El sector hotelero siempre a flote

El sector hotelero volverá a salir fortalecido de esta crisis provocada por cuatro desalmados independentistas contra el turismo, principal actividad económica de las Islas y en la que basa la supervivencia.

No es la primera vez ni será la última que, siendo como es el principal responsable de la masificación turística, saldrá de rositas y como coadyuvante a su disminución.

Hace ya varios lustros, sobre principios de los ochenta, empezó a dejarse sentir la preocupación por el medio ambiente en Mallorca, y aunque el medio ambiente como interés público surgió en los años sesenta del siglo pasado, en Mallorca no empezó a dejarse oír hasta principios de los años ochenta. Pues bien, este interés tuvo como resultado la denuncia de haber construido los hoteles prácticamente sobre la arena de las playas. Resultó que apoyados por los medios de comunicación en general y por los políticos que gobernaban y los de la oposición, los hoteleros lograron que pasaran por los culpables de tal desatino los constructores y no ellos. O sea que los constructores que eran unos simples mandados que construían donde les encargaban que construyeran los hoteleros fueran anatemizados como los destructores del litoral mallorquín. Y los hoteleros se fueron de rositas.

Los hoteleros aplaudieron hasta con las orejas la aprobación de la Ley 1/1991, de 30 de enero, de espacios naturales y de régimen urbanístico de las áreas de especial protección de las Islas Baleares, que tenía por objeto establecer el régimen urbanístico de las áreas que por sus valores naturales y paisajísticos de interés para la Comunidad Autónoma debían ser objeto de protección especial. Los mismos hoteleros que se llevaban el dinero que ganaban con sus hoteles en las Islas Baleares a Cancún, a la Riviera Maya, a Cuba, a Panamá, a la República Dominicana, eran los mismos que habían destrozado las Islas y que ahora por simple interés económico se volvían defensores del medio ambiente, con tal de que no se destruyera la postal publicitaria sobre la que venden su actividad, que no se construyeran más hoteles y les fastidiaran el negocio.

“Se puede beber de todo, a todas horas, hasta reventar......no es broma, sales colocado cada día si no paras....fabuloso, se amortiza la pulsera en 2 días”, este es un comentario de un cliente de un hotel de Mallorca con régimen de todo incluido sacado de internet, donde, por cierto, existen a cientos. El comentario es sobre un hotel del municipio de Calvià, donde tristemente se ha hecho famosa la Calle Punta Ballena de Magaluf.

Pues resulta que para paliar el desmadre que provocan los borrachos en esta calle, al Ayuntamiento de Calvià no se le ha ocurrido otra brillante idea que la de prohibir a los comercios la exposición de bebidas alcohólicas en los escaparates de las tiendas para “desterrar el turismo de excesos que se había instalado a lo largo de los últimos años.

Y los hoteles del todo incluido y del que los propios clientes dicen que “sales colocado” ni tocarlos.

El que se crea que la oferta de pisos y apartamentos turísticos es una actividad reciente no se ha equivocado tanto en su vida. El que se crea que el sector hotelero es ajeno a esta actividad no se ha equivocado tanto en su vida. Porque los creadores de los primeros pisos turísticos fueron los propios hoteleros que para acomodar los overbooking que tenían en sus hoteles, para no tener que indemnizar a los clientes o desviarlos a otros hoteles, empezaron a tener pisos cercanos o no tan cercanos a sus hoteles, comprados o alquilados para la ocasión. Lo que ocurrió fue que la idea proliferó y se les escapó de las manos y en cuanto han visto que se les fastidiaba el negocio que tienen casi en exclusiva, han denunciado que la saturación de turistas es culpa exclusiva de los alquileres turísticos y eso lo dice un sector que en el año 2016 contaba con 316 plazas hoteleras por cada mil habitantes gracias a sus 880 establecimientos y 237.000 plazas, por lo que es líder mundial en este apartado, por encima de Nueva York, París o Roma, mientras en Canarias la tasa es de 109 plazas por cada mil ciudadanos y la media española es de 39.

Llorando, llorando el sector hotelero ha conseguido de nuevo su propósito, que el Govern, apoyado por los anticapitalistas, haya cercenado la posibilidad de hacer negocio independientemente de los hoteleros.

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