Presenta novela en Palma

Marta Robles: "Todos, no sólo periodistas y políticos, tenemos la responsabilidad de no agredir con la palabra"

Marta Robles sonriente sosteniendo su novela Amada Carlota en un entorno acogedor.
Marta Robles presenta su nueva novela, 'Amada Carlota', que entrelaza tres épocas. Foto Jorge Pintado

La reconocida periodista y escritora Marta Robles (Madrid, 1963) presentará mañana lunes en Palma su nueva novela, Amada Carlota, en la sede del Colegio de Abogados —en el número 10 de La Rambla—, a las 18.00 horas. Con motivo de la presentación de esta obra, mallordadiario.com ha hablado con Robles, quien como es sabido posee una dilatada trayectoria no sólo en el ámbito literario, sino también como periodista en prensa, radio y televisión.

¿Qué nos puede contar de su nueva novela?

Es una novela que se desarrolla en tres espacios temporales. Comienza en 1985, cuando una joven de 16 años en avanzadísimo estado de gestación va a un lugar indeterminado de Asturias donde hay una clínica clandestina, en donde ella alumbra un bebé. Ese bebé se lo arrebatan al poco de nacer y ya no lo va a ver nunca más.

¿Cuál es el segundo espacio temporal?

Lo sitúo en 2018 y ahí nos encontramos al detective Tony Roures, excorresponsal de guerra metido en un principio en asuntos de infidelidades que acaban siempre en otros asuntos de mucha más enjundia. Es un tipo con muchas cicatrices en el alma.

¿Quién es la protagonista femenina de Amada Carlota?

Es la jueza Carlota Aguado, que es una mujer con una presencia espléndida e intachable, pero que luego en su vida hace lo que le da la gana y que, como tantas mujeres que parecen irrompibles, tiene una colección de agujeros negros en su trastienda.

¿Qué tipo de relación mantienen Tony Roures y Carlota Aguado?

Ellos dos tienen una relación sentimental que no atraviesa su mejor momento, porque Carlota Aguado le acaba de poner los cuernos con una mujer, lo cual tiene absolutamente descolocado al detective Roures. Pero ella, que no se justifica por nada, lo que va a hacer es decirle que en esa relación paralela ha encontrado algo de su pasado que quiere que investigue y que tiene que ver con los bebés robados.

Marta Robles posando en un traje rojo, sentada en una escalera.
Foto: Jorge Pintado

¿En qué momento se ubica el tercer espacio temporal?

A finales de los años sesenta, durante la dictadura española. En ese caso nos encontramos con un matrimonio en el que él es un hombre poderoso, médico de profesión, muy cercano al régimen y de mucho dinero. Y su esposa es una chica muy humilde, hija de pescadores, que era la que le limpiaba la casa y con la que él contrajo matrimonio.

"La jueza Carlota Aguado, que es una mujer con una presencia espléndida e intachable, tiene una colección de agujeros negros en su trastienda"

¿Y a partir de ahí?

A partir de ahí, ella se encuentra como si estuviera en una jaula de oro y cuando intenta buscar una vía de escape, porque esa vida no le corresponde y porque no le dejan prácticamente ni criar a sus hijos, se va a encontrar con que al cerrar la puerta de su casa van a empezar a producirse una serie de horrores.

¿En la novela hay alguna otra línea de investigación?

Así es. En Amada Carlota hay dos líneas de investigación. Por una parte, el detective Roures va a tener que investigar el asunto de los bebés robados desde el final de la Guerra Civil hasta los años ochenta, ya en democracia. Y, por otra parte, va a investigar el caso de un profesor universitario que abusa de sus alumnas. Y los dos casos le van a poner muy a prueba.

¿Por qué?

Porque el primer caso atañe a la mujer a la que ama y porque en el segundo va a estar en serio peligro una persona muy cercana a él.

¿En qué momento nació su vocación literaria?

Yo siempre quise ser escritora. En realidad no tenía vocación de periodista, pero me convencieron de que tenía una gran capacidad para la comunicación y estudié Periodismo.

Marta Robles sonriendo mientras se apoya en un sofá blanco
Foto: Jorge Pintado

¿Y le gustó?

Sí. La verdad es que cuando empecé a estudiar Periodismo me gustó mucho la carrera y se me metió el oficio en las venas.

"Yo siempre quise ser escritora. En realidad no tenía vocación de periodista, pero me convencieron de que tenía una gran capacidad para la comunicación y estudié Periodismo"

Desde entonces, ha desarrollado una dilatada trayectoria en el periodismo...

Así ha sido, sí, pero siempre paralela a la literatura. Piense que yo entré en prácticas en 1987 en la revista Tiempo, y en el año 1991 ya había publicado mi primer libro. Dicho esto, es verdad que mis primeros libros tuvieron más un corte periodístico, porque yo respeto mucho la literatura y creo que hay que ir paso a paso. En ese sentido, empecé con libros que tenían más que ver con mi quehacer diario.

¿Cuándo se produjo el cambio?

A partir de 2001 ya me metí de lleno en la literatura y desde entonces hasta ahora todo lo que he escrito, tanto ensayos como novelas —nueve hasta ahora—, ha sido ya absolutamente literario y cero periodístico. Totalmente literario.

¿Cómo ve, en general, el momento actual en nuestro país?

Yo creo que hay mucha polarización en la vida, en el periodismo y en la política, y pienso que esto es una desgracia para todos, para el periodismo, para la vida y para la política.

¿Los periodistas podemos hacer algo para intentar rebajar el presente clima de tensión?

Mi respuesta sería que creo que el buen periodista, como el buen político, como el buen ciudadano, tiene la obligación de saber que tiene una responsabilidad para contribuir al diálogo, al acuerdo y a la paz de la propia sociedad. Y quien no lo hace es sencillamente un mal periodista y, además, una mala persona.

Ya sabe que el gran periodista y escritor Ryszard Kapuscinski decía que para ser un buen periodista hay que ser antes y sobre todo una buena persona...

Yo realmente creo que Kapuscinski, como otros tantos periodistas, pensaba que los periodistas somos el ombligo del mundo. Con ello quiero decir que lo que decía Kapuscinski de los periodistas se tiene que extender al resto de la humanidad.

"Yo creo que hay mucha polarización en la vida, en el periodismo y en la política, y pienso que esto es una desgracia para todos"

Es cierto, sí...

Al final, cada uno, en su pequeña parcela, no importa cuál sea, pues es igual de importante una que otra, ha de tener la responsabilidad de tratar de no hacer daño a los demás. No hacer daño a los demás es, además, un signo de elegancia. Ya lo decía el cardenal John Henry Newman. Y si por ejemplo en las tertulias la gente evitara hacer daño a los demás, a lo mejor no diría determinadas cosas, al igual que pasa en el Congreso o en la calle.

Así debería ser...

Entiendo que Kapuscinski, que amaba mucho su profesión, como la amamos todos, dijera que no se puede ser un buen periodista si no se es una buena persona, pero eso, insisto, hay que extenderlo a todos los ámbitos de la sociedad.

Usted es una persona que ha trabajado en distintos grupos de comunicación, algo que considero muy positivo en un país como el nuestro...

De todos modos, cuando yo dirigía y presentaba A vivir, que son dos días, que era uno de los más importantes programas de la Cadena Ser, y al mismo tiempo hacía A toda página, que era el buque insignia en ese momento de Antena 3, ya no había buenas relaciones entre ambos grupos y, de hecho, muchas veces me lo recriminaban en uno o en otro.

Vaya, no lo sabía...

La suerte que yo he tenido es que he tratado de ser siempre independiente y de poder seguir trabajando en todos los grupos de comunicación, independientemente de su línea editorial, que por supuesto la tienen. Uno sabe que la tienen y tiene que respetar que la tengan, pero eso no significa que se ponga la camiseta de una determinada ideología.

"A mí me parece horroroso que los escritores traten de adoctrinar o de evangelizar a sus lectores. No es mi caso ni lo haría jamás"

¿Sigue siendo usted independiente?

Yo he tratado de ser independiente, y lo sigo siendo; en la literatura, por supuesto, pero también en el periodismo y en la vida.

¿En sus novelas le gusta intentar transmitir algún tipo de mensaje concreto?

A mí me parece horroroso que los escritores traten de adoctrinar o de evangelizar a sus lectores. No es mi caso ni lo haría jamás. Otra cosa diferente es que cuando yo trato un asunto y lo investigo, le ofrezca la realidad a los propios lectores para que ellos saquen sus propias conclusiones. Pero no soy yo la que los va a dirigir o conducir.

¿Añadiría algo más en ese sentido?

Añadiría que las novelas no tienen que ser reales, pero sí verosímiles. Y para eso, sobre todo cuando tratan asuntos que se han producido en la realidad, tienen que estar firmemente apuntaladas en el rigor de la investigación. Así ocurre también en Amada Carlota.

¿Diría que es una regla generalizada en la literatura?

Eso lo han hecho todos los escritores a lo largo de la historia. Se me ocurre ahora mismo, por ejemplo, el caso de Stendhal en Rojo y negro, que es una novela que comenzó a partir de una crónica de tribunales.

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