El eclipse total de sol que este miércoles convirtió a Baleares en uno de los escenarios privilegiados para contemplar un fenómeno astronómico excepcional deja, además de imágenes para la historia, una conclusión satisfactoria. El enorme dispositivo de seguridad y emergencias desplegado por las administraciones funcionó.
Durante las semanas anteriores al fenómeno se sucedieron anuncios de planes especiales, refuerzos policiales, dispositivos sanitarios, restricciones de tráfico, controles de acceso y medidas preventivas. La magnitud de los preparativos pudo parecer incluso excesiva en algunos momentos. Afortunadamente, una vez concluido el eclipse, puede afirmarse que el acontecimiento transcurrió sin incidentes graves y que decenas de miles de ciudadanos pudieron disfrutarlo con normalidad y seguridad.
Y precisamente porque no ocurrió nada grave podría cometerse el error de considerar innecesario semejante despliegue. Sería una conclusión equivocada. La prevención se mide también por aquello que consigue evitar. Baleares afrontaba una situación absolutamente extraordinaria, con enormes concentraciones de personas en determinados puntos, desplazamientos masivos por carretera y espacios naturales sometidos a una presión humana inhabitual. Era obligación de los poderes públicos anticiparse a cualquier contingencia.
Especialmente destacable ha sido la coordinación entre el Govern, los consells insulares, los ayuntamientos, la Delegación del Gobierno y los diferentes cuerpos policiales, servicios de emergencias, sanitarios, Protección Civil y demás organismos implicados. Ante acontecimientos de esta envergadura, las competencias administrativas deben quedar en segundo plano frente a un objetivo común: garantizar la seguridad de la ciudadanía y la tranquilidad de todos.
El eclipse será recordado durante décadas por quienes tuvieron la oportunidad de contemplarlo. Que podamos hablar hoy fundamentalmente de la espectacularidad del fenómeno y no de accidentes, emergencias o desgracias constituye también un éxito colectivo.
Hay ocasiones en las que las administraciones merecen una crítica severa. Y otras, como esta, en las que corresponde reconocer un trabajo bien hecho.





