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¿Mejor un gerente que un alcalde?

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 23 de noviembre de 2021, 03:00h

Una parte muy importante de la problemática municipal de una ciudad como Palma no es de orden político sino gerencial. Lo más relevante que los ciudadanos demandan de su ayuntamiento es que los muchos y fundamentales servicios municipales funcionen correctamente. La gente quiere autobuses cómodos y eficaces, limpieza de nivel, agua a precios razonables, seguridad garantizada, tráfico fluido, iluminación correcta, etc.

Sin duda, también hay temas políticos y de representación que conforman una visión de la ciudad a más largo plazo, tales como el modelo ordenamiento urbano, o la imagen que la ciudad quiere transmitir a sus vecinos y visitantes. Pero estos no deberían ir en detrimento del funcionamiento del día a día de la urbe, ni deberían configurar la estructura de Cort para que un determinado sector permanezca en los puestos de mando más allá de las confrontaciones electorales.

Hace cinco años ya escribí al respecto de este tema en un artículo publicado en El Económico titulado “City-manager” en donde me hacía eco de cómo algunas ciudades del ámbito anglosajón habían decidido prescindir de la figura de su alcalde. Ahora viendo como la actuación del nuestro, durante estas legislaturas, ha estado trufada de “alcaldadas”, al tiempo que muchos servicios dependientes del municipio, no sólo no han evolucionado al ritmo de los tiempos, sino que incluso han empeorado respecto a situaciones anteriores, me vuelvo a preguntar por las causas de tal devenir.

Hila es el prototipo de lo que podríamos denominar “funcionario de partido” es decir, de político cuyo principal objetivo es mantenerse, y mantener a los suyos, en el poder. De forma que no tiene capacidad de aceptar una idea original, o propia, para mejorar la ciudad, sino que se limita, porque para continuar su carrera no puede ni quiere hacer otra cosa, a seguir las consignas del partido, frecuentemente sometidas a la tiranía de la corrección política. Lo que, a su vez, está en la raíz del abandono de la siempre complicada buena gestión, pues, está claro que la considera una cuestión secundaria.

Nuestro sistema electoral y de partidos tiene graves defectos que se están acrecentando con el paso del tiempo, siendo uno de los más importantes el sistema de elección de candidatos, y, por tanto, del diseño e implementación de los programas. Se pone mucho más énfasis en las estrategias electorales de partido que en los auténticos debates capaces de mejorar las condiciones de la ciudadanía.

Por todo ello, al igual que opino, que nuestra comunidad autónoma debería ser la primera en modificar su sistema electoral, liderando un proceso con repercusiones en el resto de la nación. También pienso que nuestra ciudad podría ser pionera en ensayar algún tipo de fórmula para encargar a un gerente profesional, elegido por una amplia mayoría del Pleno y por un periodo de tiempo diferente al de los concejales, para responsabilizarse del buen funcionamiento de los múltiples y esenciales servicios públicos locales. Sometiendo a un especial control y transparencia toda la contratación, tanto de proveedores, concesiones, como, sobre todo, de los recursos humanos.

Por supuesto, el Pleno Municipal y su primer edil, tiene que continuar encargándose de los aspectos más políticos, algo así como la “hoja de ruta legislativa” a seguir. Una hoja que, sin embargo, se le encarga, en buena medida, al gerente. Un profesional altamente cualificado con elevados conocimientos jurídicos, económicos y de gestión, independiente de los partidos, con capacidad de coordinar los diferentes departamentos consistoriales, y cuya cotización esté vinculada a resultados.

No dudo que un nuevo alcalde puede administrar mejor que el actual, pero la tendencia será a que, tan pronto como los palmesanos hayan olvidado las recientes legislaturas, vuelvan a aparecer en el panorama nuevos funcionarios de partido con muchos de los defectos que ahora visualizamos con nitidez.

Pienso que nuestro sistema democrático necesita un “aggiornamiento”, aunque no necesariamente pasa por una modificación constitucional. El debate público es siempre el primer paso.

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