www.mallorcadiario.com

Juncker

Por Gabriel Elorriaga
lunes 30 de junio de 2014, 19:57h
Antes de las pasadas elecciones europeas los observadores razonables suponíamos que Jean-Claude Juncker, de origen democristiano, de larga experiencia y amigo de España sería el candidato mejor situado para presidir la Comisión Europea, según propiciaban Merkel,Rajoy Renzi y hasta veintiséis países de la Unión. Juncker, del grupo más votado del Parlamento se perfilaba como presidente de la Comisión y Schulz, del segundo grupo más votado, como presidente del Parlamento. Pasaron los trances electorales y, por primera vez, se eligió por mayoría de países a un candidato sin vetos por parte de ninguna potencia y, también, por primera vez, la Eurocámara ratifica los nombramientos por una cumplida mayoría basada en las dos grandes familias democráticas, populares y socialdemócratas. Es decir, que se ha elegido, lógica y correctamente, a un europeísta para presidir la representación de los pueblos de Europa.

Solo se manifestaron en contra los jefes de gobierno de Gran Bretaña y Hungría. Se explica la peculiar postura de Hungría con un gobierno de extrema derecha pero resulta más ofuscada la actitud del conservador David Cameron, con su Estatuto diferenciado, pretendiendo contrariar la voluntad de la mayoría de naciones de la Eurozona desde un país que mantiene su aislada política monetaria insular. Quizá asediado por un nacionalismo insolidario y euroescéptico ha pretendido no perder votantes asumiendo postulados extremistas. Es el error en que caen en estos tiempos muchos políticos que creen que pierden votos por los extremos sin darse cuenta que por donde pierden es por el centro, por la abstención y la indiferencia que provocan sus piruetas de aproximación a los arcenes marginales de la política. Ha intentado torpemente desacreditar al veterano político y a la legitimidad de su elección con argumentos más propios de un "indignado" que de un líder británico. Se ha permitido dudar de la evidencia del apoyo popular al Partido Popular y la Socialdemocracia, obstaculizando un paso importante en la democratización de las instituciones europeas. No ha sido capaz de digerir, cual un "perroflauta" cualquiera, que la voluntad popular se manifiesta con los votos y no con banderolas y asambleas de plaza. Cameron se propone seguir el camino de un referéndum en 2017, consulta que siempre ha sido el mejor procedimiento para bautizar el totalitarismo y la exclusión a través de la historia. Nigel Farage, el demagogo, se frotará las manos, pensando que "podemos", como otros de aquí de signo contrario, esperar sentado a que Cameron pierda antes sus propias elecciones.

Frente a estos reaccionalismos contracorriente, Juncker, consumado experto de una "buena casta" de políticos procedentes del movimiento obrero socialcristiano y convencido promotor de la integración de las naciones de Europa, va por la senda ondulada del progreso y Cameron por la cuesta abajo del fracaso. Los resultados de las elecciones europeas, tras unos años social y económicamente críticos han demostrado que no era cierta la campaña obstruccionista de Cameron en la que se dijo que había que tener en cuenta "el profundo descontento de los votantes con el status quo". Los votantes prefieren el "status quo" de los hombres de la Eurozona que la incertidumbre de los políticos de "la casa de tócame Roque". La ciudadanía europea respirará más tranquila con Juncker en Berlaymont que si tuviese que soportar la burla de un imaginario presidente dependiente de las ocurrencias de cualquier grupo dispuesto a disolver la unidad monetaria, la unidad de mercado o la unidad política de cualquiera de los grandes estados que constituyen la arquitectura de Europa.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios
Compartir en Meneame