Durante mucho tiempo, la palabra friki se ha utilizado como un calificativo peyorativo. Como si interesarse mucho por algo, saber más de la cuenta o vivir una afición con pasión fuera motivo de burla o de desconfianza. Como si interesarte demasiado por algo te convirtiera automáticamente en “pesado”. Como si destacar por conocimiento, curiosidad o dedicación fuera algo que hubiera que esconder.
Yo no lo veo así. Un friki es, sencillamente, una persona a la que algo le importa. En un mundo cada vez más superficial, es casi un acto de rebeldía.
En Europa, y especialmente en nuestro entorno más cercano, tendemos a mirar con recelo a quien se sale de la media. Al que sabe demasiado de un tema, al que investiga, al que se especializa, al que se apasiona. Muchas veces se aplaude más la indiferencia que el entusiasmo, más el “pasar” que el “implicarse”. Y eso nos empobrece como sociedad.
En otros lugares del mundo ocurre justo lo contrario. La especialización, la dedicación y la pasión se valoran. El que sabe de algo es escuchado. El que se implica es respetado. Aquí a veces se le etiqueta, se le ridiculiza o se le resta importancia. Pero pensemos un momento:
¿Quién innova si no es el friki?
¿Quién investiga, mejora, perfecciona, insiste?
¿Quién mantiene vivos el comercio, la cultura, la tecnología, el arte o el conocimiento?
Detrás de cada avance suele haber alguien obsesionado, en el mejor sentido de la palabra, con su tema. Alguien que no se conformó con lo básico. Alguien que dedicó horas, tiempo y energía a aprender más que los demás.
Creo que deberíamos reconciliarnos con la palabra friki. Quitarnos complejos. Reivindicarla. Porque ser friki no es ser raro, es ser curioso. No es ser antisocial, es ser apasionado. No es ser excesivo, es tomarse algo en serio.
Tal vez el problema no sea el friki. Tal vez el problema sea una sociedad que penaliza el interés, el esfuerzo y la excelencia. Así que sí, pon un friki en tu vida. Escúchalo. Aprende de él. Y, si puedes, conviértete un poco en uno.
Porque el futuro nunca lo construyen los indiferentes.


