Tiene razón José Ramón Bauzá cuando dice que él también está indignado y por eso se metió en política y también la tiene el joven que le ofreció su bocadillo, porque está en paro, pero, como él mismo ha reconocido “no está por un bocata”. Tal vez compartir sea la clave, compartir los verdaderos problemas de la calle, descender de las alturas y legislar para los ciudadanos de a pie, hacer política para solucionar los problemas que de verdad preocupan y ver la vida a ras de suelo y no desde el escaño. Es cierto que si se quiere cambiar algo hay que hacerlo desde la legalidad, luchar con los medios a nuestro alcance por todo aquello en lo que creemos, pero donde toca, en las instituciones de las que nos hemos dotado. Por tanto, ya es hora de pasar a la acción, de crear un partido político que canalice toda esa indignación y lleve sus reivindicaciones al Parlamento y las defienda allí. Ese es el sitio de protestar, de indignarse y de dejar oír la voz de la calle. Las elecciones generales están a la vuelta de la esquina y los candidatos empiezan a coquetear con el movimiento 15-M, en un intento de conseguir más votos. Impedírselo es algo que está al alcance de los que de verdad han luchado por un cambio. El resto es pura utopía.



