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Venezuela libre, sí, pero no así

Donald Trump está como una regadera. No puedo aprobar su actitud ni sus métodos para cambiar el mundo. Ha invadido un país, solo durante unas tres horas, pero con armamento agresivo y con tecnología para controlar la seguridad y la capacidad de respuesta militar de Venezuela. Y eso es una declaración de guerra. El rapto de Maduro y de su esposa es un atentado contra las normas internacionales. Así no es como se debería haber intentado acabar con la dictadura comunista de Maduro.

Si concretamos el suceso como una intervención de la justicia estadounidense para detener a una pareja de gobernantes acusados de dirigir una organización estatal de tráfico de armas y de drogas, acusados de ser los cerebros y líderes de un cártel de drogas que se introducen y se venden en los Estados Unidos, tal vez podría aceptar la acción. Pero no, no la justifico. La historia está llena de actos similares que, desde la Roma imperial, han llenado páginas de libros explicando finales siempre iguales: dictador y esposa, ambos ejecutados por la justicia o por la masa.

Pero no entiendo cómo en esta acción se ha dejado libre a la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, y a sus ministros más implicados en el Cártel de los Soles, la organización militar que se lucra con el mercado de drogas. Esa en la que, según algunos expertos norteamericanos, está inmerso el expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero.

El mundo ha vuelto a cambiar hoy. Se abre una nueva época de liderazgo internacional en manos de Donald Trump. Manda el presidente americano y al que no le haga caso, se lo cargará. Ya sea con las armas, la tecnología, la ciencia y el conocimiento, o con las medidas coercitivas económicas. O sigues su juego, o te jodes y pagas las consecuencias. Y ese es el problema.

Nadie tiene toda la razón. Los humanos somos muy dispares y, aun teniendo muchos puntos en común con otros, somos individualistas. No se puede aceptar un líder único internacional. Pero es cierto que los intentos de nuestra generación, desde después de la II Guerra Mundial, no han servido para nada. La ONU es un baile de máscaras. La OTAN es un mercado de venta de armas. La Justicia Internacional no existe. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos no sirve para nada. Todo es mentira y del color del cristal con que se mira, como dijo Campoamor.

Y una última reflexión sobre la noticia más importante en el mundo de los últimos doce meses. En España, los partidos comunistas que han apoyado la dictadura de Maduro, los ministros y políticos que se han beneficiado de sus negocios en Venezuela, el Gobierno de España y parte de la masa que apoya el Gobierno de coalición de Sánchez deben estar con el culo apretado. De hecho, ayer al mediodía, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, mentía en la red X al asegurar que el Gobierno de España no ha reconocido nunca a un gobierno de Maduro. Ha sido la primera, pero veremos más ratas abandonando este barco de Sánchez, a punto de naufragar.

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