Detenido un hombre por estafas en alquileres de pisos con un mismo modus operandi. La investigación, llevada a cabo por el Grupo de Delincuencia Económica y Delitos Tecnológicos, reveló que el detenido ya había sido arrestado en marzo de este mismo año por hechos prácticamente idénticos, con el mismo patrón de actuación.
El método era tan sencillo como perverso: un anuncio colgado en una plataforma digital de alquiler, con un precio ligeramente por debajo del mercado —lo justo para resultar atractivo sin despertar sospechas—, y una víctima al otro lado de la pantalla dispuesta a creer en la posibilidad de encontrar un piso en la isla.
EL ANZUELO
Una vez que las víctimas contactaban con él a través de la plataforma, el investigado las derivaba a WhatsApp, donde les explicaba que el inmueble estaría disponible en unos quince días, cuando finalizara el contrato de los inquilinos actuales. Para ganarse su confianza, enviaba fotocopia de su documentación y prometía formalizar el arrendamiento en una gestoría, dando toda la apariencia de legalidad que el engaño requería.
En el encuentro presencial, mostraba vídeos y fotografías de la vivienda y proponía firmar un contrato de reserva. Este exigía una primera entrega de entre 300 y 375 euros. Un importe lo suficientemente modesto como para no alarmarse, pero lo bastante significativo como para comprometer emocionalmente a la víctima con el proceso.
FIANZA, MENSUALIDAD Y DESAPARICIÓN
Cuando se acercaba la fecha de entrega de llaves, el presunto estafador solicitaba el abono del resto. 1.125 euros en concepto de fianza y primera mensualidad, pagaderos por Bizum o en efectivo. Para ello presentaba un contrato de arrendamiento con aspecto legal y con el nombre de ambas partes. La trampa estaba completa.
A partir de ese momento, el silencio. Sin respuesta a llamadas, sin contestación a mensajes de WhatsApp. Las víctimas, que habían confiado en un proceso que parecía riguroso y transparente, descubrían demasiado tarde que el piso no existía como suyo, y que el dinero había desaparecido junto con el hombre que prometía entregárselo.
INTIMIDACIÓN Y COACCIONES
El caso más grave documentado por los investigadores tiene un componente especialmente inquietante. El detenido llegó a amenazar a una de sus víctimas con que, si interponía denuncia ante la Policía, podría tener problemas para regularizar su situación en España. Una coacción que apuntaba directamente a la vulnerabilidad de personas en situación administrativa irregular. Utilizaba el miedo como instrumento para garantizar la impunidad.
Pese a las amenazas, las denuncias llegaron. Y con ellas, la investigación que ya le había llevado a ser detenido una primera vez en marzo. Localizado de nuevo por los agentes, el presunto autor fue detenido y puesto a disposición judicial.








