La intención del Gobierno de Pedro Sánchez de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años ha reabierto el debate sobre salud mental, responsabilidad digital y límites tecnológicos. En este contexto, la especialista en Social Media y formadora Patricia Bárcena analiza el impacto real de una medida que, a su juicio, no puede abordarse desde el blanco o negro.

“Estoy de acuerdo en legislar, pero no sé si la prohibición íntegra es la mejor solución”, afirma. Bárcena, que lleva casi dos décadas dedicada a la formación en competencias digitales, advierte de que el problema no nace ahora. “Este debate viene de hace diez o doce años. La tecnología avanza más rápido que la ley y que la sociedad”, sostiene.
"La prohibición no sé si va a solucionar el problema"
La experta pide despolitizar la discusión. “Analizar esta ley no tendría que ser analizar a la persona que está detrás. Hay que valorar si es buena para la sociedad”, señala.
A su juicio, legislar puede servir para “mantener alerta a las grandes plataformas” y obligarlas a introducir límites en el diseño de sus productos. Cita ejemplos como el scroll infinito o los sistemas de recompensa basados en dopamina, que favorecen el consumo compulsivo. Pero traza una línea clara: “La prohibición, en el punto en el que estamos, no sé si va a solucionar el problema”.
UN "MICROMUNDO" ALIMENTADO POR EL ALGORITMO
Bárcena describe un patrón de uso muy distinto al de los adultos. Los adolescentes no diferencian entre identidad online y offline. “Para ellos es lo mismo”, explica.
El consumo se concentra en mensajería privada, historias efímeras y contenidos breves a velocidad acelerada. “Hay jóvenes que ven películas a 2x para ganar tiempo. ¿Pero tiempo para qué?”, reflexiona.

El verdadero riesgo, advierte, está en el algoritmo: “Se quedan en un micromundo. Cuanto más extremo es el contenido, más gente te da la razón y más crees que la tienes”. Esa dinámica favorece la polarización y dificulta el pensamiento crítico.
"Es una responsabilidad conjunta entre familia, educación y sociedad"
“2026 es el año del ruido”, añade. La combinación de sobreinformación e inteligencia artificial multiplica la producción de contenido hiperrealista y complica la capacidad de discernimiento.
"LOS PADRES SON EL PRIMER EJEMPLO"
La experta insiste en que la responsabilidad no puede recaer solo en el menor ni en las plataformas. "Es una responsabilidad conjunta entre familia, educación y sociedad", afirma. El primer paso, dice, es el ejemplo. “No puedes decirle a tu hijo que no esté todo el día con el móvil si tú estás dos horas viendo reels”.
Bárcena resalta la importancia de la confianza y la curiosidad parental: conocer qué consumen los hijos, qué plataformas usan y cómo interactúan. “Si les pasa algo raro, que la primera persona a la que se lo digan sea su padre o su tutor”.
También alerta de la contradicción estructural: “Estamos pidiendo control parental cuando muchos padres también están enganchados y, además, no conocen cómo funcionan las plataformas”.
COMPETENCIAS DIGITALES vs PROHIBICIÓN TOTAL

Uno de los argumentos más complejos, sostiene, es el profesional. El mercado laboral exige cada vez más competencias digitales. "Si eliminamos el acceso al 100% hasta cierta edad, ¿qué pasa luego cuando tengan que enfrentarse al mundo digital?", plantea.
Para Bárcena, el enfoque debería ser progresivo: educación desde edades tempranas acompañada de una legislación realista y aplicable. "Siempre llegamos tarde con las leyes", reconoce, pero cree que una normativa bien diseñada puede forzar a las compañías a asumir más responsabilidad.
"LA RESPONSABILIDAD NO ES 100% DE LAS REDES"
La experta rechaza el relato simplista que coloca todo el peso en las plataformas. "La responsabilidad es individual”, afirma. Y cuando habla de individual no se refiere solo al menor, sino también a los adultos.
"Los límites los ponmenos nosotros. O deberíamos"
Compara el fenómeno con el azúcar o el alcohol: el producto existe, pero el uso depende del consumidor. “Los límites los ponemos nosotros. O deberíamos”.
Eso no impide exigir límites estructurales. Apoya medidas como controles parentales efectivos, regulación de sistemas de recompensa tipo “loot boxes” en videojuegos o la posibilidad de establecer órdenes de alejamiento digital en casos graves como el grooming.
NI APOCALIPSIS NI NEGACIONISMO
Lejos de demonizar la tecnología, Bárcena defiende el concepto de bienestar digital. "Las redes pueden dar cosas súper buenas, herramientas increíbles y oportunidades profesionales", sostiene. El problema surge en los extremos.
Ha visto influencers “quemadísimos” que abandonan por completo el entorno digital tras años de exposición constante. Por eso apuesta por una “carrera de fondo” y un uso consciente. "La educación suele ser la mejor herramienta", concluye.





