Hay puestas en escena que son solo eso, una representación teatral. El anuncio de la presidenta del Congreso de los Diputados de que no va a concurrir como candidata a la presidencia del Govern en 2027 cae por su propio peso. Fue un acto vacuo y fatuo, como su protagonista. Armengol se sabía perdedora, y no precisamente por un estrecho margen, sino por goleada.
Pese a estar encantada de haberse conocido, la inquera ha comenzado a asumir, con tres años de retraso, que mientras Marga Prohens gobierne, y salvo que su partido vuelva a las andadas en temas sensibles -que todo es posible, porque una parte de nuestra derecha es muy burra-, las probabilidades de optar a un nuevo pacto de izquierdas son nulas porque, además, quienes deberían sostener dicho pacto han sido fagocitados por los hechos. A su izquierda únicamente sobrevive el flash-mob en que se ha convertido Més per Mallorca y nada más. Ni Sumar, ni mucho menos Podem tienen posibilidad alguna de volver a engañar a un número suficiente de incautos.
Seguramente eso le duela en el alma, porque desde su supuesta superioridad moral, esta izquierda -tan feminista, siempre- nos presentaba de forma paternalista a Prohens como una contrincante menor, la “típica al·lota de derechas” que todavía no ha visto la luz y no sabe que solo la izquierda puede redimirla del heteropatriarcado fascista. Una menudencia, en comparación con Santa Francesca Lluc del Raiguer, apóstola de la nadería política, o sea, del social-sanchismo español, porque, eso sí, más allá de doctrina -qué plastas son- y normas radicales para dividir a la sociedad en dos bandos, Armengol se pasó ocho años sin ejecutar siquiera su propio programa. Ni vivienda social, ni centros educativos públicos, ni educación infantil 0-3 gratuita, ni atajar las listas de espera de la sanidad. Francina siempre fue un bluf, aunque, como hablaba bien en comparación con sus correligionarios, daba el pego y algunos de sus parroquianos aún no han pasado el duelo.
Francina, que no será candidata, pero que pretende seguir mandando en el corral, ha digitado a Rosario Sánchez como perfecta perdedora, lo que ya denota lo mucho que la aprecia. Ciertamente, tenía poco donde elegir, porque no hay un solo socialista en el Parlament que aguante medio asalto sin caer K.O. por los golpes de su propia inconsistencia intelectual. Así que está formando un equipo con tres chivos -expiatorios-, a saber, Rosario Sánchez, Amanda Fernández y Iago Negueruela para que ruede cualquier cabeza menos la suya.
Entretanto, Armengol continuará en el Congreso, ciscándose en la memoria de Don Félix Pons, pegada a su silla con loctite, mientras Pedro resista nadando a duras penas entre excrementos de la putrefacción de su partido. El horizonte no es, en ese caso, tampoco muy halagüeño, pero al menos siempre podrá ir de número 2 en Madrid o buscar reparador refugio en Bruselas. Eso, a menos que el Tribunal Supremo tenga otros planes para ella.





