Kairoi Art Digital Museum

Federico Molina: pasión de gitano, caballero y artista

Pintura costera de Federico Molina mostrando dos figuras desnudas en un entorno íntimo.

KAIROI ART DIGITAL MUSEUM, inaugura una exposición con el título FEDERICO MOLINA: » PASIÓN DE GITANO, CABALLERO Y ARTISTA «.

Gracias al exhaustivo trabajo de documentación del perito judicial y crítico de arte Damià Verger Garau se ha podido llevar a cabo esta extensa muestra a modo de homenaje del que se dice el primer gran artista de etnia gitana y Kairoi Art abre las puertas de su museo digital para que sea posible contemplar la magnificencia de este insigne autor que nace en Barcelona en 1905 y muere en la localidad de Bunyola (Mallorca) en 1981.

Damià Verger Garau realiza una inmersión en la biografía de Federico Molina Alberó y va desgranando apuntes de diferentes etapas. Esta es su introducción…

Escribir sobre la vida y obra de Federico Molina puede resultar frustrante puesto que de antemano uno sabe que va a dejar buena parte de la savia en el tintero. Este inconmensurable artista que nuestra isla tuvo la fortuna de tener en adopción, no solo fue un pintor de máximo nivel, resultó ser un personaje polifacético que con pasión emoción se explayó en un sinfín de tareas y proyectos artísticos y culturales sin límites establecidos. Un ser que vivió intensamente, a veces sin mesura, exprimiendo la vida tanto en los momentos de gozo como en la adversidad. Los genios no acostumbran a estar de bohemia y honor; F. Molina lo corrobora de manera exponencial.

Federico Molina hijo de familia de etnia gitana de lo cual presumía y decía sentirse profundamente orgulloso. Estudia en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi de Barcelona y posteriormente continúa con sus estudios en París, aunque de niño ya había advertido su interés por el dibujo. Adolescente aún y con una capacidad superlativa, demostrada ya en sus primeros retratos, sus exposiciones y él comienzan a recorrer el mundo. Paris, Bélgica, Holanda, Italia, Niza. Pasa una etapa en el norte de África y luego su destino le lleva a Perú, a Colombia, a Méjico y definitivamente a Cuba, donde en 1933 se constata que fue una de una de sus más destacadas exposiciones.

Regresa a Barcelona y se centra en que sus obras costumbristas visiten ciudades españolas, Madrid, Valencia, Mallorca, entre otras. A principios de los 50 entabla amistad con el fotógrafo Jacques Léonard considerado el autor fotográfico más relevante del último siglo, con archivo de la comunidad gitana de Barcelona. De hecho, una vez que abandonó París se casó con Rosario Amaya y vivieron en el barrio de La Mina de Gracia.

Pintura de Federico Molina con un paisaje costero y pescadores
Pintura costera de Federico Molina, destacando su estilo único.

En 1955 se instaura en la isla de Mallorca que ya conocía porque había realizado alguna visita con anterioridad, primero en la localidad de Valldemossa y posteriormente Palma, en Felanitx y definitivamente en Bunyola. En 1968 convertido en reconocido y prestigioso maestro de la pintura española y como formidable retratista, realiza una de sus exposiciones más sonadas en las Galerías Costa de Palma.

Una vez más nos referimos al texto narrado para esta ocasión por Damià Verger Garau en el que dice:

Federico Molina fue un pintor peculiar, dotado de una gran capacidad para el dibujo y con un pleno dominio de las técnicas pictóricas. Su especialidad, o por antonomasia lo que más le atrajo, fue siempre la figura humana que ejecutó con la gracia y soltura que solo un gran maestro puede lograr. Sus lienzos en los que se plasman las bellas figuras y rostros de gitanas están condenados a permanecer en la memoria de los tiempos. Sus gitanas son alegres, expresivas, exuberantes, altivas y conscientes de su gallardía; es así como Federico las percibía. En ocasiones las pintó desnudas, en otras vestidas, pero siempre sublimes, con una contundente dosis de sensualidad y a veces erotismo.

Además de la figura y el retrato se recreó en los seres que consideraba sus mejores amigos, perros y caballos.

A pesar de que sus obras son perfectas, el no se preocupó por la perfección de las mismas. Sus estudios, su técnica y experiencia son herramientas que utilizó para crear una nueva realidad que percibió desde su interior e impregnó en sus óleos. Los trazos mágicos del maestro Molina son gruesos, ágiles, decididos y concluyentes; todo lo opuesto a la técnica hiperrealista de pincel fino.

Pintura costera de Federico Molina mostrando una figura femenina en reposo

La faceta poliédrica de Federico Molina viene incorporada a su carácter, en la idiosincrasia de su forma de ser.

Fue un apasionado de la vida, apasionado del arte y también de las tradiciones. Su devoción por la tauromaquia lo plantó en la extraña deriva de convertirse a su vez en novillero, y no conforme con ello, llevó su ilusión todavía más lejos; en 1960 se convirtió en propietario y empresario de la plaza de toros de Felanitx que refundó con el nombre de La Macarena y la dotó con una escuela de tauromaquia.

A nivel personal destaca su franqueza, su honradez, su generoso comportamiento con todo aquel a quien pudiera echar una mano…

Federico Molina fue un artista honesto y no solo en su arte, también reconocido como un hombre de palabra; cumplía siempre lo que prometía. Las personas que tuvieron el honor de conocerle lo calificaban de señor y caballero.

En su hogar nunca faltó un plato de caliente y una cama para aquel que pudiera necesitarlo.

Jamás dejó de aupar proyectos en beneficio del prójimo, de la comunidad en la que residía. Su bohemia jamás zozobró en el egoísmo, sino en la virtud de apoyar y aconsejar a artistas noveles.

Pintor prolífico, sus exposiciones fueron innumerables en casi todo el mundo.

Y cierra este escrito con una breve conclusión…

Como epílogo solo queda afirmar que Federico Molina fue un incondicional benefactor de nuestra tierra, un artista irrepetible, un honesto caballero gitano.

Una numerosa galería de fotografías en las páginas de Kairoi Art Digital Museum, dan fe de la categoría de este magnífico artista, en las que se puede contemplar su instinto, su capacidad y su destreza, en las distintas disciplinas en las que se movió.

Pintura costera de Federico Molina con elementos naturales y animales.

Para acceder a las obras; www.kairoi-art.es

Texto opinión: Xisco Barceló

Fuente Principal: Damià Verger Garau

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