La arena política está que arde, nunca como ahora se habían manifestado tantas incertidumbres de cara a un futuro proceso electoral. A estas alturas, ningún partido tiene definidos candidatos, y aquellos que sí, pueden encontrarse con sorpresas.
En el PP, todo pende de la decisión del Tribunal Superior sobre la posibilidad de simultanear la presidencia del govern y la titularidad de una farmacia, que podría recaer en unos meses. Da la sensación de que, para el caso de que la Sala declarara la incompatibilidad, no hay plan B, o mucho peor, que cada facción pueda tener el suyo propio.
Aun suponiendo que Bauzá llegue judicialmente incólume a las elecciones, tampoco se tiene definido todavía el candidato para Palma o para el Consell, ni se sabe si Isern aceptará repetir, o si va a intentar luchar por otras cotas, ahora que su divorcio con el president es el secreto peor guardado en muchos años. Por cierto, la popularidad -merecida- del alcalde parece ser inversamente proporcional a su control de las bases, lo cual es sin duda una dificultad en política municipal, pero no tanto para un candidato autonómico, para el que trabajan todas las juntas locales y la propia marca del partido. Por otra parte, los movimientos del entorno cañellista y de algunos alcaldes de la part forana, disidentes de la línea oficial, son cada vez más perceptibles y se apunta desde hace meses la alternativa de Biel Company, lo que a la fuerza tiene que inquietar a Bauzá, por más que disimule. Ahora mismo, el farmacéutico podría creerse rodeado de conspiradores, lo que incrementa su aislamiento y dificulta que confíe realmente en nadie. No es la situación óptima para hacer política.
En el PSIB, por su parte, se han quedado sin candidata a Palma y con más de un 45 por ciento de sus bases desmovilizadas tras la derrota en las primarias de Calvo, que sigue sonriendo por fuera y consumiéndose por dentro, al no haber sido capaz siquiera de derrotar al aparato oficialista de Armengol.
Cómo será de grande el drama en el PSOE que se insinúa como aspirante a la alcaldía de la capital al caraqueño-solleric Ramón Socias, que según parece ni siquiera vive en Palma. Se ve que los socialistas le tienen querencia a la tierra de Maduro, pues ya tuvimos un caraqueño-algaidí en la presidencia del govern. Espero que el origen común sea sólo eso, una casualidad.
La tradicional muleta política del PSIB, Més, anda estos días haciendo cálculos también por si se diera la circunstancia de tener que afrontar imputaciones de algunos significados militantes derivadas de la investigación del caso de los vagones de SFM. Aunque todo acabara en nada, la simple hipótesis de una imputación del candidato al ajuntament de Palma, Antoni Verger, ocasionaría un terremoto de considerables dimensiones, porque la instrucción de cualquier asunto no se solventa de un día para otro. Y eso, contando con que el papel de Verger sea menor en todo este asunto y finalmente se libre de cualquier acusación formal.
Por fin, entre los partidos sin representación parlamentaria, se sigue atentamente el devenir de los anteriores hechos. Algunos crecen y trabajan calladamente para sumar apoyos, otros simplemente esperan el efecto arrastre de la estructura estatal y los de más allá, a falta de mensaje propio de un cierto nivel, traen conferenciantes de la Península que loan al candidato de otro partido, lo que no deja de sorprender. Me temo que los electores puedan estar francamente confundidos.



