Porque me dejáis

Recordemos que, tras el accidente de Adamuz, el ministro Oscar Puente se puso delante de las cámaras para dar extensísimas explicaciones. Se trataba de diferenciarse de las actuaciones de Carlos Mazón tras la DANA, y proporcionar toda la información inmediatamente. Luego se comprobaba que lo que decía no era muy coherente. Primero intentó echar la culpa a los operadores privados (uno de los trenes accidentados era de IRYO) insinuando que sus trenes dañan las vías porque son mucho más gordos que los de Renfe, gráciles como un etíope. Luego intentó culpar al Partido Popular, que por entonces llevaba casi ocho años fuera del poder. Y luego intentó alejar las sospechas de deficiencias en el mantenimiento; esa fue la fase más creativa. Era imposible un fallo de ese tipo porque la vía había sido completamente renovada, y al poco tiempo surgía un informe de ADIF que decía que no, esa parte no se había renovado; entonces Puente intentaba diferenciar entre «completamente renovada» y «totalmente renovada».

Pero mientras tanto la prensa decía que la causa del accidente parecía estar en la rotura de una soldadura entre raíles, y publicaba imágenes de un raíl partido, en el que se veía que su fecha de construcción coincidía con la de inauguración de la vía, y entonces Puente se enfadaba y hablaba de «pseudomedios», bulos y fachosfera; esa misma tarde proporcionaba una nueva versión que coincidía exactamente con lo publicado por los pseudomedios. 

Pero mientras tanto la prensa afín al Gobierno alababa la «transparencia», y el ministro Puente arremetía contra la oposición: «a ustedes les molesto porque lo hago muy bien». Es decir, esa sucesión de desinformación y embustes le parecía un modelo de actuación correcta y, según los medios afines, transparente. Y mientras tanto la Juez denunciaba que ADIF se había llevado raíles del lugar de accidente, y desde el Ministerio que qué tontería, que inmediatamente los devolverían. Imaginen una película en la que el sospechoso del crimen se lleva pruebas y luego las devuelve convenientemente limpias. En fin, una actuación perfecta, transparente y ejemplar. 

El pasado miércoles El Mundo publicó una nueva noticia: según la Guardia Civil, los sistemas de Adif detectaron una rotura de la vía 22 horas antes del accidente de Adamuz, pero la alarma no saltó por un problema de «configuración». Es el momento de recordar que, semanas antes del accidente, el ministro Puente afirmaba que la alta velocidad española vivía su mejor momento, y que estaba en condiciones de dar el salto a los 350 kilómetro por hora. Ahora sabemos que, en realidad, una vía podía romperse y permanecer casi un día esperando que un convoy pasara a 350 kilómetros por hora. Todo perfecto y transparente porque el ministro Puente «lo está haciendo muy bien». 

Este mismo miércoles salieron a la luz unos audios que revelan que Red Eléctrica sabía, tres meses antes del apagón, que, según sus propios técnicos, había oscilaciones «muy gordas» de tensión en la red. Pero no hicieron nada; todo parece indicar que se trataba de una apuesta por presentar a España como líder en energías renovables, y el envite éramos todos nosotros y en especial las personas que fallecieron en el incidente. Hace unas semanas Beatriz Corredor, ex ministra socialista y presidente de Red Eléctrica, compareció, con un tono muy chulesco, para explicar que su actuación había sido impecable. Como la de Puente, y es imposible no ver aquí un patrón de comportamiento: chulería, sacar pecho y tirar hacia adelante en la confianza de que todo se acaba olvidando. Es, sin duda, un modelo inspirado por el propio Sánchez, pero a él le sale de forma natural porque no viene biológicamente equipado con la emoción de la vergüenza. 

No hables con extraños es una perturbadora película de Christian Tafdrup, en la que una pareja de holandeses se dedica a hacer todo tipo de horribles perrerías a una pareja de daneses. Cuando, atónito ante todo lo que pasa, el danés pregunta al holandés porque les hace todo lo que les hace, él se limita a contestar «porque me dejáis», y esa es la cuestión. La democracia es un sistema en el que es imprescindible la rendición de cuentas, pero Sánchez ya se ha percatado de que puede prescindir de ella. Ahora somos una sociedad anestesiada, como los daneses de la película. Luego, no nos asombremos ni nos quejemos.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias