El sector turístico español ha vivido en 2010 su particular annus horribilis, marcado por una conjunción de acontecimientos negativos que han puesto a prueba la fortaleza de las empresas y su capacidad para remontar no sólo una de las peores crisis que se recuerdan, sino una racha de mala suerte en la que han cabido tanto medidas de ajuste extremas pero previsibles en un contexto económico sin precedentes, como imponderables que ni los más viejos del sector hubieran podido esperar. Esta es la cronología de doce meses que pasarán a la posteridad como uno de los periodos más difíciles de la historia turística en España. - Enero. La crisis arrecia. El año comenzó sin apenas haber digerido el bajón en la llegada de turistas internacionales de 2009, 52,3 millones, un 8,7% menos según datos de Turespaña. Las proyecciones desfavorables sobre la temporada baja se cumplen: de enero a marzo el mercado británico cae un 7,8% y el alemán, un 1,9%. Sólo los mercados secundarios y los emergentes aguantan el tipo. Nadie se atreve a pronosticar qué ocurrirá en temporada alta. - Abril. Un volcán interrumpe el tráfico aéreo en Europa. El volcán islandés Eyjafalla entró en erupción en marzo, pero fue en abril y mayo cuando su ceniza se extendió por el cielo europeo y hubo que cerrar el tráfico aéreo. Entre el 15 y el 21 de abril los retrasos y cancelaciones afectaron a 100.000 vuelos y a más de un millón de pasajeros. En la segunda oleada, el 24 de mayo, se anulan 5.000 operaciones. En Europa las pérdidas se calculan en 2.146 millones de euros sobre el PIB y a nivel mundial alcanzan los 5.000 millones. Las pérdidas para el sector turístico español ascienden a 200 millones. (Más información en preferente.com)





