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Estas son mis profecías

El PSOE y el PP son lo mismo. Este el mantra que se recitaba hace unos años desde Podemos y sus satélites para deslegitimar el «régimen del 78», conseguir «romper el candado de la Constitución», «devolver el poder al pueblo», y tal y tal. Cuando escribimos que los extremos se tocan, los extremos se enfadan. Sucede que sólo hace falta escuchar ahora la oración de algunos fieles de Vox y otros tantos descreídos del sistema para comprobar que, al menos en ese punto, profesan una religión similar a la que predicaba el partido morado cuando estaba a punto de «asaltar los cielos». El PSOE y el PP son lo mismo, dicen.

Para llegar hoy a esta conclusión, sobre todo desde la derecha ideológica, son necesarios dos análisis: el primero se centra en lo que ha hecho Pedro Sánchez durante sus ocho años en el poder. El segundo critica lo que Alberto Núñez Feijóo no será capaz de hacer si algún día llega a la Moncloa. Siendo honestos, reconozcamos que esto último no es tanto un análisis como un vaticinio.

Puestos a ejercer de videntes, tengo mis propios augurios. Pienso que Feijóo no se atreverá a nombrar a un exministro de Justicia del PP como fiscal general del Estado. Creo que el gallego no tendrá el valor suficiente para mantener 16 horas diarias —non stop— de obscena propaganda de su gobierno en la televisión pública que pagamos todos los españoles, los que le votan y los que no. Y cuando en una sentencia se condene a un cargo del PP, a Feijóo le faltará cuajo para ponerse delante de un micrófono y declarar solemne que el Poder Judicial conspira para mandarlo de nuevo a la oposición.

Con la que está cayendo en España esta legislatura, me parece un brindis al sol criticar a Feijóo, por ejemplo, porque no conseguirá modificar la Ley Electoral y así ponderar el voto de los nacionalismos extractivos que hoy someten a Sánchez. Es una profecía poco seria cuando la pronuncian precisamente los mismos que afirman que el PSOE y el PP son lo mismo. ¿O es que alguien considera viable modificar la Ley Electoral sin el acuerdo de los dos principales partidos de este país?

No puedo evitarlo. Cuando escucho que el PSOE y el PP son lo mismo, a veces pienso: ojalá lo fueran. Así se podría pactar, no sólo una reforma de la Ley Electoral, sino también una ley educativa que durará quince o veinte años, no cuatro, para solucionar algunos de los graves problemas que afectan a nuestro sistema formativo. Imaginen un país donde los dos principales partidos fueran capaces de diseñar una estrategia de Defensa para la próxima década, y así abandonar nuestro puesto de paria mayor en la OTAN. Si PP y PSOE fueran lo mismo, o parecido, sería sencillo acordar una política exterior que impidiera los bandazos que ha pegado Sánchez, la mayoría de ellos sin pasar por el Parlamento, y que han condenado a nuestro país a la irrelevancia internacional. Justo hoy, es difícil no sonrojarse al recordar las imágenes de Zapatero abrazado a Nicolás Maduro.

Los efectos del sanchismo sobre nuestro sistema constitucional son comparables a una DANA. Devolver la confianza en las instituciones y reconstruir un marco de convivencia pacífica que nos aleje de la polarización será una tarea ardua y lenta. No vamos a repetir aquí los pecados de un gobernante sin escrúpulos que ha demostrado que su única ideología se basa en mantenerse el poder. Pero sí voy a señalar uno que suele pasar desapercibido. Sánchez ha conseguido que muchos descarten en España la posibilidad de una izquierda civilizada, no frentista, que considere la alternancia política como un pilar fundamental de la democracia, y no como un paréntesis/accidente que se debe evitar a cualquier precio.

Yo sigo pensando que esa izquierda que no se dedica a levantar muros ni a demonizar al adversario existe, y que es necesaria. Es obvio que todos estos años ha estado en silencio, o silenciada, por la manera despótica con la que Sánchez maneja el PSOE. Pero el sanchismo se está desplomando a base de golpes electorales. Cuando llegue el colapso final, sospecho que con un líder del PP como Feijóo, con todos sus errores, será más fácil que en el PSOE avancen los Madinas y Lobatos, en detrimento de los Puentes y Monteros. Frente un Abascal crecidísimo, asistiremos al nacimiento de un nuevo Pablo Iglesias. Al tiempo. Para que vean que yo también puedo hacer profecías.

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