He tenido una semana difícil, complicada emocionalmente, que me ha llevado a los llamados hospitales de Gesma, esa empresa pública que pertenece al Servicio Balear de Salud, y allí, a pie de enfermo, de cama o de pasillo, he escuchado a los trabajadores exponer sus cuitas, sus decepciones, sus frustraciones y su indignación. No voy a hablar de política sanitaria, eso se lo dejo a mis compañeros, a los periodistas, que para eso están, pero sí voy a contar, como paciente observador que soy, y tal y como me han pedido que haga, la impresión que he sacado de lo que pasa en estos hospitales. Podrán desmentirme o rectificarme, no me importa, porque sólo voy a hablar de lo que he vivido, de lo que he escuchado y de la impresión que me ha causado todo esto. Pero, lo primero y más importante, quiero expresar mi admiración por estos trabajadores y de forma muy especial por los del Joan March, con los que mi experiencia ha sido más directa. Son magníficos, capaces de aportar un rayo de sol donde solo hay oscuridad y dar consuelo y fuerza cuando apenas si queda. Nadie les agradecerá nunca lo bastante su entrega, su dedicación, su forma de afrontar día a día la muerte, lo fácil que se lo hacen a los familiares y lo poco que se sabe de ellos. Y dicho esto, a lo que iba. Durante esta semana he escuchado innumerables quejas de la gestión de un gerente que, como ya se ha dicho, vive en Barcelona y sólo trabaja aquí un par de días a la semana, lo que le obliga a tener -y son palabras textuales- “más jefes de indios”, todos ellos puestos a dedo, por simpatía o por acallar bocas, quienes a su vez han colocado a sus familiares. He intentado, dentro de mis posibilidades, comprobar estas afirmaciones, pero ha sido misión imposible, porque el organigrama de Gesma no aparece por ningún lado, o yo no he sido capaz de encontrarlo. Me han dicho que tenían muchas esperanzas depositadas en el PP, pero que ahora parece ser que todos los jefes se van a mantener en sus puestos, lo que ha provocada una oleada de indignación en los tres hospitales y me han contado que se ha despilfarrado dinero a manos llenas para beneficiar a estos altos cargos, que se han hecho un currículo que ya quisiera para si la ministra, a costa del erario público, un currículo digno de altos ejecutivos. Dicen que hay pruebas de todo lo que cuentan y que si los sindicatos tuvieran lo que hay que tener las pondrían sobre la mesa, las sacarían a la luz pública y demostrarían como se ha gestionado esta empresa durante esta legislatura. Me han dicho mucho más y he escuchado de todo, hasta me han dado los nombres de personas que están en nómina y apenas si pisan su centro de trabajo, cosas que no puedo reproducir porque no tengo pruebas, pero las acusaciones son tan graves que ruego a quien corresponda que se ponga manos a la obra y levante cuantas alfombras sean precisas para conocer como se ha gestionado Gesma. Nunca he sido partidario de entrar en los sitios como elefante en una cristalería, pero, por las dudas, no se debería confirmar a nadie en su puesto sin antes tener los datos en la mano, porque luego puede ocurrir que haya grandes sorpresas. Pero ya digo, yo únicamente soy un observador, aunque eso sí, quiero decir que si no fuera por los trabajadores, los de a pie, estos hospitales no funcionarían y, sin embargo, han sido los que más han sufrido la crisis durante estos años, en los que, si tienen razón, una gran parte del presupuesto se ha repartido entre unos pocos.



