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Nombres de las calles y problemas reales de los ciudadanos de Palma

miércoles 24 de marzo de 2021, 00:00h

Menos de 24 horas ha tardado el Ayuntamiento de Palma en sustituir las placas de las calles con nombres "franquistas" por las nuevas, con nombres acordes con la Ley de Memoria Histórica. Cort ha demostrado una inusitada diligencia en esta operación, no exenta de polémica.

El ruido ha traspasado las fronteras de la comunidad y ha alcanzado a sectores que van más allá de la política; sectores desde los que se ha recordado al equipo de gobierno encabezado por José Hila lo poco que tienen que ver con el franquismo nombres como los de los almirantes Churruca, Gravina o Cervera, destacados militares españoles en las contiendas de Cuba y de Trafalgar, muy anteriores al franquismo. Se escuda Cort en que con sus nombres se bautizaron navíos del bando sublevado en el 36 o, más burdamente, que la intención de nombrar estas calles con estos nombres era la de "militarizar la ciudad". Sobre la retirada del nombre a la calle Toledo -capital del sincretismo cultural y religioso, además de patrimonio histórico de la humanidad- poca justificación se ha dado y, tras las quejas de la alcaldesa socialista de la capital castellano-manchega, parece que el equipo de Hila estaría dispuesto a reconsiderar el cambio.

La polémica ha saltado al ámbito nacional, ridiculizando en muchos casos la escasa visión política y la nula solidez cultural de quienes representan institucionalmente a Palma. Lo que debería preocupar, sin embargo, a los ciudadanos de la capital balear no son tanto estos fuegos de artificio, escenificados para contentar a una pequeña parte de la sociedad palmesana, como la inoperancia ante otros muchos temas de mayor trascendencia que se producen en medio de la terrible crisis sanitaria y económica que sacude nuestra tierra, y para los que no se aplican la diligencia ni la disponibilidad presupuestaria mostradas en el cambio de placas de las calles.

Cort debería volcar todos su esfuerzos en atender el problema de salud, ayudar a los negocios, asistir las urgencias de los más vulnerables y velar por la estabilidad emocional de unos ciudadanos agobiados por demasiados problemas. Nada que no sean estos asuntos debería tener cabida en la preocupaciones de quienes están al frente de las administraciones. No es momento ni para el cambio del nombre de calles ni para instalar contadores de árboles, como no lo es para presentar mociones de censura en las instituciones o adelantar elecciones. En plena pandemia, cuando están en juego la salud y la economía del país, quienes dirigen las administraciones deberían centrarse en atender los problemas reales de los ciudadanos; algo que, al margen de lo grotesco del asunto, se ha echado de menos en este último episodio protagonizado por Cort.


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