Foto: J. Fernández-Ortega
Hace apenas unas semanas que Marta Pons se sienta al frente del Instituto Balear de la Energía (IBE), pero su agenda ya va varios pasos por delante. Reuniones encadenadas, proyectos heredados en plena ejecución y una sensación de urgencia constante que no admite demasiadas pausas. El calendario, marcado por el final de los fondos europeos, aprieta y obliga a acelerar decisiones que en otro contexto quizá habrían tenido más margen.
En ese escenario, la transición energética deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una carrera con obstáculos, donde todo está conectado y pocas cosas son sencillas. Territorio limitado, necesidad de consenso institucional y una ciudadanía que aún observa el cambio con cierta distancia dibujan un tablero complejo. Ahí es donde Pons quiere incidir, no solo empujando proyectos, sino intentando que el proceso se entienda mejor.
"Puedo aportar esa mirada más arriesgada, de vigilancia tecnológica y de conexión con soluciones que ya funcionan en otros países"
¿Qué supone para ti este nombramiento y con qué prioridades llegas?
Supone un reto y una responsabilidad muy grande. El IBE es una institución que ya conocía y valoraba, así que cuando me lo propusieron me hizo mucha ilusión poder liderar desde el sector público la transición energética. A corto plazo, la prioridad es ejecutar proyectos antes de que finalicen los fondos europeos. Después, tendremos que definir un nuevo modelo sin ese volumen de financiación.
Vienes de un ámbito muy ligado a la innovación. ¿Qué puedes aportar al IBE?
Traigo una conexión fuerte con empresas del sector de la transición ecológica en Baleares y experiencia en proyectos innovadores. Creo que puedo aportar esa mirada más arriesgada, de vigilancia tecnológica y de conexión con soluciones que ya funcionan en otros países. También una visión más transversal, porque la energía no va sola: está ligada al transporte, los residuos o el urbanismo.
Llevas pocas semanas. ¿Qué diagnóstico haces del IBE?
Es muy positivo. Hay un equipo técnico joven y muy preparado, y una línea de proyectos bien orientada. El IBE no compite con empresas, sino que facilita que las cosas pasen. Sí veo margen de mejora en la coordinación institucional y en reforzar la colaboración con ayuntamientos y otras áreas como movilidad o vivienda.
"El Atlas permite a cualquier comunidad saber cuántas placas puede instalara y cuánto le costará"
¿En qué punto está Baleares en la transición energética?
Es un reto complejo porque afecta a muchos ámbitos. Pero hay tres claves: aumentar la producción renovable en las islas, electrificar la demanda y mejorar la comunicación. Necesitamos que la ciudadanía entienda hacia dónde vamos y por qué.
El Atlas fotovoltaico ha sido uno de los proyectos estrella. ¿Qué balance haces?
Está funcionando muy bien. Es una herramienta abierta que permite a cualquier comunidad o ciudadano saber cuántas placas puede instalar, cuánto le costará y en cuánto tiempo recuperará la inversión. Ha facilitado mucho el trabajo de las oficinas de transición energética.
También habéis impulsado las plantas flotantes. ¿Qué aportan?
Son muy interesantes porque evitan ocupar suelo rústico y, además, reducen la evaporación del agua en balsas de riego. Es un doble beneficio: energía y gestión del agua, que en Baleares es clave.
“La mejor protección frente a futuras crisis es generar nuestra propia energía”
¿Qué papel deben jugar el autoconsumo y las comunidades energéticas?
Son fundamentales. Permiten ahorrar, reducir la dependencia exterior y democratizar el acceso a la energía. Queremos que haya al menos una comunidad energética por municipio para que incluso quienes viven de alquiler puedan beneficiarse.
La red de puntos de recarga sigue generando dudas.
Es normal, porque está en crecimiento. Ya hay más de 1.200 puntos en Baleares y estamos mejorando su mantenimiento y accesibilidad. El objetivo es que el usuario tenga una experiencia sencilla, incluso con una sola app para toda la red.
¿Puede una familia media permitirse instalar placas solares?
Sí. Incluso sin ayudas, el retorno de la inversión está entre tres y cuatro años. A partir de ahí, todo es ahorro. Es una inversión rentable y cada vez más accesible.
En un contexto de encarecimiento de los precios de la energía y de los combustibles fósiles, ¿qué ventajas tiene apostar por energías renovables frente a seguir dependiendo del exterior?
Cuando pasan este tipo de situaciones es cuando nos damos cuenta de lo importante que es tener producción local y no depender de otros agentes. En Baleares, la principal energía que podemos desarrollar es la solar fotovoltaica, y eso nos permite tener energía limpia y, sobre todo, un precio que puedes prever y controlar. Esa independencia es clave para el futuro.
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