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Gabriela Seguí Aguiló o una historia entre pinceles y violines
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Gabriela Seguí Aguiló o una historia entre pinceles y violines

Corría la primera semana de septiembre y yo pensaba que el calor habría rebajado sus intenciones, pero no, “res de res”. Hice sonar el timbre y la protagonista de esta entrevista nos abrió la puerta de su casa y nos invitó a entrar. Las persianas alzadas por las que penetraba un sofocante sol de bochorno a media tarde, se enfrentaban al termostato del aparato de aire acondicionado y ese diálogo de contrastes atmosféricos se transfería a las tres personas allí presentes.

Creo que bajaremos algo más la temperatura. – Comentó Gabriela.

Gabriela Seguí Aguiló nace en Palma el 7 de agosto de 1978, el mismo año en el que la OMS declara la erradicación de la viruela, Carmen Conde se convierte en la primera mujer que entra a formar parte de la Real Academia Española, roban el cadáver de Charles Chaplin, el grupo Brigadas Rojas asesina en Roma a Aldo Moro tras de varios meses de secuestro, se publica el primer número de El Periódico de Cataluña, las Cortes Españolas aprobaban la Constitución, el Musical Mallorca que se había iniciado en 1975 celebraba su cuarta y última edición, dos mil vecinos de la barriada del Pont d’Inca, levantan las vías del tren Palma-Inca, tras producirse un accidente en el que fallecieron tres ocupantes de un coche, el artista Guillermo Silveira presentaba su obra expresionista “El adiós”, nacían Rachel McAdams, Kobe Bryant, Jordi Cruz, Macarena Gómez, Carles Puyol y la violinista holandesa Janine Jansen, Miguel Delibes editaba El disputado voto del señor Cayo, Carlos Fuentes La cabeza de hidra, se estrenaban en el cine; El cazador, Grease, El cielo puede esperar, Superman, Los niños del Brasil, El expreso de medianoche, en televisión triunfaban series como Yo, Claudio, La abeja Maya, Mazinger Z, Los ángeles de Charlie, La frontera azul, Andrew Lloyd Webber presentaba su trabajo musical “Variaciones”.

Hábleme de su familia, de sus padres…

Mi padre es Bernadí Seguí de profesión arquitecto y mi madre es María Luisa Aguiló profesora de dibujo y artista. De su matrimonio nacieron; Gabriela, Pau y Pedro.

¿Qué tendría que ver su madre en esta afición al arte?

Mucho. Vivir a su lado era respirar arte, te contagiaba. He heredado su confinidad con la pintura.

¿Cómo recuerda sus días de infancia?

Siempre dibujando. Mientras hacía cualquier cosa, mirar una peli, leía, hiciese lo que hiciese tenía un lápiz o bolígrafo y una libreta en la mano y al mismo tiempo dibujaba. Mi madre repasaba y me corregía, luego lo guardaba en una carpeta. Era tímida e introvertida, muy responsable y sobre todo tranquila. Mi madre decía que esa niña no daba trabajo.

…¿Y en el colegio?

Al ser tan distante, no me sentía contenta, principalmente en los primeros años. No me hacía notar, me costaba integrarme y tener amigas. El universo artístico de casa me absorbía. Por otra parte era muy soñadora y le daba vueltas a la imaginación.

Cuando entré en el Instituto Joan Alcover con trece años empecé a estudiar violín. Recuerdo que siempre me había gustado, pero vi la actuación de una violinista coreana de doce años y eso acabó de convencerme. A los diecisiete me inscribí en el Instituto Ramón Llull para realizar Bachiller artístico. Hice esculturas, manipulaba materiales, barro, hierro, usaba la forja, hice talleres, el ambiente fue muy propicio para mí.

Con dieciocho años marché para la Universidad Barcelona y me instalé en la residencia Ramón Llull. Estudiaba Bellas Artes y violín. Había momentos que dedicaba cinco horas diarias a la música y debía compaginarlo con el arte, lo cierto es que a pesar de ser tan duro, la atmósfera creativa que se respiraba, nos inspiraba, nos animaba. Fue una época extraordinaria de compañerismo, organizábamos conciertos, exposiciones, conocí a gente maravillosa, a Doralice Souza con quien todavía mantenemos el contacto, conocí a la persona que hoy es mi marido, Luis Guinovart.

¡Caramba! Fueron años intensos…

Sí, y ahí no acabó, hice un post grado de grabado y me enriqueció en el dominio de la pintura, me agradó tanto que hubiese repetido. Me seduce el trabajo con la obra gráfica.

¿Y cómo continúa esta historia?

Regresé a Mallorca para hacer oposiciones como profesora y Luis marchó a Oviedo para continuar con sus estudios. Seguíamos siendo novios a distancia. Luis volvió a Mallorca unos años después como músico profesional para ejercer como profesor en el Conservatorio.

Años después nos casamos en Esporles en 2016 y hemos tenido descendencia; Pau y Joan.

¿Y qué fue de usted?

Me convertí en una joven profesora de dibujo en el Instituto Joan Alcover, tenía veintidós años y algunos de mis alumnos casi veinte. Luego marché a un paraíso llamado Sóller, al Instituto Guillem Colom, un alumnado fantástico, veía las montañas, respiraba el aroma de las naranjas. En 2006 pasé al “Ies Bendinat” como profesora de dibujo, y allí continúo, feliz.

¿Recuerda las sensaciones que tuvo en su primera exposición individual?

Una de las primeras, no recuerdo si sería la segunda o la tercera, en la desaparecida Galería Lebasi de Palma, fue para mí la más conmovedora. Luis tocó el violín y me emocioné. Yo ya había expuesto en otras ocasiones, por ejemplo con mi madre en el Centro Cultural de Cala d’Or y me habían concedido el primer premio en el IV Certamen de Pintura Joven de la Fundación Barceló, pero esa exposición fue algo diferente.

¿Cuánto influyó en usted la figura de su madre?

Supongo que de manera inconsciente tanto mis hermanos como yo absorbíamos de la energía que desprendía. Verla en casa, estar rodeados de sus obras, su interés por la cultura, por la música, a veces se ponía ópera y eso nos impregnaba. La ayudábamos a preparar sus exposiciones y vivíamos con ilusión la sensibilidad de sus proyectos.

María Luisa Aguiló, nace en Palma en 1952 y desde muy niña encamina su destino hacía un arte progresivo. Tras sus estudios y licenciaturas en Bellas Artes, comienza a escribir las páginas de un legado vital y osado, merecedor de indagación. En sus exposiciones, ha expresado una fuerza proveniente de sus convicciones, la geometría, la psicología de sus personajes, la arquitectura, su literatura. Pasó de la figura humana y el retrato, a la liberación de los espacios que transitaban sobre las telas por líneas infinitas y en el interior, alusiones a su iconografía, siguió adentrándose en las profundidades del espíritu hasta conectar con la gestualidad abstracta en donde su obra y su labor se reproducen.

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Le pregunto por otras aficiones y me mira sonriendo…

Mi abuelo y mi padre me transmitieron la afición por la cocina tradicional principalmente, también se me dan muy bien los postres. Me gusta leer y aunque por motivos de trabajo vamos poco, soy amante del cine.

Dígame alguna película inolvidable…

Barry Lindon, Muerte en Venecia y Vértigo, son tres títulos referentes.

Y, algún libro…

Carta de una desconocida de Stefan Zweig, es la historia de un escritor que recibe la carta de una mujer a la que no reconoce, y esta, le confiesa que lleva toda la vida enamorada de él. Reconozco ser muy romántica.

¿Qué le supone pintar?

Es una forma de vida. Mi manera necesaria de expresar unas emociones que necesitan emerger. Es el encuentro conmigo misma. También me supone auto exigencia y soy la más dura crítica con lo que pinto.

A veces cambia la pintura por el violín, los pinceles por el arco que frota las cuerdas del mástil para que desde la caja de resonancia se emita uno de los más bellos sonidos musicales. Una de sus piezas preferidas es Vocalise de Rachmaninoff, conocida también por la canción sin palabras.

Aprender violín supuso un reto mayor por mi parte. Siento un gran amor por este instrumento y un profundo respeto. La música te proporciona algo único en el arte, incomparable, adictivo, conectas con el compositor al que interpretas y la felicidad y la satisfacción después de un concierto son inmensas, pero es un camino durísimo, en el que debes ser capaz de libertarte de tus propios miedos y de tus inseguridades.

Ha coincidido en el escenario alguna vez con su marido y nos confiesa que cada vez que eso ocurre, supone un ejercicio de emotividad.

En todas las profesiones existe el intrusismo, el arte no se libera de esta injerencia. Surgen constructores con pinceles en la mano, vacios de creatividad y expertos en fuegos artificiales. El mercado del arte deambula y en ocasiones rebota hacía tendencias estériles.

Cuando en nuestras vistas tenemos la oportunidad de vislumbrar una trayectoria disciplinada, la piel recibe una descarga enérgica.

¿Cómo enriquece su conocimiento?

Visitando museos por ejemplo, me he pasado horas interminables en el Louvre admirando esculturas de Rodin, en Barcelona acudí a una exposición de Turner y me fascinó. En Viena el Museo de Belvedere, en París el Museo Gustave Moreau. Y me pongo al día leyendo y una de las cosas que más me congratula es viajar.

La palabra viajar, clave para vivir experiencias irrepetibles…

Sí, como nos pasó en cierta ocasión en Salzburgo, estábamos allí el día uno de enero y pudimos asistir a la Misa de Coronación de Mozart. Visitamos su casa y vi su violín. En Grecia, estando en Atenas la visita a la Acrópolis fue otro momento apasionante, reflexionando sobre el origen de la civilización. Ámsterdam, Venecia, Barcelona y su modernismo, son lugares obligados para dedicar tiempo a la contemplación.

Con motivo del 50 aniversario de la Fundación Vicente Ferrer, viaja con otros artistas a Anantapur ¿Cómo fue esa experiencia?

Un viaje a la India siempre implica una aventura y en este caso con otras personas de tu ámbito. A cada uno se nos encomendó una misión, a mí, me correspondió realizar un mural de gran formato en la cantina de la Fundación y colaboré con obra gráfica para una futura escuela en Anantapur. Durante esos días hubo diferentes actos, entre ellos la actuación de la Coral Femenina de la UIB. Yo particularmente viví una situación emocional que por unos momentos me dejó en estado de shock al conocer a una niña que años atrás había apadrinado. Allí la gente tiene un concepto de la vida que nada tiene que ver con el nuestro, se vive sin prisa. Algo que llamó mi atención fue la variedad de la gama de colores. Cuando regresamos a Mallorca, de la mano de Antoni Torres que también había organizado el viaje, hicimos una colectiva en el Centre Cultural Sa Nostra, titulada; Terres llunyanes.

¿Qué artistas y qué filosofía plástica le atrae?

Me encanta Rembrandt en general, Gustav Klimt por su simbología, Mark Rothko, Da Vinci, Shirin Neshat y gente cercana a la que admiro como Ricard Chiang o Pep Gibert, Marina Abramovic y la fotografía de Natasha Lebedeva. Aunque mi lista es mucho más larga.

Algunas de sus obras se han exhibido en lugares como; Huesca, Atenas, Berlín, Valladolid, Barcelona, Bristol, Madrid, Holanda, Ciutadella, Bruselas, Alicante, Cuenca, Cádiz, Ibiza, Tarifa, Ceuta, Bolonia, Porto, Bilbao, Birmingham, Estrasburgo, etc. etc.

Usted no usa lienzo, su soporte preferido es la madera…

Me satisface el resultado sobre un soporte sólido, me siento cómoda trabajando sobre madera, le noto más luminosidad a las piezas.

¿Cómo es la preparación de sus obras?

Hay un trabajo previo de fotografía. Suelo usar distintos materiales. Preparo una base, dibujo, acrílico, óleo, papel japonés, mucha textura, resinas, pan de oro, veladuras y la presencia de la figura de la mujer.

En un breve paseo ficticio, me he infiltrado en el interior, me he colocado detrás de una de esas cortinas translúcidas, colores transparentes que provienen del Renacimiento y se escampan salpicando algunos capítulos de la historia de Rembrandt, aparece Klimt que va de un lado para otro, como si todas las láminas finas de oro batido tuvieran que ser de su propiedad, pero se aleja cuando percibe la solidez del dibujo y la elegancia de la personalidad de Gabriela.

El equilibrio vital, la armonía poética, el lenguaje carismático, el temperamento, la multiplicidad de la gama delicada de un particular arco iris, ascienden desde las entrañas como frutos de la tierra.

Como profesora de dibujo ¿Cuál es la relación con sus alumnos?

Para mí es motivo de complacencia compartir mis conocimientos y ver prosperar a mis alumnos. Transmitirles lo que sé y notar que se interesan. Enseñar también te enseña, te aporta, te ayuda a encontrarte. La pasión por el arte sirve de conexión con los demás.

Vemos que 2022 ha sido prolífico en exposiciones…

Sí, en febrero presenté la individual “Evanescents” en Denia y posteriormente en Mayo en Ciutadella, al tiempo que han seguido su ruta las colectivas itinerantes en las que he participado, visitando distintas ciudades españolas, “Polinizadores”, “Canyissos” y “Criatures Marines” que se expone este mes de Septiembre en la Fundació Sa Nostra.

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Con material suficiente, dimos por acabada la sesión. La tarde había transcurrido plácida y Gabriela nos invitó a un aperitivo, coca de trempó con queso de cabra y bebida, cosa que siempre se agradece.

En su currículum se muestra un largo historial, de estudios musicales, de Bellas Artes, de cursos, de premios, de exposiciones colectivas e individuales, de Ferias de Arte, de itinerantes, de proyectos solidarios.

Lo más aconsejable es visitar su web: https://gabrielasegui.com/curriculum/

Texto: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca R Sampol
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