plazo hasta el 9 de febrero, a las 23.59 horas, para presentar sus propuestas. La APB ha optado por un modelo de selección restringida, con el objetivo de acotar el número de participantes y garantizar un alto nivel técnico en las propuestas.
En esta primera fase, el organismo portuario seleccionará cinco candidatos, de acuerdo con los criterios objetivos establecidos en el Pliego de Cláusulas Administrativas Particulares, que valoran especialmente la solvencia, la experiencia y la trayectoria acreditada de los equipos. Sólo estos cinco aspirantes pasarán el primer corte y serán invitados a desarrollar los anteproyectos que servirán de base para definir el futuro del puerto.
DOS MILLONES PARA DEFINIR EL FUTURO DEL PUERTO
El valor total del contrato asciende a 2.184.857,20 euros. De esta cantidad, 500.000 euros se destinarán a remunerar a los cinco proyectos que superen el primer corte del proceso de selección, con 100.000 euros para cada uno. Los 1,6 millones restantes quedarán reservados para el desarrollo completo del Plan Maestro por parte del equipo finalmente adjudicatario.

La APB primará especialmente la experiencia y trayectoria de los concursantes, en una clara apuesta por firmas con bagaje en grandes operaciones portuarias y de integración urbana. Además, el organismo se reserva el derecho de incorporar ideas o propuestas de los otros cuatro equipos finalistas al proyecto definitivo, una fórmula que busca aprovechar el máximo caudal de soluciones técnicas e innovadoras.
SOSTENIBILIDAD Y FUNCIONALIDAD
Los pliegos de la licitación dejan clara la orientación del proyecto. Los criterios de valoración priorizan la sostenibilidad ambiental, la funcionalidad portuaria y, sobre todo, la integración del puerto en la ciudad, una premisa que la Autoridad Portuaria considera clave tras décadas de separación física y funcional entre el recinto portuario y Palma.
En esta fase inicial, el proyecto se encuentra en el estadio de selección de candidatos y elaboración de anteproyectos, que deberán desembocar en la redacción de un Plan Maestro y una propuesta de Ordenación Urbanística, incluyendo proyectos básicos para la transformación de los Muelles Comerciales y del frente portuario de Levante.

El objetivo declarado es claro: abrir el puerto a la ciudad sin renunciar a su papel económico y logístico, redefiniendo usos, flujos y espacios para compatibilizar actividad portuaria, economía productiva, turismo y vida urbana.
HASTA 2035
Aunque la licitación corresponde únicamente a la fase de planificación, el Plan Maestro se inscribe en un horizonte temporal largo, que abarca aproximadamente una década.
Según el esquema de trabajo que maneja la APB, 2026 estará dedicado casi en exclusiva a la redacción técnica, estudios de impacto, definición de fases y tramitaciones administrativas. No será hasta el período 2027-2029 cuando comiencen las primeras intervenciones integrales, centradas en la reordenación de tráficos, la concentración de cruceros en el muelle de Poniente y el traslado progresivo de la industria náutica hacia el Dique del Oeste.

Entre 2030 y 2032 se prevé la apertura de los primeros grandes espacios urbanos: la liberación de los muelles Comerciales y del Muelle Viejo, la creación de zonas verdes y paseos, y la implantación de equipamientos ciudadanos, educativos y formativos vinculados al ámbito marítimo. La fase final, entre 2033 y 2035, debería culminar la integración puerto-ciudad y optimizar el nuevo modelo operativo del recinto.
Algunos escenarios incluso sitúan la conclusión total del proyecto en 2036, dada la magnitud de una transformación que afecta a más de 400.000 metros cuadrados de dominio portuario.

OPERACIÓN DE GRAN CALADO
Más allá de planos y calendarios, la reforma del Puerto de Palma plantea equilibrios delicados. El Plan Maestro no entra a resolver debates de fondo como el modelo de cruceros o el volumen de actividad turística, pero sí fija el marco físico y funcional sobre el que se tomarán esas decisiones en el futuro.
También está en juego la relación con sectores estratégicos como la náutica industrial, que acepta la reordenación siempre que vaya acompañada de inversiones reales y garantías de viabilidad, y con la propia ciudad, que aspira a recuperar su frente marítimo sin asumir los costes de una transición larga y compleja.

Con la publicación de esta licitación, la APB no presenta todavía una obra, sino una hoja de ruta. Pero es una hoja de ruta que marcará el Puerto de Palma durante la próxima década y que condicionará, en buena medida, cómo se relacionan Palma, su puerto y su economía en el futuro.
La clave, como coinciden técnicos y sectores implicados, no estará solo en el diseño del Plan Maestro, sino en cómo se ejecuta, a qué ritmo y con qué consensos. Porque el verdadero reto no es dibujar el puerto del mañana, sino hacerlo posible sin romper los equilibrios del presente.








