Según el Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por la fundación Fad Juventud, sólo un 38,4% de los jóvenes en España se identifican como feministas. ¿Y eso está bien o mal? Pues el barómetro muestra el dato con cierta aprensión, porque hace unos años estaba cerca del 50%. Además, si se distingue entre chicos y chicas, resulta que ellas llegan al 51,35%, pero ellos sólo al 26%: sólo 1 de cada cuatro jóvenes españoles de sexo masculino se identifica como feminista.
Lo primero que habría que preguntarse es a qué se refieren con «feminista». Recordemos que el feminismo actual defiende simultáneamente ideas razonables (por ejemplo, los hombres y las mujeres deben ser jurídicamente iguales) e ideas disparatadas (por ejemplo, las mujeres son incapaces de mentir, o de manipular a sus hijos en un proceso de separación). El problema está en que, cuando alguien pone en duda las disparatadas, lo acusan de negar las razonables; esta es la famosa falacia de la mota y el castro, que en este campo funciona permanentemente. Realmente, es difícil de creer que un 75% de los chicos españoles en 2026 ponga en duda la igualdad legal entre hombres y mujeres, así que creo que la pregunta que deberían haberles hecho es ¿estás de acuerdo con el feminismo en su versión razonable o en su versión chiflada? En este caso creo que el porcentaje subiría al 95% en la primera versión, y al 2% en la segunda.
Recordemos que venimos de una larga época de normalización de las chaladuras. Recordemos, por ejemplo, que en las manifestaciones feministas se formulan rutinariamente lemas como «somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar». ¿Quiénes? Pues los hombres. Todos los hombres (y las mujeres de derechas) somos meros títeres manejados por los tentáculos invisibles del patriarcado. Es una estructura insidiosa y ultrarresistente que consigue que las niñas prefieran las muñecas a las espadas láser, y que las mujeres eludan cuidadosamente la ingeniería industrial. Esto de las estructuras no se entiende muy bien. ¿Cómo es posible que una sociedad que lleva al menos 20 años sometida a furibundos mensajes feministas, sea estructuralmente machista? Un joven de 20 o 30 años ¿ha recibido algún mensaje que no sea feminista? Realmente es algo incomprensible. La cuestión, obviamente, es que la cultura es muy relevante, pero si realmente queremos entender las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres debemos acudir a la biología. Y, mejor aún, a la psicología evolutiva.
Pero las neofeministas nunca se han dejado desanimar por estas consideraciones. «El violador eres tú» nos decían a los hombres, que intentábamos digerir esta nueva revelación que se acompañaba incluso de una coreografía tribal. Hasta que un juerguista cordobés la desactivó por completo bailándola con traje, corbata y un cubata en la mano. En 2021 este mismo juerguista trajo a Mallorca, en calidad de cuidador, a un grupo de alumnos en viaje de fin de curso, y acabó confinado con ellos en el hotel Bellver: habían acudido a un macro concierto de reguetón, y esto provocó un macro brote de COVID. Sin embargo esto no desanimó a los confinados, que consiguieron izar hasta las habitaciones bebidas alcohólicas suministradas por los bares del Paseo Marítimo. ¿Participo en la trama el bailarín cordobés? Pues no lo sabemos, pero allí estaba, siempre en el centro de la acción. Disculpen que les haya contado esta historia que realmente no viene a cuento de nada, pero, aunque su épica no es exactamente la de El Caballero de los Siete Reinos, tampoco está mal.
En todo caso no es extraño que una ideología dedicada a estigmatizar al varón, y a considerar que su «masculinidad tóxica» lo convierte en un abusador y un potencial violador, no sea muy bien recibida por los chicos de sexo masculino. Para colmo, cuando éstos no se comen una rosca (cosa que cada vez ocurre con más frecuencia: un 20% reconocen no haber tenido pareja nunca) el feminismo se ríe de ellos y los llama «incels», como si fueran culpables de sus problemas de emparejamiento. El estudio también dice, algo escandalizado, que la afirmación «los hombres están desprotegidos ante las denuncias falsas por violencia de género» alcanza un 50,8% de adhesión, y menos de 2 de cada 10 jóvenes (18,7%) se posicionan claramente en desacuerdo. En fin, que todo parece indicar que los jóvenes están reaccionando a la versión chalada del feminismo que convierte a los hombres en los malos de la película. Es interesante la tesis que defiende Daniel Jiménez en Deshumanizando al varón: los roles históricamente asumidos por hombres y mujeres tenían costes y beneficios, pero ahora se pretende dejar al varón sólo los costes.
Hay otro dato del Observatorio que también es bastante interesante: cerca de la mitad de los jóvenes (49,2%), chicas y chicos incluidos, perciben el feminismo como una herramienta de manipulación política. Tienen razón, desde luego. El neofeminismo es un problema inventado para sustituir de la agenda política problemas reales que el político no tiene la menor idea de cómo afrontar. Un 35,2% de los encuestados creen que el feminismo busca enfrentar a mujeres contra hombres. Yo diría más bien que esto no es tanto un efecto buscado como colateral, pero es muy real y muy estúpido: una sociedad que permite que una ideología provoque un enfrentamiento tribal entre sexos, no tiene garantizada su supervivencia.




