En la temporada 1979/80, el mallorquinismo vio luz al final del túnel. Tras años de angustia en los que la institución estuvo al borde de la desaparición, el club volvió a ser protagonista por los resultados deportivos.
Atrás quedaron episodios tan surrealistas como el pionero encierro de la plantilla en el vestuario. De hecho, si no fuera por el grupo que en su momento lideró Miquel Contestí, hoy no existiría el RCD Mallorca. No en vano, la apuesta de estos auténticos héroes -ignorados y olvidados muchos de ellos- salpicó a sus respectivos patrimonios.
El inicio de aquel curso no fue nada fácil. Tres días antes de empezar la competición en la recién creada Tercera División balear, el técnico barralet, Andrés Quetglas, abandonó su cargo. Entonces, Contestí maniobró con rapidez para anunciar al exjugador Antonio Oviedo como nuevo técnico.
A base de trabajo y convicción, resucitó al Mallorca y a su afición. Tres ascensos en cuatro temporadas, dos de ellos con Oviedo, devolvieron al club a la élite tras 13 largos años de travesía por el desierto.
Bajo su presidencia, los bermellones pasaron de militar en la Tercera División balear a codearse con los grandes del fútbol español y llegar a la primera final de la Copa del Rey en 1991.
Sin Miquel Contestí, el RCD Mallorca nunca hubiera jugado las finales de Mestalla, Birmingham, Elche o La Cartuja. De esta manera, se explica la vital importancia de un mallorquín que lo dejó todo para salvar al club de sus amores, cuando este militaba en una categoría que no era ni profesional.







