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Por la razón o la fuerza

domingo 24 de marzo de 2019, 05:00h

Hoy la cosa vuelve a ir de eso de «haz lo que diga, coño». O por cojones, vamos a ser inclusivos y no sexistas. O, si quieren, como figura en el escudo de Chile, «Por la razón o la fuerza», antigua frase que ya figuraba en las monedas del país en el siglo XIX y que se institucionalizó en 1920 aunque algunos crean que es un invento de Pinochet. Ya ven que además de en España en otros sitios también le echan la culpa de todo a los muertos.

Bueno, bueno, bueno…. El jari que la regidora Neus Truyol desorganizó hace unas semanas en Cort con las mascotas ha acabado como un flan estrellado en el suelo de la cocina por un chef caprichoso. Nestru quería decirnos cuántas mascotas tener en nuestras casas. Ya saben que a Més le encanta imponer cosas a los ciudadanos. Es como una malsana afición, una querencia maniática por uniformar al personal acorde a sus desvaríos minoritarios. Por lo visto Neustru no quería que nos convirtiéramos en la loca de los gatos y al final la que se ha convertido en eso precisamente ha sido ella. Esto es lo que pasa cuando se te desbocan las neuronas y por la boca te salen todas las tropelías del pensamiento lateral.

En el Ayuntamiento de Palma han estado sembrados esta semana. Bueno, y la anterior, y la otra, y la otra, y la otra… Una asociación de la ciudad había pedido una subvención de 200 euros en tres años —vamos, la locura americana comparado con la OCB— para organizar talleres infantiles bajo el lema de «Tarde de manualidades de princesas y superhéroes». La cosa iba de que los críos pasaran un rato disfrazándose. Los de Cort se la han negado porque dicen que eso de héroes y princesas es sexista. La podemita Eva Frade, del área de Participación Ciudadana, se ha quedado a gusto. O no tiene hijos o no ha visto uno en su puñetera vida. Vamos, que no los ha visto ni en Sonrisas y lágrimas. Puedes montar el taller que te dé la gana que al final los críos se van a disfrazar de lo que les salga de las narices, que para eso son niños. Los pequeñuelos no son imbéciles, hacen lo que les da la gana. El año pasado por carnavales mi hija se pirraba por un disfraz de Frozen, de la princesa esa que lo congela todo, la versión gélida del Rey Midas. Y este año se ha empeñado en ir de agente de policía, con porra, radio, esposas, pistola, placa…. Le ha faltado la pulserita de Jusapol (ya la tiene, por cierto). Ni el año pasado era una niña abducida por Disney ni este es un madero facha apaleando a abuelos con el churro amarillo. Otra vez diciéndonos lo que tenemos que hacer.

La fiebre sectaria, aftosa o mal de potó, como la quieran llamar, ha pillado fuerte a los del Pacto, que tienen poco de progreso y mucho de retroceso, más que una escopeta de cartuchos. Otro ejemplo… Este sábado se ha celebrado una velada de boxeo en el Trui Teatre de Palma. La Consellería de Cultura, Participación, Deportes y Otros Desvaríos del Gobierno balear ha impedido que acudan menores al evento. La consellera Fanny Tur debe de creer que el boxeo es cosa bárbara no apta para niños. Desconozco los méritos deportivos de nuestra insigne ibicenca —ella en su cuenta de Twitter dice que es de los «PPCC»— así que no la juzgaré por ello, si bien no me puede merecer una gran opinión a tenor de su menguada, interesada y paupérrima gestión en Cultura. Gente que no ha pisado en la vida un gimnasio y desconoce lo que es el esfuerzo, el sacrificio, la constancia…. Esa gente pusilánime prohíbe aquello de lo que en su nimiedad son incapaces. No estaría mal que Tur visitara el gimnasio y viera, por ejemplo, el encomiable trabajo que nuestro campeón David Quiñonero lleva a cabo en sus clases de boxeo infantil en las que no se enseña a pegar. No, allí se inculcan valores de verdad, no mierdacas panfletarias. De paso le podría acompañar Susanna Moll, la presidenta del IME de Palma, otra que no tiene ni pajolera idea de lo que es el deporte.

El Pacto calienta motores para las próximas citas electorales. De tanto calentarlos corren el riesgo de griparlos. La carrera va a ser extenuante. Y mientras unos calientan, otros intentan afinar, e incluso alguno dispara con el ojo a la virulé sin saber dónde impactarán sus erráticos proyectiles. Es tiempo de dimes y diretes. Tómenselo con calma. Ya tendrán cuatro años para digerirlo. Pero esa será otra historia…

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