Los hechos frente a las opiniones. Es legítimo que cualquier médico tenga una opinión crítica sobre un sindicato. La discrepancia forma parte de una sociedad democrática y también de una profesión tan plural como la nuestra. Sin embargo, cuando se hace balance de una organización, conviene hacerlo desde los hechos y no únicamente desde las convicciones ideológicas.
SIMEBAL lleva décadas defendiendo los intereses profesionales, laborales y retributivos de los médicos de las Islas Baleares. Lo ha hecho con independencia de qué partido gobierna y de quién ocupará la Consejería de Salud. Su único compromiso ha sido siempre con la profesión médica y, en consecuencia, con la calidad de la asistencia que reciben los ciudadanos.
Muchas de las mejoras que hoy se consideran normales no surgieron de manera espontánea. Han sido fruto de largas negociaciones, movilizaciones, recursos judiciales y miles de horas de trabajo de representantes sindicales que, además de ejercer como médicos, dedicaron una parte importante de su tiempo a defender a sus compañeros.
Gracias a esa labor se han negociado mejoras retributivas, se han defendido condiciones laborales más dignas, se ha protegido a profesionales frente a decisiones arbitrarias de la Administración, se ha asesorado jurídicamente a cientos de médicos y se ha contribuido a mejorar aspectos esenciales de la carrera profesional, la estabilidad en el empleo y las condiciones de trabajo.
En los últimos años, SIMEBAL también ha situado en el debate público problemas que durante demasiado tiempo fueron ignorados: el déficit de médicos, la sobrecarga asistencial, las dificultades para atraer y fidelizar especialistas en Baleares, el deterioro de la Atención Primaria, la necesidad de reconocer la singularidad de la profesión médica y la importancia de garantizar unas condiciones laborales compatibles con una asistencia sanitaria de calidad.
Quienes hoy disfrutan de esas mejoras, incluso aquellos que nunca han compartido el modelo sindical o que han mantenido una posición crítica hacia él, también se benefician de los acuerdos alcanzados. Los derechos colectivos tienen esa característica: alcanzan a todos, con independencia de que hayan participado o no en su consecución.
Un sindicato no puede medirse por la simpatía que despierte ni por la unanimidad de las opiniones que genere. Debe medirse por su capacidad para resolver problemas, negociar acuerdos, defender a los profesionales cuando lo necesitan y mantener una voz independiente frente a cualquier Administración.La crítica siempre es bienvenida cuando pretende construir. Lo que resulta más difícil de sostener es negar una realidad objetiva: durante décadas, SIMEBAL ha sido un actor decisivo en la defensa de la profesión médica en Baleares. Su trayectoria está escrita en convenios, acuerdos, sentencias favorables, mejoras laborales y miles de actuaciones individuales que raramente ocupan titulares, pero que cambian la vida profesional de quienes las reciben.
Las personas pasan, se jubilan o cambian de opinión. Las instituciones permanecen cuando son útiles. Y la utilidad de un sindicato se mide por los derechos que conquista y por la defensa que ofrece a sus profesionales, no por las opiniones, legítimas pero subjetivas, de quienes nunca creyeron en él.Porque, al final, los sesgos influyen en cómo se interpreta la realidad pero los hechos, en cambio, hablan por sí solos. Los datos matan el relato.
Para nosotros es un orgullo, que auténticos y ejemplares líderes de la sanidad pública que se han jubilado recientemente, como son el Dr. Alejandro Adrover y el Dr. Julio Velasco, hayan sido afiliados y hayan mostrado de forma reiterada su agradecimiento a la gran labor de Simebal. Pero lo que mas me emociona es que uno de los grandes popes de la Medicina interna de la sanidad pública, el fallecido Dr. Alfonso Ballesteros, aun estando jubilado y con actividad asistencial en su consulta privada, fue afiliado a Simebal hasta meses antes de su muerte.
Nuestra memoria y nuestro agradecimiento. Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.





