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Diputados de circunscripción única

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 16 de marzo de 2021, 04:00h
De entre los varios problemas que presenta el actual sistema electoral, uno de ellos es la pérdida de perspectiva de conjunto. Pues al elegirse los diputados por circunscripciones territoriales, las campañas, los discursos y, por tanto, la identificación de los problemas sociales, y la propuesta de soluciones, se construyen únicamente en clave local.

De esta forma, por ejemplo, en el caso de Baleares ha calado, en determinados sectores, la idea de que los ocho diputados provinciales son pocos para influir en un Congreso de trescientos cincuenta. Una reflexión, que no considera ni la calidad de las propuestas, ni responde a los principios básicos del constitucionalismo. Pues como ya señaló Edmund Burke en los albores del nacimiento del Estado Liberal, el parlamento no puede ser un congreso de embajadores que defienden intereses distintos, contrapuestos u hostiles. Intereses que se sostienen como agente y abogado, contra los otros agentes y abogados; sino que debe ser una asamblea deliberante de una nación, con un interés: el de la totalidad; donde deben guiar, no los intereses locales, sino el bien general que resulta de de la razón general del Estado.

Dicho en otras palabras, la elección de los diputados exclusivamente por circunscripciones provinciales ha actuado erosionando la idea de nación y del bien común que la debe guiar. Para resaltar los aspectos del juego político tipo suma cero. Lo que, con frecuencia, lleva a resaltar las incompatibilidades y los intereses contrapuestos de las distintas regiones. Además, cuando a todo esto se le añade las listas cerradas confeccionadas a través de relaciones informales sin luz ni taquígrafos y una férrea disciplina de partido, el resultado, poco a poco, se convierte en una falta de representatividad.

Como la ley electoral balear está copiada de la nacional, el mismo fenómeno se replica a nivel autonómico, ya que aquí los diputados son elegidos exclusivamente por su circunscripción insular. Lo que, a buen seguro, ha dificultado mucho avanzar en el concepto de Comunidad Balear con los problemas de todo orden que la ausencia de ese marco comporta. Al tiempo que ha conducido a aceptar absurdos tan difíciles de explicar, por ser contrario a los principios elementales, como tener cuotas territoriales de consellers, o la imposibilidad de contar con un president no-mallorquín. Dicho en otras palabras, en Baleares llevamos cuarenta años aceptando que el lugar de nacimiento sí tiene una influencia esencial en la carrera de nuestros políticos.

Por todo ello, contar con diputados de circunscripción única (española o balear), junto a los actuales territoriales, nos daría otra dimensión de la acción política de la que estamos muy necesitados. Pues pensemos que un candidato de Baleares tendría que hacer campaña, no sólo aquí, sino también en Asturias, Toledo, Gran Canaria, etc. O de igual forma, a nivel autonómico, un candidato de residente en Mahón tendría que emplearse a fondo también
en Sa Pobla o en Sant Antoni.

Como nuestra actual ley electoral autonómica contiene disfunciones de gran magnitud, quizás es un buen momento para comenzar a reflexionar, desde nuestro archipiélago, sobre aquello que no está funcionando bien en materia política para, en un proceso de regeneración y puesta al día, poder mejorar la toma de decisiones colectivas. Pues no tenemos que olvidar que el interés y los incentivos que mueven a cada uno de nuestros políticos están directamente vinculados con sus mecanismos de selección y elección.
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