El pie de atleta no se coge tumbado en la toalla. Se coge de pie, descalzo, en los treinta segundos que dura un enjuague en la ducha del chiringuito o al cruzar la pasarela de madera hacia el aparcamiento. La infección la causan dermatofitos —hongos que se alimentan de la queratina de la piel— y afecta hasta a uno de cada cuatro adultos en algún momento de su vida, según la literatura clínica recogida en el Manual MSD. En verano se dispara porque el calor, el sudor y el calzado cerrado reproducen dentro del zapato exactamente lo que el hongo necesita: humedad constante y temperatura estable.
Lo que nadie explica en los folletos de prevención es que el problema no es el agua. Es el suelo mojado que otros pisaron antes.
DÓNDE ESTÁ EL CONTAGIO REAL
Los dermatofitos sobreviven sobre superficies inertes —baldosas, tarima, textiles— durante semanas si hay humedad. Caminar descalzo por esas zonas es la vía principal de transmisión, no el contacto directo entre personas.
Los datos de entornos acuáticos lo confirman. Un estudio sobre 169 empleados de 21 piscinas de la zona de Netanya, en Israel, encontró que el 30% tenía tinea pedis y otro 46% la presentaba junto a onicomicosis de las uñas. Entre nadadores de competición griegos, una encuesta transversal publicada en Journal of Fungi situó la prevalencia autodeclarada en el 16%.
En España no hay cifras recientes de población general. El estudio de referencia, publicado en el Journal of Clinical Microbiology en 2000, midió una prevalencia del 2,9% en Madrid —4,2% en hombres y 1,7% en mujeres—. Los datos de laboratorio son más actuales: en Zaragoza, las muestras analizadas entre 2020 y 2023 sitúan la tinea pedis en el 17,5% de todas las dermatofitosis diagnosticadas, con Trichophyton rubrum como agente en algo más de la mitad de los casos.
CÓMO SE RECONOCE
Tres formas clínicas, y no todas pican.
La interdigital es la más común: piel blanquecina, reblandecida y agrietada entre los dedos, sobre todo entre el cuarto y el quinto. La forma en mocasín afecta a la planta y los laterales, con descamación seca y fina que muchos confunden con piel reseca durante meses. La vesiculoampollosa aparece de golpe, con ampollas en el arco plantar, y es la que más se parece a una reacción alérgica.
El olor no es un síntoma fiable. La grieta entre los dedos que no cierra, sí.
LO QUE FUNCIONA PARA NO COGERLO
Chanclas en toda superficie común mojada. Sin excepciones: ducha del chiringuito, vestuario del club náutico, pasarela, borde de piscina.
Secarse entre los dedos, uno a uno, antes de calzarse. El hongo no coloniza piel seca.
Alternar el calzado para que cada par tenga 24 horas de aireado, y descartar los calcetines de algodón que retienen sudor a favor de tejidos técnicos. Un ensayo publicado en 2024 con calcetines de dedos separados combinados con antifúngico tópico obtuvo un 74,2% de curación completa frente al 21,7% del grupo que solo usó la crema.
Y no compartir toallas ni cortaúñas. Parece obvio. Es la vía de transmisión doméstica más habitual entre convivientes.
EL TRATAMIENTO NO FALLA: SE ABANDONA
Los antifúngicos tópicos —terbinafina, clotrimazol, ciclopirox, amorolfina— resuelven la mayoría de los casos en dos a cuatro semanas de aplicación diaria. El problema llega después.
La recaída se explica casi siempre por interrumpir el tratamiento cuando desaparecen los síntomas, no cuando desaparece el hongo. La recomendación clínica estándar es mantener la aplicación entre una y dos semanas más allá de la mejoría visible.
El otro foco de reinfección está en el armario. Al menos el 10% de los pacientes vuelve a infectarse por contacto con sus propios calcetines, según la literatura recogida por Medscape. Lavado a alta temperatura y limpieza periódica del calzado deportivo.
Los antifúngicos orales quedan para casos extensos, resistentes o con afectación ungueal, y requieren prescripción: tienen efectos adversos hepáticos e interacciones que un farmacéutico no puede valorar en el mostrador.
UN HONGO QUE YA RESISTE A LA TERBINAFINA
Trichophyton indotineae apareció en el subcontinente indio a mediados de la década pasada y ha llegado a Europa. Hay casos notificados en Francia, Suiza, Grecia, Dinamarca, Italia, Reino Unido y Alemania.
Su particularidad: la resistencia a terbinafina alcanza hasta el 75% de los aislados. El estudio nacional belga de 2022-2023 la detectó en el 87,5% de las cepas de esta especie, siempre asociada a mutaciones del gen SQLE. No hay brotes en España, pero un pie de atleta extenso que no responde a cuatro semanas de tratamiento correcto ya no es solo una cuestión de mala adherencia.
Si la lesión no mejora en cuatro semanas, pedir cultivo micológico antes de repetir el mismo principio activo. El diagnóstico clínico a ojo falla en un porcentaje alto de casos y confunde tinea pedis con eczema dishidrótico o psoriasis plantar.
Vigilar las uñas. La onicomicosis se instala después del pie de atleta y multiplica por meses la duración del tratamiento.
Y revisar los pies de quien convive contigo: la reinfección cruzada dentro de casa deshace cualquier tratamiento individual.





