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Sí, lo tengo que reconocer; lo voy a reconocer: estoy hasta los mismos cataplines de las llamadas telefónicas intempestivas, impertinentes e inapropiadas que recibo diariamente en mi aparato móvil. Me parecen un acto de intromisión indebida en lo más hondo de mi personal e intransferible intimidad. Queda dicho. Se encuentra
Efectivamente: ya vuelve a ser Navidad. Esto no hay quien lo haga desaparecer ni con agua caliente. Un año tras otro, ininterrumpidamente, se sucede este encadenamiento de fiestas bautizadas, con un tópico subido, como “entrañables”. La sociedad (básicamente, la occidental) celebra durante estas fechas iniciales del solsticio de invierno un
El último día del mes de noviembre del año en curso, 2019, se celebró en la ciudad de Igualada, comarca de l’Anòia, Catalunya, a unos sesenta kilómetros de la capital catalana, la gala de clausura y entrega de premios del Festival Zoom dedicado a formatos televisivos. El citado evento, en
Tengo por muy curioso el hecho de celebrar fiestas, barnizadas a fondo, de una religiosidad a prueba de bomba y, a su vez, despojarlas de toda pintura que represente los valores religiosos; en nuestro caso, tierras del llamado Occidente, se trataría de valores cristianos. Las cosas han llegado a este
La voz del pueblo califica como impaciente a quien carece de paciencia. Habitualmente, aquello que define el vulgo, con una serenidad impactante, suele ser de un “perogrullo” que tira de espalda. La comunidad social no está para filigranas fílosóficas o semánticas y va a lo seguro: impaciente es aquel que
Un día de la semana pasada, un viernes cualquiera, realicé una incursión al mundo de la cultura de primer orden; doble ración de arte en una sola jornada: por la mañana, pintura, Claude Monet; por la tarde, fotografía, Leopoldo Pomés. Dos genios, cada uno en su propia genialidad. Qué decir
Regreso a Madrid, después de unos cuantos meses de ausencia. Lo primero que me llama la atención al salir de la estación de Atocha (preciosa remodelación de los antiguos andenes; ejemplo de cómo una instalación obsoleta desde el punto de vista práctico se puede, inteligentemente, convertir en un espacio estéticamente
Cuando este escrito aparezca a la luz (el próximo miércoles día 13 de noviembre -mi aniversario, por cierto, gracias- si Dios quiere), hará ya más de cuarenta y ocho horas que los resultados de las últimas elecciones al Congreso y al Senado españoles serán ya conocidos y supermachacados por todos
Por si ustedes, amables lectores, no lo sabían, un servidor ha estudiado tres veces seguidas la carrera de meteorología. Y -como muchos de ustedes, pillines habrán malpensado- no he cursado esta carrera las tres susodichas veces a causa de mi mala práctica estudiantil, ni de mi pereza consubstancial, ni de
Henos, ahí, zambullidos de pleno en la época otoñal; en esté período incómodo que transcurre grisáceo entre el traje de baño, los pies de pato y el arpón antibesugos… y el cocido, los calcetines de lana y los turrones. Como todas las transiciones, la estación que denominamos otoño es sumamente
He oído decir, alguna vez, que para escribir correctamente (y también para asesinar con pulcritud) hay que tener el corazón tranquilo y la mente fría. Hoy -y lo siento mucho- no es mi caso: tengo el corazón ardoroso y la mente calenturienta, caldeada, abrasadora. Hace cinco días que diversas pandillas
En acabando de regresar de mi vigésimo periplo por (prepárense, que les lanzo un par de tópicos para que se queden tranquilos) “la Gran Manzana” o “la ciudad de los rascacielos”, oséase, Nueva York, me veo en la obligación de ilustrarles sobre una de entre las mil curiosidades que ofrece