Pintor mallorquín

Guillermo Gil: el maestro que se apropió de la luz

Guillermo Gil revisando un libro con un amigo en una galería de arte
El pintor Guillermo Gil junto al periodista Xisco Barceló.
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Guillermo Gil Pons, hijo de Juan y Antonia, nació en Establiments, Mallorca, el 8 de septiembre de 1936, hacía unos meses había dado inicio la Guerra Civil Española.

A temprana edad sintió inquietud por el dibujo, dando muestras de su capacidad y facilidad para plasmar imágenes en un papel, y pronto para hacer uso de la pintura.

En su juventud fue un buen deportista destacando como velocista. A los 19 años ganó el Campeonato de Baleares de atletismo en la modalidad de 200 metros. También durante una época de su juventud se dedicó a la música, fue el cantante del Grupo Musical Hawái Combo.  

Guillermo Gil ganando el campeonato de 200 metros lisos en 1955

En cuanto a su pasión artística, dedicó sus primeras obras a temas de Mallorca, principalmente a imágenes cotidianas de mercados de los pueblos, para pasar a lo que durante años sería su fuente de inspiración, las marinas y los paisajes en general.

Sus obras se expusieron en espacios imprescindibles para los pintores de primera línea de los años 70/80, como el Círculo de Bellas Artes o en el Salón de Exposiciones de la Banca March y prácticamente en todo el territorio mallorquín, además de Alicante, Barcelona, Madrid, Valencia, la Selva Negra y en otras zonas de Alemania, entre sus primeras apariciones.

Guillermo Gil junto a Joan Fageda y su familia en una exposición

Gil ha destacado por componer cada una de sus piezas sin necesidad de firmarlas. Cualquiera que conociese mínimamente su trabajo, reconocería una obra del artista entre otras cien o mil. Su personalidad se apoderaba de la atmósfera, aplicando una luz que parecía que solo podía absorber sus ojos. Ahí residía parte de esa fuerza que desprenden sus paisajes y sus marinas, cubiertas por un velo que él hacía caer de su cielo y que se posaba sobre las rocas, sobre el mar, las montañas. 

Pintura de Guillermo Gil que muestra un paisaje costero con rocas y mar

Era una luz que le surgía de la brisa del alma y se escampaba como una lluvia en la que se había entretenido a pintarle las gotas de agua, una a una. Su luz era solo su luz, irrepetible, inimitable. Una forma de energía radiante y plástica que Gil había inventado en su estudio laboratorio y que la hizo viajar como una onda expansiva.

En la faceta personal destacaba una característica filosófica sobre el pensamiento del hombre en la práctica de las religiones. Matizaba que: nadie tiene que creer lo que yo diga, simplemente expongo mis teorías; el que tenga ojos y oídos que vea y escuche y piense lo que quiera. Para mí, existe un “Mundo ideal” al que llamó “Ilusolandia”, porque este mundo en el que vivimos a mí no me gusta. 

Pintura de marinas y paisajes de Guillermo Gil

Y escribió unos textos que definían esta forma de pensar… en mi mundo ideal no tienen cabida los violentos, ni los hipócritas, ni los egoístas, ni los ladrones, ni los farsantes, ni los envidiosos, porque no les dejó espacio para su maldad. No hay pensamientos negativos, ni odios, ni venganzas…

Pintura de un mercado en Mallorca con personas comprando frutas y verduras.

Guillermo como lector empedernido, se entretenía en entrar en laberintos de eternas preguntas, sobre Dios, sobre el karma, sobre el destino de la humanidad, sobre las interpretaciones del alma, sobre el diablo y el pecado, filosofaba sobre la memoria, sobre las neuronas del cerebro. Otra de sus citas rezaba así; cada ser viviente es una Trilogía, Espíritu, Mente y Cuerpo y me duele la influencia negativa que pretenden algunos profetas que ejercen como salvadores de la tierra.

Tal vez proclamaba esa utopía, como un canto a la esperanza y así se expresaba en sus obras con calma y luz, muy alejado de aquellos pensamientos que corrían por su interior.  De sus lienzos a veces clasificados como postimpresionistas, se desprenden aromas de tradiciones, de costumbres, de frutas, de árboles, palmeras, pinos, olivos, calles y plazas que forman parte de las vidas de esa Mallorca que tanto quiso.

Pintura de un mercado en Mallorca con mujeres y frutas

Como aquel pintor autodidacta llegó a dominar la técnica con una medición milimétrica, pinceladas y espatuladas que parecían haber sido pesadas antes de salpicar el lienzo, como brillaban aquellos colores saturados por doquier, como se producía el efecto en el aura del enmarcado, como ilustraban sus óleos en pequeños y grandes formatos, el Torrent de Pareis, Valldemossa, Selva, Lluc, Deia, Sóller, como representaba la sonoridad mediterránea que fluía hacía su horizonte y cómo sigue vigente su método intransferible.

Pintura de Guillermo Gil con un tranvía y mercado en Mallorca

Kairoi Art Digital Museum rinde homenaje a una figura relevante de la pintura mallorquina; “Guillermo Gil”. Una numerosa muestra de sus obras más emblemáticas transitará por las galerías de la plataforma del museo digital, para que nuestros seguidores puedan deleitarse con el trabajo de este maestro de la luz, en el año en que se cumplirá su 90 aniversario.

Retrato de Guillermo Gil, destacado pintor de Mallorca

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