Remedios

El calambre no ahoga. Ahoga lo que se hace con él

España cerró 2025 con 472 muertes por ahogamiento y 241 ocurrieron en playas. El espasmo dura de segundos a minutos: la respuesta correcta cabe en tres movimientos.

Hombre en el agua levantando la mano en señal de auxilio
Un hombre lucha por mantenerse a flote en el agua. Esta imagen ilustra el riesgo de ahogamiento.

España cerró 2025 con 472 muertes por ahogamiento y 241 ocurrieron en playas. El espasmo dura de segundos a minutos: la respuesta correcta cabe en tres movimientos.

Un calambre en el agua es un músculo que se contrae y no se suelta. No es una lesión, no corta la respiración y no impide flotar. Lo que ahoga es lo que hace el bañista en los diez segundos siguientes: girarse hacia la orilla, nadar más fuerte, tragar agua. España cerró 2025 con 472 muertes por ahogamiento no intencional, según el Informe Nacional de Ahogamientos (INA) que elabora la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo, y 241 de ellas —más de la mitad del total— se produjeron en playas. Es el segundo peor año de toda la serie, solo por detrás de 2017.

El músculo se suelta solo. El pánico, no.

POR QUÉ SE CONTRAE EL MÚSCULO

La explicación que todo el mundo repite —falta de sales, deshidratación, el plátano que no te comiste— es la que peor sostiene la evidencia. Cuatro estudios prospectivos de cohorte no encontraron relación entre las concentraciones séricas de electrolitos, el estado de hidratación y la aparición de calambres en corredores de fondo.

La hipótesis que hoy maneja la fisiología del ejercicio es otra. Martin Schwellnus la formuló en 1997: el calambre asociado al ejercicio nace de un desequilibrio entre el estímulo excitatorio de los husos musculares y el freno inhibitorio de los órganos tendinosos de Golgi sobre la motoneurona alfa. Traducido: el músculo fatigado deja de recibir la orden de relajarse.

Por eso el calambre aparece cuando aparece. Tras veinte minutos nadando sin haber nadado en once meses. Con el pie en flexión plantar mantenida —la punta estirada— que acorta el gemelo hasta el límite. En agua a 19 grados, con el músculo frío y el aporte sanguíneo reducido. Y casi siempre en el gemelo, en la planta del pie o en el isquiotibial.

El plátano llega tarde.

LOS TRES MOVIMIENTOS DE LOS PRIMEROS SEGUNDOS

Primero: dejar de nadar y ponerse boca arriba. No hacia la orilla, no hacia la boya. Boca arriba, cabeza atrás, orejas dentro del agua, brazos abiertos en cruz. Los pulmones llenos funcionan como flotador y el agua salada aporta empuje adicional. Un cuerpo humano relajado flota; uno que patalea, no.

Segundo: estirar. Con la mano, no con el propio músculo. El estiramiento pasivo es la única maniobra con respaldo consistente para cortar un calambre en curso, y actúa en segundos, no en minutos.

Tercero: avisar antes de necesitarlo. Un brazo levantado y agitado lateralmente es la señal reconocida de auxilio en el medio acuático. Se hace mientras aún se puede, no cuando ya no se puede.

Gemelo y planta del pie

Rodilla estirada. Se agarran los dedos del pie con la mano del mismo lado y se tira hacia la espinilla. Si no se llega, se dobla la rodilla, se alcanza el pie y después se vuelve a estirar la pierna manteniendo la tracción.

Isquiotibiales

Pierna recta hacia la superficie, tronco flexionado hacia ella. La posición se parece a sentarse en el agua. Incómoda, eficaz.

Cuádriceps

Rodilla doblada hacia atrás, talón hacia el glúteo, mano sujetando el tobillo. Aquí conviene ayudarse con el otro brazo para mantener la flotación.

Después, regreso a la orilla nadando de espaldas y con la pierna afectada pasiva, propulsando solo con brazos. El calambre suele reproducirse en el mismo punto durante la hora siguiente.

LO QUE NADIE EXPLICA: NO VAS A PODER GRITAR

La imagen del bañista que chapotea y pide socorro pertenece al cine. La respuesta instintiva de ahogamiento, descrita por el investigador estadounidense Francesco A. Pia, funciona al revés: el sistema respiratorio prioriza respirar sobre hablar, la boca alterna por encima y por debajo de la superficie, y los brazos presionan hacia abajo de forma refleja para elevar el cuerpo. No hay voz. No hay gesto voluntario.

Y hay poco tiempo. Pia cifró en entre 20 y 60 segundos el margen en el que una persona logra mantenerse en superficie antes de sumergirse. Un socorrista entrenado reconoce esa escena a distancia. Un bañista de al lado, casi nunca.

SI EL CALAMBRE ES DE OTRO

No entrar a nado. La estadística del INA es explícita sobre dónde falla el sistema: 220 muertes se produjeron en lugares sin servicio de socorrismo y otras 200 en espacios que sí lo tenían pero sin vigilancia activa en ese momento. Frente a 52 con servicio operativo.

El protocolo es tierra primero. Avisar al socorrista o llamar al 112. Lanzar cualquier objeto que flote: una tabla, una nevera portátil vacía, un flotador. Si hay que entrar, se entra con algo que flote entre la víctima y el rescatador, nunca con las manos vacías.

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