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Palma sin fuentes

martes 09 de junio de 2020, 02:00h

Los palmesanos de barrio amamos el agua tanto como los del Centro. Igual que amamos los encuentros y las tertulias de terraza, las paredes limpias; comprar y hacer gestiones sin atascos o sin coger el coche, o acercarnos al mar caminando. El atractivo de Palma se debe a este típico carácter a la vez mediterráneo e internacional de sus habitantes.

Ciertamente, el agua es un elemento esencial para hacer de nuestra Ciudad un ejemplo de calidad de vida y emblema de atractivo turístico. Seguramente por eso los diseñadores de muchos de nuestros parques incluyeron alguna lámina de agua, o algún refrescante surtidor, o un canal, o una acequia o cualquier otro motivo ornamental con protagonismo del líquido elemento. Pues el agua es vida, alegría, reflejos de luz, color, rumor sosegado, temperatura templada, fuegos de artificio y pulcritud; un placer para los sentidos.

Pero algo está ocurriendo de un tiempo largo a esta parte, no hay agua en muchas de las fuentes de Palma. Efectivamente, las del inicio y final de las Avenidas, las del parque Krakovian, las de Son Dameto, la del Conservatorio, las de Sa Quarentena, la de Sa Fertilizadora de Son Costa, la de la biblioteca del Portixol, etc, o incluso las de Ses Estacions se desangran sin su vivificante líquido. Permanecen secas y polvorientas, incluso en algunos casos, sucias y con bochornosas pintadas; como abandonadas, sin que estemos en emergencia hídrica.

Entonces, ¿Qué está ocurriendo? ¿Acaso una fuente no es un circuito cerrado que apenas consume? ¿Por qué no podemos disfrutar de nuestra ciudad con su brillo acuático? ¿Por qué se ha promulgado esta nueva la ley seca? ¿Esconde alguna cuestión ideológica tal como ocurrió con las terrazas?

Aunque sea difícil de entender, quizás una explicación se encuentre en la pasada legislatura, cuando se quería destruir el monumento de Sa Faixina. Una decisión que, sorprendentemente, conllevaba el daño colateral de la supresión del estanque en donde se ubica para convertirlo en una explanada dura.

Desde luego, hasta ahora no se ha debido a una falta de recursos municipales; pues los presupuestos de Cort no han dejado de crecer año tras año. Todavía no ha vuelto aquel tiempo de cuando comenzaron los primeros ayuntamientos democráticos que con frecuencia optaron por los denominados “parques duros”, como la Plaza del Tubo y otros, al objeto de reducir costes de mantenimiento. Desde entonces muchas cosas han cambiado, se han realizado mejoras en las infraestructuras hídricas, y se han abaratado los precios de bombas y material necesario para el funcionamiento de los surtidores, reduciendo a la insignificancia el consumo de agua.

Las crisis pasan y lo esencial permanece. Palma entera seguirá siendo la “gran bala en la recámara” para recuperar el turismo y también para vencer a la estacionalidad. Nuestra capital ha de seguir siendo el potente motor del conjunto de la economía balear. Continuar en el pelotón de cabeza de las ciudades que atraen población, alejándonos de la decadencia de otras que la pierden, requiere que los palmesanos de extramuros no dejemos de amar el agua y recuperemos su esplendor, tal como ya hemos hecho con las terrazas.

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