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Joan Bennàssar o la irremediable sonoridad de la belleza
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Joan Bennàssar o la irremediable sonoridad de la belleza

Hacía algún tiempo que no hablaba con Joan Bennàssar quien iba ser el protagonista de la entrevista de esta semana y para ello debíamos llegar hasta Pollença, donde mantiene su cuartel general.

Joan nos abrió la puerta y aparcamos junto a un pomelero. Sonriendo y con su intrínseca amabilidad salió a nuestro encuentro para conducirnos hacía el estudio y otras estancias de la casa. En el trayecto pasamos por un taller exterior rodeado de consistentes esculturas de gran formato hechas con cemento, hierro y rejilla donde uno de sus hijos estaba aplicando unas soldaduras.

Muchas de las esculturas que realizo me recuerdan a mi padre que era un hombre que amó la profesión de albañil y siendo joven aprendí a convivir con el cemento y otros materiales. Es una manera de homenajearle.

Joan Bennàssar Vives, nace en Pollença en 1950 hijo de Joan que en sus albores sería marinero y que posteriormente se dedicaría a la albañilería y de Margalida, cosedora, una mujer muy lista - nos comenta Joan. Era la mayor de seis hermanos y tuvo que hacerse cargo de ellos porque cuando la abuela tuvo el último de sus hijos falleció en el parto.

Mis padres a quienes siempre he admirado tuvieron la primera radio del barrio, en un tiempo en que había escasez de agua y luz. Yo era un hijo muy querido por mis progenitores a los que apodaban y a mí también: “totoli”. De niño me gustaba ir al cole y ellos desde muy pronto me hicieron ver la importancia de ser un buen estudiante. Parte de mí, se crío inconscientemente oliendo el mar y escuchando las fábulas que llegaban de más allá de sus horizontes. Mi pueblo es tierra de leyendas y de fundidas culturas.

Eran tiempos de pregonar lo artístico y comercial del expresionismo abstracto. Los artistas se habían convertido en estrellas de la cultura, algunos como Rothko o Pollock morían a causa de la ansiedad que les provocaba la incerteza de las vanguardias. Surgían reacciones antiexprexionistas y la creatividad artística reduce su emotividad para dar paso a otras fórmulas visuales como el Pop y el neodadaísmo. Se apuesta por lo conceptual y uno de sus máximos representantes es Andy Warhol y en el otro lado las corrientes hiperrealistas que no aceptaban abandonar su territorio. Un choque de anacronismo y modernidad.
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Acomodados en una sala con vistas al jardín, comenzamos hablando de su actualidad, su proyecto “Raons Humanes” (Razones humanas) lo que iba a ser una itinerante en 2020 que comenzaría en el Claustro de Pollença, El Calvari de Pollença y seguiría por Inca, Selva, Caimari y Lluc, y ahora es cuestión de espera provocada por esta temerosa pandemia.

Es un proyecto ilusionante en el que me he volcado por completo y sigo trabajando en él. Raons Humanes es mi respuesta a esta inesperada tempestad que nos carga de incertezas, es mi forma de expresar las experiencias acumuladas en el conocimiento, como percibo y transmito a través de la imagen, como a través de mis obras intento responder a mis emociones y transitar y pasear con el público por un jardín infinito.

Fragmento de un texto de Joan Bennàssar:
Razones humanas es mi nuevo proyecto y la respuesta a la crisis más peligrosa que, creo, vive el ser humano: el olvido de las humanidades. Pretende recordar cómo el alma descarga sus pasiones sobre falsos valores cuando el hombre pierde su dignidad; reabrir las verdades basadas en la razón, la ciencia y el derecho; perder el miedo a este mundo en desorden; e impedir que las gentes con sentido común sean esclavas de quienes carecen de él.

Las obras de Joan Bennàssar ilustran una lectura que podría no encajar en la percepción del espectador pero le acompañará en su viaje porque las capacidades coherentes tienen tendencia al razonamiento y cuando menos a convivir cada uno con su pensamiento y espacio vital. Quizá para Bennàssar, Raons Humanes sea el recorrido y el descubrimiento de una nueva constelación, pero desde la perspectiva externa uno sugiere que esta expansión es la de un genio que aporta sus entelequias, sus debilidades y grandezas, sus miedos y sus insignias, su pasado y sus visiones futuras en pro del ser y de las razones físicas e intelectuales que le llevan cada día a enfrentarse con su destino.
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Su padre tenía en mente que Joan fuese médico, aunque cierto día el pintor Mateo Llobera que había visto una lámina en la que el niño había dibujado un conejo, le comentó al padre que con ese talento le aconsejaba que lo inscribiese a clases de dibujo y pintura y así Llobera se convirtió en su primer profesor.

Cuando rememoro aquellos días, me doy cuenta de la relevancia que tuvieron posteriormente esas clases. A los doce años un tío mío me enseñó el oficio de delineante. Parte de mis estudios los completé en el Colegio Ramón Llull de Palma y luego pasé por Artes y Oficios teniendo como profesor de escultura al prestigioso Jaume Mir. Más adelante ingresé en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi. A la edad de 18 años se exhibieron por primera vez mis obras en el Club Pollença.

Al rato de pulular por distintos habitáculos de la casa y cruzarnos con algunas de sus características anatomías y una interesante colección de piezas de otros artistas, vino Cristina Escape también reconocida artista y esposa de Joan para saludarnos y ofrecernos una suculenta merienda, así se haría más liviana la mañana. Unos platos de atún en escabeche, butifarrón, sobrasada casera y pan de pueblo, galletas artesanas y vino blanco fresquito para brindar por un día generoso.

Y con aquella nueva decoración continuamos por unos instantes la entrevista en la que Joan como buen orador, ético, ordenado, nos contaba que ha pasado por una serie de crisis inevitables y que sin duda le han hecho sólido en sus convicciones.

Hay que asumir las crisis. Es necesario vivir desconciertos para tener experiencias culminantes.

El artista debe ser permeable, debe absorber continuamente, entender por qué la vida a veces te aboca a las profundidades. Mira, los cambios generacionales nos afectan más de lo que pensamos. Hoy en día la juventud no ve el arte, ni la comunicación, ni otros conceptos de la existencia como los percibíamos nosotros y no queda otra que esforzarnos en conseguir una adaptación beneficiosa para el conjunto. De una forma u otra el artista tiene que involucrarse para sentirse vivo.

Brindamos en favor de aquel agradecido alto en el camino.

Francisca estaba ya preparada para continuar con sus fotografías y yo con mis preguntas y anotaciones.
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En su contorno giraban nuevos tiempos, las genialidades daban paso a las vanguardias, los hippies y su rechazo al capitalismo, “la nova cançó” que se reivindicaba en favor de la lengua catalana y los directores de películas superaban con ingenio los estertores de una burda censura, aunque siempre quedaba el exilio, o Perpiñán.

La juventud empapada de inquietudes te empuja hacia adelante con los ojos cubiertos y dedicas poco a la meditación y Joan pasó por ese trascendental momento dejando atrás ideales y aprovechó su ímpetu en beneficio del arte, la familia, la sociedad y de sus sueños.

Desde muy joven tuve clara mi vocación y mi espacio. Eso me permitiría aprovechar mi entendimiento y mis esfuerzos se verían prontamente compensados. Nunca quise que la escuela pollensina me contagiase, yo contemplaba la expresión artística desde otra atalaya.

Fragmento de un texto de Joan Bennàssar:
Las circunstancias por las que decidí encaminar mi vida al aprendizaje de dibujar las cosas y las ideas, a la belleza y al arte, fueron en mi caso entre fortuitas y predecibles. .

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Es un hombre que ama su entorno, su mujer, sus hijos, sus amigos, su gente, su pueblo. Se expresa con notable sencillez, es un vertiginoso cronista y eso se refleja también en cada una de sus creaciones, al mismo tiempo es arcaico y académico, artista y espectador, escritor y lector, es nativo y visitador de su tierra, estudiante y profesor. Joan escucha, absorbe y luego aúlla desde los ejes centrales de sus piezas.

A veces me preguntan por qué doy tanta relevancia a los cuerpos y es que la definición del arte es la imagen y que mejor representación que la que nos proporciona un cuerpo.
Aprender del conocimiento de uno mismo hace que vayas venciendo tus límites, que aumentes tus cualidades y casi sin pensar emergen frutos por instinto y debes presentarlos con tu estilo sin temores. Yo soy fiel al concepto de ser muy productivo, pero no tiene una finalidad comercial, es mi propia necesidad de contar mis vivencias reales o ficciones.

Se declara seguidor de Jackson Polloc, Francis Bacon, de James Dean de Marilyn Monroe, Lucien Freud. Ama a Basquiat, Miró, Picasso, Van Gogh, David Horney, Tapies, Chillida y tantos otros.
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En sus tiempos de estudiante le expedientaron y fue amnistiado cuando se coronó a Juan Carlos I. Tiene dos hijos, Maggie (Margalida) y Pau de su primer matrimonio con Gloria Downes. Fue Terry Downes hermano de Gloria y conocido boxeador británico de la época, quien le recogió en Londres con un descapotable para llevarle a la celebración.

A principios de los 90 muere su padre y decide regresar a Mallorca para estar cerca de su madre que andaba con problemas de salud. Su hijo Joan nace de la relación con su actual esposa Cristina Escape, a quien define como el amor de su vida.

En 1999 fue nombrado académico por la Real Academia de Bellas Artes de San Sebastián (Mallorca)

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Lejos de sus primeros pasos abstractos en la pintura, de su atávico impresionismo, de sus polimórficos realismos o incluso de sus artistas influyentes, sus elaboraciones son un conjunto de composiciones clásicas que funcionan como un reclamo personal e intransferible. Joan que es un eficiente productor pertenece y representa a ese grupo de artistas universales, elegidos para transmitirnos la magnificencia del arte.

Pasamos por aquí sin saber el tiempo del que dispondremos. Somos equilibristas y por eso aunque a veces aparece el azar con soluciones inesperadas, no podemos dejar de pensar, de crear, de sentir como el ser multiplicador que llevamos dentro. Tendremos la impresión de que las academias prevalecen sobre nosotros con sus códigos de seguridad que parecen inalterables pero eso no impedirá que escribamos nuestra historia teniendo el pleno dominio sobre nuestras inquietudes y nuestras ansias. Yo hago lo que hago porque me gusta.

El interés por sus obras se representa en los cinco continentes, posiblemente sea uno de los artistas nacionales con más número de piezas repartidas por la esfera terráquea, con sus exposiciones individuales y colectivas, sus premios y sus libros.

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Con Antoni M. Planas (periodista) ha publicado una serie de ediciones en las que recoge un extenso estudio sobre los orígenes, la mitología, las culturas, las doctrinas, las mixturas, los enigmas, la gastronómica y la aromática ciencia de la mediterránea.

Mallorca Erótica; una colección con antiguas canciones del campo mallorquín, definidas como “glosses”, relacionadas con el deseo, la sensualidad y el amor de cuerpos que se atraen.
El vino que sabe a mar; narra el impacto en la economía del cultivo de la vid. Un recorrido por lugares fecundados por esta tierra que absorbe sal mediterránea a todas horas y de sus frutos nos da aromáticos caldos.

Latir de remos golpeando el mar; un viaje a las raíces bajo la transparencia del azul del cielo.

Joan Bennàssar; el escritor efectúa un largo recorrido por la geografía de Joan, entra en la propiedad privada de su carácter y en sus laberintos.

Asciende por las escaleras del Calvari, lugar de peregrinación obligada para superar nuestros sufrimientos, para acercarnos a horizontes que vemos imposibles. Nos adentramos en la Iglesia del Convent de Sant Domingo y percibimos las lejanas lecturas de nuestros predecesores para crear códigos comunitarios en defensa del bien del individuo. Paseamos por el jardín amurallado y vigilado por una torre emblemática y dejamos que sus perfumes nos hipnoticen. Alrededor de sus esculturas te salpican estas sensaciones fantasiosas, por qué si eso ocurre con Miquel Ángel, con Rodin, con Giacometti o con Chillida o con Henry Moore, entre tantos insignes, también nos sucede a quienes tenemos sangre mediterránea, con los volúmenes de Joan Bennàssar.

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Estamos en su taller y nos menciona que últimamente ha utilizado la técnica del estampado digital y comenta que le resulta divertida esta modalidad, a este mismo hombre que hoy nos ha paseado por memorias primitivas y que nos ha mostrado bocetos, pruebas y cientos de obras que le acompañan. En su laboratorio fusiona disciplinas y tendencias antagónicas que cohabitan unas con otras.

En el arte hay que probar, aunque no todo lo que finalizamos es válido. Pintar sobre papel de lija, sobre una roca en una cueva, sobre una tela de saco, o haciendo uso de la tecnologías, son experiencias necesarias para obtener resultados y respuestas a las inquietudes del individuo.

¿Qué deseo no ha cumplido todavía?

Muchos, pero uno que me agradaría llevar a cabo especialmente tras una previa selección de piezas escultóricas y de lugares, sería realizar una gran exposición en diferentes puntos de la geografía de todo Mallorca.

He tenido el privilegio de sentirme acogido y seguro que en alguna de las fotografías que Francisca ha tomado, habrá un detalle, una silueta descompuesta que demostrará que, esta entrevista ha tenido lugar entre dioses y leyendas, entre espíritus que circulaban con nuestras sombras y que han quedado impregnadas de un elemento transparente que huele a brea y sabe a vino salado.

Un día dejó su hogar un adolescente que había aprendido de otras lenguas y de otras costumbres en las playas y en las noches de su idílica Pollensa y regresaría unos años después, cargado de estímulos que habían ampliado la alquimia y el territorio útil del cerebro.

Hoy, compartir un rato de charla con Joan Bennàssar es mentalizarte de que sus musas van a inyectarte una dosis de jugos filosóficos, que van a derramar sobre la mesa legendarias creencias que traspasarán tu autoprotección. Si no notas el efecto incentivo en el cuerpo y en la mente, puede que no hayas entendido nada de la metáfora.
Ahora comprendo porque en cierta ocasión el prestigioso escultor Jaume Mir me comentó que nunca había sabido interpretar con una escultura el acantilado desde el que el alma contempla el horizonte, pero que tenía el convencimiento de que Joan Bennàssar sí lo lograría.

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Con la impresión de haber mutado dábamos por finalizada aquella visita. Abandonábamos Ca’n Creus, con una bolsa de pomelos y cargados de páginas que recogen paso a paso las aventuras, vivencias y recuerdos de Joan. Una fantástica edición de cuatro libros presentados en una caja que facilita el traslado de casi 15 kilos de peso.

Textos: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca Sampol
Para más información: www.bennassar.com

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