Auge de la derecha en Aragón y desplome histórico del PSOE

Las elecciones autonómicas en Aragón de este 8-F dejan un paisaje político que confirma un cambio en la correlación de fuerzas de la Comunidad: el centroderecha ya no es sólo dominante, sino que empieza a condicionar el rumbo institucional sin depender exclusivamente del bipartidismo tradicional. El Partido Popular (PP) ha vuelto a ganar las Cortes de Aragón con 26 escaños, aunque con dos menos que en 2023, y sin mayoría absoluta.

El fenómeno más relevante de la noche es el ascenso imparable de Vox, que duplica su representación, pasando de 7 a 14 diputados, y se convierte en pieza clave de cualquier mayoría de gobierno. Esa irrupción de la derecha a la derecha del PP transforma una victoria de Jorge Azcón en una realidad política donde la extrema derecha no sólo crece, sino que impone la agenda y condiciona las alianzas para formar gobierno. A la vista del resultado, adelantar elecciones para prescindir de Vox se revela como un error de Azcón, en cuya campaña también sorprendió -y no parece que el electorado lo premiara- el hecho de recurrir a un personaje como Vito Quiles en el cierre de campaña popular.

Mientras tanto, el PSOE atraviesa un nuevo batacazo electoral que reconfigura su papel en Aragón. Con 18 escaños, los socialistas igualan su peor resultado histórico en esta autonomía, replicando cifras de hace más de una década y consolidándose como fuerza debilitada en un territorio que fue tradicionalmente su bastión.

Con 18 escaños, los socialistas igualan su peor resultado histórico en esta autonomía

En Aragón se constata el desplome continuado del proyecto socialista en los territorios, donde la política de Pedro Sánchez es ampliamente rechazada por un electorado cansado de la retórica frentista que erosiona la marca PSOE más allá de sus propias gestiones autonómicas. El planteamiento de responsabilidad de la exministra portavoz del Gobierno de Sánchez, Pilar Alegría, tras el escrutinio —reconociendo la caída y culpando al PP por el adelanto electoral— no oculta la evidencia de que los socialistas han perdido músculo y tocan fondo como fuerza alternativa de gobierno.

Este resultado en Aragón se inscribe en una tendencia más amplia en el mapa político español, donde las fuerzas de derecha y ultraderecha capitalizan la frustración ciudadana ante la falta de propuestas creíbles de izquierda y centro-izquierda. La fragmentación del espacio progresista y la absorción de voto por opciones más radicales o regionalistas complican una reconstrucción que, de no producirse, condenará al PSOE a un rol secundario prolongado durante bastantes años.

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