Uno de los momentos más inesperados y emocionantes de la noche llegó cuando Lenny Kravitz decidió detener el espectáculo para llamar al escenario a una joven que se encontraba entre el público. Se trataba de Mia, una niña de tan solo 11 años, hija de un gran amigo holandés del artista afincado en Mallorca, conocido además por ser quien le consigue algunas de las icónicas gafas de sol que forman parte de su inconfundible imagen.
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Kravitz había escuchado cantar a Mia anteriormente y quedó impresionado por su talento. Convencido de que estaba ante una futura estrella, la presentó ante miles de personas como "el futuro del rock" y le ofreció la oportunidad de compartir escenario con él en una noche que la joven difícilmente olvidará jamás.
Fue uno de esos momentos imposibles de planificar que definen el espíritu de Starlite Occident. Instantes en los que la realidad supera cualquier guion y donde los sueños pueden hacerse realidad delante de miles de personas.






