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El extraño caso del federalismo fiscal de Armengol

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 11 de enero de 2022, 06:00h

Armengol dice, junto a su homólogo Ximo Puig, que presentarán una nueva propuesta de financiación autonómica basada en elfederalismo fiscal, esto es, en la mayor corresponsabilidad entre Gobierno y comunidades autónomas. Pero, paradójicamente, también solicitan someter a la Comunidad de Madrid a una armonización fiscal, por supuesto, al alza. Dicho de forma más vulgar, pretende soplar y sorber al mismo tiempo. Se envuelve en la bandera nacionalista reclamando más autonomía, al tiempo que pide disminuir la de la única comunidad que, de verdad, la ejerce.

Desde hace mucho tiempo sostengo la necesidad de que las comunidades gestionen en su totalidad el IRPF. De forma que los electores puedan observar, con total nitidez, que más recursos para los políticos equivale menos para los propios bolsillos. Esta medida introduciría, además, un poderoso incentivo para mejorar la utilización de los fondos públicos. Evidentemente, no se gasta igual cuando hay que pedirle dinero al propio votante, que a un abstracto e indefinido “Madrid”. Por eso, lo del federalismo fiscal me suena muy bien.

Sin embargo, el federalismo fiscal conlleva el que las comunidades puedan competir, no sólo gastando más, sino también administrando mejor, o incluso prescindiendo de gasto político y, por tanto, disminuyendo el dinero que restan de sus salarios e ingresos a sus ciudadanos. Esta fórmula, pues, es absolutamente incompatible con la armonización fiscal. Ambas propuestas están en los extremos opuestos de las opciones hacendísticas.

Entonces, nos podemos preguntar, ¿Por qué la presidenta hace simultáneamente dos propuestas tan contradictorias?, la respuesta es que, siguiendo los incentivos a los que está sometida, su auténtica intención es maximizar su presupuesto y, con él, su poder.

Ciertamente, como decía el francés Colbert, subir los impuestos es un arte parecido al de desplumar a una oca, pues se trata de obtener el mayor número de plumas con el mínimo de graznidos. Ser confuso, poco claro, mezclar conceptos e ideas, decir lo uno y sucontrario en un mismo discurso, no puede estar motivado por otra razón que la de exprimir más a los sufridos contribuyentes baleares sin que éstos lleguen a piar, o que si lo llegan a hacer sea ante Ayuso, aunque la beneficiaria sea lógicamente Armengol y toda su muy extensa corte.

Desgraciadamente el trilerismo político no tiene por qué dar malos resultados electorales, pues al igual que el practicado con cubiletes en una mesa plegable del Arenal, atrae a mucha gente que cuando pierde es inducida echar la culpa al azar, a su propia falta de pericia, o a cualquier otra causa alejada de la realidad para que no perciba que le han tomado el pelo.

No está de más recordar, una vez más, que quién inicialmente rechazó la corresponsabilidad fiscal fue el propio patriarca del nacionalismo catalán Jordi Pujol.
Siempre prefirió el “Madrid ens roba” a estar sometido a una restricción presupuestaria rígida, clara y conocida que, sin duda, le hubiese dificultado la construcción de la constelación de entidades y medios de comunicación que ahora reclaman la independencia, y con los cuales se hostiga los que consideran disidentes. Una eficaz forma de impedir la alternancia política.

Ciertamente, mientras las comunidades autónomas sean percibidas como sometidas a una restricción presupuestaria blanda, que les permite eludir la responsabilidad del rigor presupuestario, una parte considerable del gasto público se continuará convirtiendo irremediablemente en gasto político, sin otra utilidad que incrementar el poder de los que están al mando, y frenando a su vez la buena marcha de la economía.

Por este motivo sostengo, así mismo, que habría que revisar también cuáles son las causas verdaderas de la pérdida de posiciones en los rankings tanto de Baleares como del conjunto nacional. Porqué, por su constancia, es posible que sea debido a algún fallo del diseño institucional. Si así fuera, el sistema de financiación autonómica seguramente sería el primero, aunque no el único, que habría que analizar.

Ahora a los de la oposición les corresponde desenmascarar la falsedad de la contradictoria propuesta armengoliana. También estaría bien que, pasando a ser propositivos, se sumasen al desarrollo de un modelo, fácil de visualizar, de auténtica corresponsabilidad fiscal. Neutralizando la torticera trampa de la armonización, al tiempo que contribuyendo a frenar el crecimiento del contraproducente gasto político. Es decir, mejorando las condiciones de vida del conjunto de la sociedad y no solo una pequeña parte.

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