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Ca ses monges y el equilibrio social

viernes 04 de octubre de 2019, 08:37h

Publica hoy un sugerente estudio el rotativo El País acerca de la distribución territorial de la escuela pública, concertada y privada en todas las comunidades españolas, ligando ese dato a la renta de las familias de la zona y a las del centro en particular. El trabajo no contempla, como es natural, la totalidad de colegios, con lo que sus resultados son obviamente parciales, pero suscita interesantes reflexiones, más allá del enfoque que le otorga la línea editorial del diario, que obviamente está presente en sus conclusiones.

Pero el dato que llama poderosamente la atención a cualquier observador de la realidad balear es el de que, mientras en el resto de las comunidades la distribución de la red pública, la concertada y la privada sobre el territorio sigue un cierto patrón de rentas -más presencia porcentual de la pública en las zonas más desfavorecidas-, dando como resultado un diagrama de barras más o menos inclinado, en el caso de Balears ocurre que donde más porcentaje de centros concertados existe es, oh sorpresa, en las zonas más desfavorecidas, lo que provoca un diagrama extremadamente plano en todos los tramos en comparación con el resto de comunidades.

Obviamente, la escuela de pago se acumula, como en el resto de España, en las áreas más acomodadas.

Esta peculiar distribución territorial de la escuela concertada en nuestra comunidad tiene en gran parte su explicación en la enorme obra social que algunas congregaciones religiosas -principalmente femeninas- fundaron en Mallorca hacia mediados o finales del siglo XIX, sobre todo en nuestra Part Forana y para la escolarización de niñas, y que ya en la siguiente centuria se asentó en las barriadas obreras de Palma, que iban surgiendo a remolque del boom turístico. Todas esas escuelas -que hoy son, lógicamente, mixtas-, llevan décadas trabajando duro en áreas de verdadera emergencia social con los colectivos más desfavorecidos y desarrollando una encomiable labor en favor de la igualdad de derechos.

Balears tiene, pues, una deuda impagable con esas congregaciones religiosas, que han contribuido decisivamente a equilibrar mínimamente nuestra sociedad y que se hallan en tránsito de desaparecer debido a los cambios culturales que han desembocado en una irreversible sequía vocacional. Cualquier pueblo de nuestra isla conserva, sin embargo, la huella histórica de esa obra social que en casi todas partes se conoce por la denominación popular de Ca ses monges.

Hoy las congregaciones y órdenes religiosas masculinas y femeninas están dando paso a nuevas formas de preservar esa obra, como las fundaciones, pero su función social y educativa es exactamente la misma que la que dio sentido a su nacimiento hace ciento cincuenta años. Sería bueno que lo recordáramos cuando determinados grupos políticos saquen a pasear sus prejuicios en contra de la escuela concertada.

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